El Pontevedra muerde el polvo en Lugo
Los granates sufren una derrota cinco jornadas después, tras cuatro empates y una victoria | Un solitario gol de Unzueta al inicio de la segunda parte inclinó el derbi a favor de los del Anxo Carro, con Yago Iglesias en su banquillo

Una jugada del partido de ayer en el Anxo Carro / Area 11
Área 11
Después de una semana convulsa en la casa granate por la polémica con la desobediencia de Dani Selma al lanzar dos penaltis (y fallarlos) contra las órdenes del técnico Rubén Domínguez el sábado pasado ante el Mérida, el Pontevedra visitaba ayer al Lugo en el Anxo Carro y no fue capaz de derribar la muralla lucense. El primer castigo para el delantero, a falta de lo que pueda llegar, fue quedarse fuera de la convocatoria de ayer.
Era un choque de reencuentros, ya que en el banquillo local se sentaba Yago Iglesias, entrenador de los granates en las dos anteriores temporadas y que logró el ascenso a Primera RFEF. Además, en el cuadro albivermello juega un viejo conocido en Pasarón, Kevin Presa.
Ente las bajas obligadas del Pontevedra en la jornada de ayer se encontraba el ‘cerebro’ granate, Yelko Pino, y quizás su ausencia se dejó notar en el partido. Comparada salió como titular y también entraba por vez primera en el once inicial el portero Edu Sousa, debido a la lesión en la mano de Marqueta.
En un Anxo Carro empapado por la lluvia y por la carga emocional que traía el reencuentro entre Yago Iglesias y buena parte de los hombres con los que ascendió en Pasarón, el Pontevedra CF salió decidido a que el derbi tuviese sello granate. Los de Rubén Domínguez, arropados por más de 300 aficionados que se desplazaron hasta Lugo, comenzaron el choque con la convicción de que el partido debía dibujarse desde su iniciativa. Y así fue durante buena parte del primer acto.
Apenas habían transcurrido cuatro minutos cuando Álex González, uno de los capitanes del viejo Pasarón, encaró con determinación para fabricar la primera acción de peligro visitante. Su carrera y el pase filtrado hacia Álex Compa obligaron a la defensa lucense a intervenir al límite, concediendo el primer córner del encuentro y activando al bloque pontevedrés, que mostró desde el inicio una ambición superior a la del rival. Esa sensación se mantuvo durante un tramo en el que los granates se movieron con más soltura que un Lugo que necesitó tiempo para asentarse.
A la altura del minuto 23, el partido se había equilibrado, pero la balanza de las llegadas seguía del lado visitante, incapaces, eso sí, de transformar sus apariciones en ocasiones claras debido a la férrea estructura defensiva albivermella. La jugada que más cerca estuvo de cambiar el guion se produjo en el 30’, cuando Marc Martínez tuvo que intervenir para evitar un remate que pudo significar el 0-1. Un aviso serio de un Pontevedra que, hasta entonces, manejaba el pulso emocional y futbolístico del derbi.
Sin embargo, el tramo final de la primera parte mostró una reacción lucense que obligó a los visitantes a multiplicarse en área propia. Aun así, el Pontevedra supo contener el arreón local, sobrevivió al desorden provocado por las interrupciones y llegó al descanso con el 0-0 intacto, una situación que reflejaba su solidez y carácter a lo largo de los primeros 45 minutos.
La segunda mitad comenzó con un contratiempo: la salida de Garay, sustituido por Víctor Eimil tras las molestias del lateral en el añadido. Aun así, el Pontevedra no bajó la guardia, pero el encuentro dio un giro brusco a partir del 48’, cuando el Lugo encontró metros y confianza. Los lucenses, empujados por su público y por una mayor agresividad ofensiva, encadenaron un tramo de asedio que el conjunto de Domínguez trató de resistir como pudo.
Ese empuje local hizo daño, y en el 55’ llegó el golpe que acabaría decidiendo el derbi. Lago Junior encontró a Unzueta dentro del área y el remate del delantero terminó en la red a la derecha de un Edu Sousa que nada pudo hacer ante la precisión del disparo. El 1-0 no solo alteró el marcador: también obligó al Pontevedra a reconducir su planteamiento.
El técnico granate movió ficha: primero con la entrada de Luisão por Cuesta en el 68’ y después con Resende por Alain Ribeiro en el 78’, buscando una chispa que reactivase el ataque. Aunque el equipo recuperó metros y presencia, el Lugo, más cómodo con espacios y bien arropado por su defensa, consiguió frenar muchos de los intentos de progresión pontevedresa. Aun así, el conjunto granate volvió a meterse en el partido.
La ocasión más clara para igualar llegó en el 82’: Álex González y Brais Abelenda enlazaron en la frontal, Resende se filtró en el área, dudó un instante y Amo despejó con urgencia. El rechace cayó para Abelenda, cuyo disparo tropezó de nuevo en un defensa. Fue el momento en el que el Pontevedra más cerca estuvo de silenciar el Anxo Carro.
En los últimos minutos, con el cronómetro en contra, el equipo de Rubén Domínguez se lanzó definitivamente a por el empate. La insistencia granate provocó nervios en la zaga lucense y también metros para que el Lugo contragolpeara, obligando a Edu Sousa a firmar una parada decisiva ante Teofilovic que mantuvo viva la esperanza visitante hasta el final.
Los seis minutos de añadido se jugaron casi por completo en la mitad albivermella, pero el muro lucense no cedió. El Pontevedra murió en campo rival, fiel a su identidad competitiva y sostenido por la fe de sus atacantes, aunque esta vez sin premio. La derrota deja al cuadro granate con la sensación de haber competido de verdad en un derbi marcado por detalles, por las bajas y por un segundo tiempo en el que el Lugo supo aprovechar su momento.
El 1-0 final no refleja la entereza de un Pontevedra que volvió a demostrar que puede incomodar a cualquiera, ni la intensidad que llevó el encuentro hasta un cierre repleto de tensión. Pero en el fútbol, como recordó Domínguez en la previa, la posesión y las intenciones no siempre bastan. En el Anxo Carro decidió una jugada concreta. Y eso, en un derbi gallego, siempre pesa más que todo lo demás.
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