Antonio Granja Lamas: "La mar hay que vivirla y saber respetarla porque nos metemos demasiado con ella"
"Como yo, antes había mucha gente de tierra adentro que terminaba embarcada para buscarse la vida"

Antonio Granja muestra su cartilla de navegación, en su casa de Madriñán. // Bernabé
-¿Cómo llevaba su familia el tener un marinero en casa?
-Lo llevaban bien porque yo también tenía un hermano ya fallecido que también anduvo a la mar, e incluso un tío mío estuvo embarcado. Ninguno de mis hijos siguió la tradición porque estudiaron y están todos trabajando. Yo llevo retirado unos ocho años y ahora lo que toca es disfrutar la vida.
-¿Echa algo de menos algo de aquella vida ahora que goza de una merecida jubilación?
-Lo que más echo de menos ahora es comer pescado fresco. En aquella época me ponía las botas comiéndolo a la plancha, frito o de cualquier manera porque estaba bueno de todas formas. Es otro mundo, la verdad.
-¿Mantiene contacto con sus antiguos compañeros?
-Con alguno sí, pero no demasiado. Sobre todo los encuentro cuando voy a Vigo o cuando, también, me acerco a Ribeira, donde estoy con los últimos compañeros que tuve yendo a la mar. De todas formas, con el paso de los años te vas dejando y cada vez es más difícil que nos encontremos.
-¿Vivió la época de las tripulaciones mixtas en los barcos?
-La verdad es que últimamente en los barcos los de aquí éramos pocos a bordo. Gallegos eran el capitán de pesca, el de costa y el jefe de máquinas. El resto de la tripulación estaba formada por indonesios y peruanos. Gallegos éramos pocos. Tengo que decir que los extranjeros son muy buenos compañeros. Lo que siempre me asombró de toda esa gente es la facilidad que tienen para aprender el idioma. A nosotros nos costaba un montón aprender otra lengua, y ellos la aprendían en sólo unos tres meses. Es realmente increíble lo pronto que espabilan para comprender el idioma.
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