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Un siglo de tradición zoqueira en Merza

El taller de la familia Ferro festeja su centenario el día 19 con espectáculos de Viravolta Títeres o Sés y la recogida de calzado

Elena Ferro (a la derecha) junto a sus hermanas y sus padres en el taller de Merza, ayer. // Bernabé/Gutier

Elena Ferro (a la derecha) junto a sus hermanas y sus padres en el taller de Merza, ayer. // Bernabé/Gutier

Cien inviernos abrigando nuestros pies llevan los zuecos de los Ferro. Perfecto Ferro puso en marcha el taller, en Merza, concello de Vila de Cruces, en 1915. Sus elaboraciones estaban destinadas a los ganaderos de la zona. "Un calzado de pobres", comenta Elena Ferro, su nieta y el alma máter de este obrador. Su tía, Agripina heredó el oficio de su abuelo y de ahí pasó a su padre, Alfonso. Tres generaciones que apostaron por continuar con uno de los oficios más emblemáticos de la Galicia rural.

Criada entre el olor del cuero y los golpes de la madera de abedul y aliso, Elena pasa los días desde pequeña, alrededor de su tía y su padre, observando y adorando cada rincón del taller. Poco a poco se va atreviendo con el manejo de los clavos y empieza a fabricar sus propios zuecos. Hoy, ella es la marca del obrador Eferro en el que comparte tiempo y asiento con otras siete mujeres. Sus dos hermanas: Chicha y Teresa y cinco trabajadoras vecinas de la zona. Aquella imagen del hombre elaborando este zapato da paso a la estampa de ocho mujeres haciéndose con él, reivindicando su espacio.

"Tenemos mucha suerte porque tienen muy buena acogida", comenta Elena Ferro. Una aceptación que deja atrás años complicados para los zoqueiros, como la década de los 70 en los que, prácticamente, se dejaron de usar, informa la cruceña. De esa época como las de más éxito guarda recuerdo, Alfonso Ferro que decidió echar mano de la marroquinería para hacer frente a los periodos de vacas flacas. Sin embargo, veinte años después, a mediados de los 90 los zuecos empiezan su camino, ya imparable, de conquista de feria en feria y gracias al boca a oído. En esta etapa Elena Ferro empieza a tomar las riendas del negocio familiar y la innovación entre sus patrones, colores y texturas se hacen más palpables. "Alrededor del 2009 es cuando la gente empezó a entender esos cambios", asegura la zoqueira. Clara en el registro de sus objetivos, su finalidad siempre fue dignificar la profesión y el zueco como una opción más de zapato.

Rosas, verdes, azules, con estampado animal, con pelo, de tacones más o menos bajos, con lazos por cordones o con vinilos transparentes que dejan a la vista parte del calcetín. Mil y una combinaciones se reúnen en sus zuecos, zuecos descalzos y sandalias, que fabrican desde hace doce años. Su baza fuerte: la originalidad y la personalización al gusto del cliente. Con la modernización de sus herramientas pasaron de fabricar "de cinco pares al día a 12 o 15 pares". Cuenta Elena Ferro que "la innovación forma parte del trabajo artesano", porque aunque agiliza procesos, mantiene el contacto mano-zueco. Sus piezas se pueden encontrar a partir de 35 euros en su propio taller, ferias y en torno a veinte tiendas con las que colaboran.

En esta línea, para festejar el centenario de su tarea como zoqueiros animarán su taller el próximo sábado 19. A partir de las 12.00 hasta las 19.00 actuarán entre madera y cuero: Home Orquesta, Ruadeiras de Loimil, As subelas, Sanjurjo and do Pico, Raigañas de Cerqueda, Viravolta Títeres, la cómica Isabel Risco, Aldomir, Cantata Vernácula y Os Fondaos do Pífaro. Allí, los asistentes podrán disfrutar de los espectáculos y del pulpo, callos, carne a la hora de la comida hasta agorar asistencias, de forma totalmente gratuita. A las 20.00 junto al río de Merza y acompañados desde el obrador por Os Fondaos do Pífaro, a modo de procesión, comenzarán los conciertos, también de balde, de Odaiko, Bouba, Sés y Carapaus. Durante la jornada se recogerá calzado para donarlo a los servicios sociales de Vila de Cruces, Mondariz, As Neves y la asociación Asolpa de Paradanta.

Un día en los que sacar los zuecos a relucir y taconear por Merza abajo, celebrando que la tradición sigue viva desde abajo, desde el suelo.

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