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Polideportivo

Portazo a las mujeres trans

El Comité Olímpico Internacional termina con el vacío legal existente, limitandolas categorías femeninas a deportistas que hayan nacido biológicamente mujeres

Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional.

Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional.

Sergio R. Viñas

Madrid

El Comité Olímpico Internacional tomó una de las decisiones más relevantes y trascendentales del deporte mundial en décadas. El debate abierto sobre la integración de las mujeres trans en las competiciones femeninas ha finalizado con su exclusión total: a partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, las mujeres trans solo podrán competir en categoría masculina, sin excepciones.

El establecimiento de una política unitaria sobre esta materia en el deporte mundial era la gran patata caliente del mandato de Kirsty Coventry, que el año pasado asumió la presidencia del COI en sustitución de Thomas Bach. Durante muchos años, el organismo que rige el deporte mundial había echado balones fuera sobre esta cuestión, dejando en manos de cada deporte la decisión sobre la presencia de deportistas trans en las categorías femeninas.

Ahora, el COI ha tomado cartas en el asunto para fijar una postura unitaria, que se resume en que la categoría femenina queda acotada a deportistas nacidas biológicamente como mujeres. Sin excepciones, más allá de raras excepciones genéticas. Explica el COI que la decisión afecta a todas las competiciones de deportes olímpicos, aunque no al deporte de base o recreativo. Es decir, al deporte federado.

El deporte, tradicionalmente, se ha dividido en dos compartimentos estanco: competiciones masculinas y femeninas. Esa división entra en clara colisión con las diferentes identidades de género que existen en la sociedad y su variable o imposible correspondencia con el sexo biológico.

Encajar ambas cuestiones era una tarea compleja, especialmente bajo la premisa fundacional de las categorías femeninas, cuya existencia responde a la voluntad y la necesidad de integrar a las mujeres en el mundo de élite: la superioridad física de los hombres haría imposible ver a féminas compitiendo al más alto nivel.

La literatura científica ha dado por probado que las mujeres trans que hubiesen realizado su transición tras una pubertad masculina gozaban de una ventaja física insalvable para las mujeres biológicas. Federaciones internacionales como las de natación, rugby, atletismo y ciclismo, ante el vacío legal, habían optado por ese criterio limitante, cerrando el paso a las mujeres trans que hubiesen hecho la transición después de la pubertad.

Otras, como la de halterofilia, eran más flexibles o menos restrictivas. A menos que cambie la normativa en el futuro, la haltera Lauren Hubbard pasará a la historia como la primera y única mujer trans en competir en unos Juegos Olímpicos, en Tokio 2020.

La mayoría de deportes que regularon esta materia entendían que la integración de mujeres trans en las categorías femeninas colisionaba con el principio de preservar la igualdad entre todas las participantes.El COI enfatiza que esta histórica decisión, todavía más restrictiva, «protege la equidad, la seguridad y la integridad en la categoría femenina» e instaura el filtro de un test genético de saliva o sangre para determinar quién puede competir con mujeres. En concreto, una prueba de detección del gen SRY, solo presente en los hombres biológicos, que deberá dar negativo.

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