"La mano de Dios, será", dice María Nieves Diéguez tratando de buscar una explicación a los contundentes -por tamaño y por sabor- productos que emanan de su huerta, en Vilar de Graba (Silleda). Su última cosecha de patatas le ha regalado ejemplares gigantescos. El que más, pesa 1 kilo y 300 gramos. Sorprendida, y agradecida por la generosidad de su tierra, asegura desconocer el secreto de tal éxito.

Mari Nieves cuida su finca siguiendo las técnicas "de toda la vida", las que aprendió de su padre, labrador. "Le eché abono de las vacas y ceniza de la cocina, como hago siempre". Sembró los tubérculos entre marzo y abril del año pasado, y los recogió en agosto. Desde entonces, guarda los mayores ejemplares casi como un tesoro. "Quiero que me quede el recuerdo. Parece que cuando ves salir frutos tan grandes te da mucho más ánimo para seguir cultivando", reconoce. Todavía no sabe qué hará con las piezas más grandes, pero se alimenta con solo mirarlas. Admite que sus cosechas siempre fueron buenas, "pero tan grandes como estas nunca las vi", dice.

Pero las patatas no son los únicos frutos XXL. "Para estar en zona de montaña como la nuestra, el maíz también se suele dar bastante bien", apunta.

Y si quiere preparar con los tubérculos una tortilla 'con mayúsculas', los huevos no le desmerecerán. "Parecen los de un pavo", explica. Tampoco aquí tiene secretos. "No sé por qué, cuando las gallinas se hacen adultas, de un año, ponen huevos grandísimos. Algunos, de hasta tres yemas". Y sin pizca de pienso.