Después del aguacero que cayó durante la noche del sábado y buena parte de la madrugada de ayer, los vecinos de la parroquia lalinense de Donsión no las tenían todas consigo, temerosos de que la climatología chafase su trabajo para organizar la XX Matanza Tradicional do Porco. A primera hora las nubes desaparecieron y dejaron paso a una mañana con la climatología perfecta, sol y frío, para el desarrollo del evento etnográfico del sacrificio del cerdo. Hasta esta aldea se acercaron cientos de personas, no solo para presenciar los trabajos propios de la matanza, sino para dar buena cuenta de la comida que se sirvió en una abarrotada carpa situada en el campo de la fiesta, al lado del centro social.

Medio ciento de vecinos, ataviados con ropas de época como chalecos, camisas de lino, boinas, faldas y corpiños se concentraban en uno de los accesos de la conocida como Casa de Blanco para iniciar la celebración. El animal, un macho de unos 180 kilos de peso, fue colocado sobre un carro tras ser sacrificado previamente, tal y como establece la normativa. ¡Pero el cerdo ya está muerto!", comentaba una mujer de mediana edad que recordaba los tiempos -no hace demasiado- en los que el marrano no era aturdido previamente sino que era sacrificado con un cuchillo y los berridos del animal se hacía oír en toda una aldea.

Con un primer lingotazo de aguardiente de hierbas tanto el matachín, Manolo Villamayor como sus ayudantes ya estaban listos para comenzar a chamuscar el cerdo, con carqueixas y paja, para acto seguido rascar la piel del animal antes de comenzar a abrirlo para sacarle las vísceras y otros órganos como riñones, el estómago y otras partes que luego son aprovechadas, junto con el lomo para la elaboración de la zorza y los embutidos. El alcalde, Rafael Cuíña, -con camisa de lino, chaleco y boina- también se animó a limpiar el animal antes de que, una vez abierto, fuese colgado en el patio de la casona del siglo XIX, ahora propiedad de Amador Outón; un expiloto militar y civil que muchos lalinenses recuerdan por sus paseos a los mandos de un avión Phantom para saludar a su madre.

La música de Os Dezas de Moneixas animó una celebración en la que muchos de los presentes aprovecharon para visitar los exteriores de inmueble, en pleno proceso de rehabilitación. Con los chorizos hechos y los demás labores rematados, las 800 personas, según la organización, se desplazaron a la carpa para dar buena cuenta de un menú a base de empanadas, lacón asado, chorizos, panceta y postres propios de Carnaval.

Numerosos representantes de la política local no quisieron perderse esta cita -mayo está llamando a la puerta- y, además de buena parte de los ediles del grupo de gobierno, también acudió el portavoz del PP, José Crespo y varios de sus ediles o miembros de Ciudadanos.