12 de abril de 2018
12.04.2018

Campeones de la Copa Federación

El equipo granate hizo valer la victoria por la mínima en casa del Ontinyent para lograr el segundo título de su historia - El cuadro valenciano acosó la meta de Anxo en la segunda parte, pero sin llegar a crear peligro real

12.04.2018 | 06:03
Los jugadores del Pontevedra celebran el título sobre el césped de Pasarón. // Rafa Vázquez

El Pontevedra se proclamó anoche campeón de la Copa Federación, la segunda que el club consigue en su historia (la primera la ganó en 2007), haciendo valer el solitario tanto de Álex González en el partido de ida en Ontinyent. Porque el partido de ayer tuvo poca historia, ningún gol y, eso sí, emoción en los minutos finales, con tangana y expulsión de un futbolista visitante incluidas. Pero el título se quedó en casa, Pasarón pudo celebrar algo este año y la afición se fue para casa confiando un poco más en este equipo y en sus posibilidades para lograr la permanencia en Segunda B esta temporada.

La primera parte empezó como le interesaba al Pontevedra. Pocas ocasiones en ambas porterías y poco claras. En los compases iniciales el dominio del esférico era granate e Iván Martín aprovechó un pase interior para sacar un buen disparo que el portero tuvo que mandar a córner. Pocos minutos después lo intentó Prosi, con un lanzamiento de falta directa que la defensa envió a saque de esquina.

Pintaba bien el encuentro para los chicos de Luismi, pero llegó la relajación, quizá fruto de verse con el partido controlado y con la ligera ventaja de un gol de la ida. Y así, en un desajuste defensivo, Sascha profundizó por la izquierda y sacó un centro que Raúl González cabeceó fuera. El propio Sascha lo intentaba minutos después con un remate a la media vuelta que atrapaba sin problemas Edu.

Después de estos avisos, el Pontevedra se rehizo y volvió a tomar las riendas. El partido no tuvo historia. Los granates buscaban un gol con el que sentenciar la final, pero sin descuidarse demasiado atrás para no hacer concesiones al rival. Aún así, hubo algún error defensivo que el Ontinyent no supo aprovechar, por lo que la primera parte se murió sin goles, sin grandes ocasiones y con muy poco fútbol.

En la reanudación, el cuadro valenciano acosó un poco más la meta defendida por Anxo. En un par de jugadas embarulladas pudo sacar petróleo, pero no acertó en los remates. Lo intentó también a balón parado, pero la zaga granate estuvo intensa y atenta para neutralizar sus estrategias.

El técnico visitante, Vicente Parras, movió el banquillo y los cambios dieron otro aire a los suyos. Así, llegó su ocasión más clara hasta el momento, en un centro de Bautista que remato de primeras en boca de gol el recién ingresado en el campo Leonardo. El balón salió rozando el poste. Solo un minuto después, Raúl González sacaba un disparo buscando la cruceta que se iba fuera.

El Pontevedra intentó reaccionar, pero desperdició una jugada embarullada en el área contraria, sin que primero Iván Martín y después Prosi lograsen enganchar el remate.

Los valencianos, que necesitaban al menos un gol para igualar la final, se hicieron con el control absoluto y así llegó su ocasión más clara, un rechace que le cayó a Soler y que el meta Anxo salvó en un mano a mano.

Con más corazón que cabeza, buscaron ese tanto a la desesperada y al ver que no acertaba en sus intentos, cayeron en la dureza defensiva para tratar de frenar los contraataques del Pontevedra. En una falta de Jesús en la banda izquierda, se formó una tangana en la que resultó expulsado el visitante Matías Ruso. Aún así, el Ontinyent tuvo la última bala con el tiempo cumplido, en un córner en el que el banquillo del Pontevedra contuvo la respiración. Pero la defensa lo despejó y el árbitro pitó el final. La Copa se quedaba en Pontevedra. El equipo al completo celebraba la victoria, pero en menos de 24 horas tendrá que pensar en lo más importante: la permanencia en Segunda B.

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