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Piragüismo

El asalto a Tokio de David Barreiro

David Barreiro, ayer en el embalse de Trasona, en Asturias. |  // FDV

David Barreiro, ayer en el embalse de Trasona, en Asturias. | // FDV

Tras David Cal, Carlos Pérez, Teresa Portela, Sonia Molanes y Rodrigo Germade, el último talento en salir de esa auténtica factoría de piragüistas que es Cangas se llama David Barreiro, un joven de solo 21 años que quiere seguir la estela de los anteriores y colarse en unos Juegos Olímpicos. El canoísta formado en el Real Club Náutico Rodeira y actualmente en las filas del Breogán de O Grove tendrá su oportunidad en apenas tres semanas después de haberse ganado hace días en el Selectivo su pasaporte para competir en el Preolímpico. El sueño de Tokio está un poco más cerca.

“Estoy muy contento. Si me llegan a decir esto hace un año pensaría que qué lejos queda. Pero ahora ya no se ve tan lejos”, señala el palista cangués. Barreiro se impuso en la prueba del C-1 1.000 por apenas unas milésimas a su compañero y amigo Noel Domínguez, confirmando su progresión ascendente en los últimos años. “El año pasado gané el Selectivo para la Copa del Mundo y en 2019 fui segundo y tercero en los dos Selectivos de 1.000 metros. Sabía que podía estar delante, pero al final influyen muchas cosas para poder ganar”, admite desde el embalse de Trasona, donde ha encadenado pruebas en unos días de locura. Y es que a los Selectivos de 1.000 y 500 metros (con barco individual y de equipo) ha unido la Copa de España, en la que representó al Breogán de O Grove, y que finalizó ayer.

El palista reconoce que "aún no soy del todo consciente de lo que he logrado"

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Con semejante acumulación de regatas es lógico que reconozca que “aún no soy del todo consciente de lo que he conseguido. Fue una sorpresa, porque no me enteré de que había ganado hasta una hora después de la prueba”. Y esa necesaria liberación de tensión y de nervios “no se produjo, ya que tenía que seguir compitiendo. Cuando vuelva a Galicia y hable con mi entrenador ya veré lo que significa esto y a dónde va a llegar”. Lo que sí tiene claro es que en ese Selectivo estaba en juego “todo el trabajo del año, y con las incógnitas postpandemia había una presión mayor, porque necesitas resultados”, manifiesta. Más aún en una modalidad en la que la competencia, afirma, “es brutal. Aquí cuentan hasta las milésimas. Y los chavales jóvenes –aunque yo tengo solo 21 años– vienen empujando muy fuerte”.

Barreiro tendrá dos opciones para ganarse plaza en Tokio, ambas igual de complicadas. La primera de ellas será el 12 y 13 de mayo en el Preolímpico de Szeged (Hungría) y la segunda del 21 al 23 de mayo en la Copa del Mundo de Barnaul (Rusia). En teoría hay una plaza en juego en cada campeonato, “pero el sistema es más complejo, porque hay palistas que doblan pruebas y que si consiguen plaza en el C-2 ya tendrían también la de C-1 y no contarían en esta prueba”, explica.

El canoísta cangués asume la dificultad de la empresa, “pero veremos lo que se puede hacer”. La falta de referencias sobre los rivales será uno de los problemas en un año muy atípico por la pandemia. “La temporada pasada se compitió muy poco, porque después de la cuarentena y al cancelarse el Mundial y los Juegos Olímpicos, mucha gente de nivel se tomó un respiro, así que llevamos prácticamente dos años sin saber qué han hecho estos chicos. Y cualquiera puede venir y comerte la tostada”, asegura. El hecho de competir en C-1 y de ser de Cangas hace que las comparaciones con David Cal puedan ser inevitables, pero él huye de ellas. “No me gusta comparar. Somos de Cangas y nos llamamos David los dos, pero como él solo va a haber uno. Yo tengo que centrarme únicamente en mi camino”, sentencia.

Un exfutbolista ganado para el piragüismo

El piragüismo no fue la primera elección de David Barreiro en el mundo del deporte. El joven cangués se decantó primero por el fútbol, y tan solo el infortunio lo alejó de los terrenos de juego. “Me rompí una pierna, y al recuperarme mi madre me dijo que por un tiempo tenía que buscar un deporte menos agresivo”, relata. Barreiro, que vivía en el centro del municipio, veía constantemente a los chicos del Real Club Náutico Rodeira con sus piraguas y se decidió a probar fortuna. A los 8 años empezó con el kayak y no fue hasta infantiles que su entrenador lo animó a pasarse a la canoa. “Fue todo una bola de nieve. Me gustó, me enganchó y hasta aquí”, señala. Por el camino llegaron títulos nacionales en categorías júnior y Sub 23 e incluso un bronce en C-1 500 en el Campeonato de Europa de 2017. En febrero del año pasado fichó por el Breogán, pero el confinamiento de marzo hizo que no pudiese competir hasta siete meses después de haber firmado la ficha.

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