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Cuando vivir es un arte

El escultor Cándido Pazos combina sus muchos proyectos con difundir su actualización del Códice Calixtino

Amante de la jardinería, su vergel en Trobe está salpicado por su obra.

Amante de la jardinería, su vergel en Trobe está salpicado por su obra. / //Bernabé/Luismy

A Estrada

La intérprete de Angela Merkel no pudo contener la risa antes de traducir las palabras que acababa de decirle, con serio semblante, el escultor Cándido Pazos. La canciller alemana quiso saber cuál era el oficio de este hombre polifacético. "Dígale que yo pretendo, si Dios lo permite, seguir trabajando en lo que estoy trabajando hasta los 98 años y luego me voy a coger un año sabático para organizarme", pidió Pazos. Desde su casa de la parroquia de Trobe (Vedra), este compostelano, muy vinculado a A Estrada, reconoce que no está excesivamente cómodo con que se le identifique como escultor o como artista. Y tiene razón. Viéndole moverse entre sus creaciones y compartiendo con FARO DE VIGO su particular idea del paraíso se revela como un hombre que profesa un profundo amor por la vida y que investiga de manera incansable para poder mostrar al mundo la belleza con la que solo la gente como él es capaz de ver el mundo.

Cándido necesita días de 30 horas. Es un gran madrugador y afanado trabajador. "No le llames trabajo", corrige. "Es disfrutar el día". "Procuro no mirar la agenda que tengo para no coaccionarme a mí mismo con un trabajo prefijado, sino que voy haciendo lo que más me apetece en ese momento, todo menos vaguear. Creo que es vivir la vida intensamente, cada minuto como si mañana no me levantara". Así resume su filosofía de vida este hombre de muchas y grandes pasiones, entre ellas la propia escultura, la jardinería o el dibujo. Cuando se le pregunta por cuál de ellas es la más importante, lo tiene claro: "Vivir". "¿Te parece poco?", pregunta. "Acostarte temprano porque mañana tienes algo bonito que hacer y madrugas", remata mientras sus intensos ojos azules sostienen la mirada para apoyar la verdad de las palabras que su boca pronuncia.

Cuando vivir es un arte

Cuando vivir es un arte

Las hemerotecas o internet pueden ofrecer mucha información sobre Cándido Pazos y su obra. Hay muestras de ella en múltiples países del mundo. Se le define como creador renacentista que domina todas las técnicas. En las distancias cortas la sencillez es todo un valor añadido. Destila la humildad que adorna a los más grandes, como si no fuese realmente consciente de que todo lo que lo rodea lo encumbra, como artista, como emprendedor y como persona.

Después de que haya abierto de par en par la puerta de su casa, se mueve con energía entre las obras que han nacido en su mente y que sus manos han creado. Bromea con que alguna pieza le ha dejado una buena "bola" en el brazo durante tiempo. Su proceso creativo tiene muchos pasos. Después de que su ingenio vislumbre cada escultura, comienza el trabajo sobre el papel. Luego va creciendo la obra, primero como pequeña escultura y luego puede alcanzar con facilidad los ocho metros de altura. De ahí a coronar edificios como alguno de la Gran Vía madrileña o adornar el hall del Parlamento Europeo.

Ha trabajado con todo tipo de materiales, aunque confiesa que la materia prima de sus ojos es la serpentina. Una colección de peces que combina este material con incrustaciones de jade, pensada para diferentes restaurantes del mundo, da muestra de ello, entre otros muchos ejemplos que adornan las estancias de su hogar. La azaira, nacida de su particular fusión del azabache con otros minerales, también da cuerpo a otras de sus creaciones, al igual que las diferentes piezas nacidas en cuarzo rosa.

Reconoce que uno de sus grandes retos es el agua. Capaz de crear estructuras impresionantes con una innovadora concepción de la jardinería, le apasionan proyectos para hacer arte con caídas de agua. Y lo ha conseguido a través de una muy pensada técnica de imantación. Logra una perfecta caída vertical y hasta hacer dibujos con un elemento que no desea ser poseído, que se escurre entre las manos.

En la Selección Española

Merkel tenía razón. Cándido Pazos es un hombre asombrosamente polifacético. Una antigua fotografía lo muestra en su despacho entre integrantes de la Selección Española. Entró como atleta en este combinado con solo 17 años. Por aquel entonces era el vallista más bajo de Europa y también el integrante más joven de la Selección. No fue impedimento para que se proclamase campeón de España de 400 metros valla en los años 60. Varias medallas de oro y distinciones colocadas con mimo en la estantería relatan su talento como atleta.

La jardinería es otra de las grandes pasiones de Cándido Pazos. Sin embargo, en su jardín no quiere una cortacésped. Lo prefiere agreste. Y tiene la paciencia de todo jardinero que se precie. No en vano ha sabido esperar 40 años para rodearse de la camelia trenzada, la joya de su vergel. Tres camelias que se unen en un mismo tronco.

La obra y las ganas de crear de Pazos darían para hablar días enteros. Ha hecho vajilla para el Rey, cristalería para Paradores y labrado en infinidad de piezas escultóricas multitud de mensajes.

Un ángel de la guarda

El amor que por la vida profesa Pazos le hace también agarrase a ella con fuerza. Aunque está convencido de que en alguno de sus coqueteos con el infortunio ha tenido ayuda. Hace tres años una bombona explotó en su estudio mientras trabajaba en una escultura del Papa Juan Pablo II. Por suerte la deflagración le pilló con la puerta abierta y dirigiéndose hacia ella. Salió despedido hacia el invernadero y, de ahí, largo tiempo al hospital. Está convencido de que el ahora santo lo ayudó a salir con vida y, en agradecimiento, regaló doce esculturas suyas, una de ellas a la iglesia de San Paio de A Estrada.

Otra de las facetas de este compostelano es la de embajador de Galicia. Su presentación por distintos países de su propia versión actualizada del Códice Calixtino está dando muestras de ello, junto al acento gallego que de manera muy viva forma parte de sus obras. Códice Calixtino en los Caminos a Santiago supone una revisión actualizada del mítico manuscrito del siglo XII y llegará en breve a Japón y Brasilia, además de tener ya preparada una edición especial para el Papa Francisco.

A sus 71 años, Pazos disfruta como si tuviese 15. Acaba de hacer 200 kilómetros del Camino en bicicleta. Sus médicos le dieron el visto bueno para hacerlo en una eléctrica. "Ahora estoy viendo la posibilidad de que me dejen comprar una pero me ponen pegas por todas partes", bromea. Ha dejado de volar este año. "Pero ya buscaré otra afición", promete. Es lo suyo. Levantarse cada día para vivir con intensidad. Para crear arte en el día a día y disfrutarlo como si fuese el último baile.

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