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fútbol

Canabal renace en el subsuelo de Madrid

La fotografía de un joven en el Metro con su camiseta viraliza al exfutbolista forcaricense

Fotografía realizada en la estación de Bilbao del Metro de Madrid.

Fotografía realizada en la estación de Bilbao del Metro de Madrid.

"Me he cruzado al hijo de Canabal en el metro porque no me creo que nadie más se comprase su camiseta xD". Este mensaje y una foto de un joven con la camiseta del Real Madrid con el nombre del exdelantero de Forcarei con el número "12", accediendo a la estación de Bilbao del Metro de la capital de España, fueron suficientes para que Twitter registrase más de dos millares de "Me gusta" desde hace varios días en ese tuit. El asunto fue recogido recientemente por varios diarios madrileños en recuerdo de un futbolista con talento que fue una rara avis en Concha Espina.

"Será una de las estrellas de Primera juegue donde juegue", dijo de él el entonces técnico madridista Fabio Capello, que insistió en su fichaje y fue su padrino deportivo. Previo pago de 800 millones de pesetas de 1997 al Mérida, Canabal llegaba al Madrid de Lorenzo Sanz que desgraciadamente para el forcaricense se acababa de deshacer del entrenador italiano. En la pretemporada dejó un buen sabor de boca y suyo fue el tanto con el que ese verano los blancos ganaron un Trofeo Bernabéu a la Portuguesa.

Sin embargo, ese fue el principio del fin de su estancia en el cuadro de La Castellana. Canabal no contó con el favor de un Heynckes que en rueda de prensa pedía calma, pero luego no le hacía ni calentar. Así las cosas, el Madrid lo vendió al Málaga por cerca de 500 millones de pesetas y la vida dio un giro de 180 grados para el de Forcarei en la capital de la Costa del Sol. Con los de la Rosaleda consiguió una Intertoto y estuvo cuatro temporadas consecutivas haciendo goles y afianzándose en la titularidad.

La vuelta a su tierra tuvo lugar en 2004 para finalmente colgar las botas en el Pontevedra. Antes, Canabal llegó a estar cedido por el Madrid en el Alavés y en el Rayo Vallecano donde demostró que a pesar de medir 1,95 metros y pesar algo más de 90 kilos, siendo el prototipo del delantero tanque, mantenía vivo su olfato goleador. En marzo de 2005 decía adiós al balompié porque aseguró no "aguantar de pie, sentado o tumbado cinco minutos" debido a unos fuertes dolores de espalda. Ahora verá desde su retiro pontevedrés como la repercusión de las redes sociales ha hecho que su nombre vuelva a sonar entre la hinchada blanca porque un jovencito conserva con esmero su camiseta con el número "12".

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