Un encuentro de admiración mutua
Borja Iglesias agradece en persona a André un gesto que nunca olvidará
Borja Iglesias y André Álvarez compartieron el sueño de conocerse. El futbolista y el pequeño vilagarciano de 8 años se encontraron en Afouteza gracias a una pancarta que selló un vínculo ejemplar

Futbolista y niño protagonizaron un encuentro con un mensaje sobre una cartulina como chispa. / FDV
André Álvarez Abal tenía el encuentro con Borja Iglesias en la cabeza desde que una imagen suya, en la grada de Balaídos, dio la vuelta al celtismo.
Con solo ocho años, el niño vilagarciano sostuvo durante el partido ante el Rayo Vallecano una cartulina hecha a mano para arropar a un futbolista que atravesaba días incómodos por la tormenta de comentarios homófobos recibidos en redes.
El mensaje era tan simple como valiente: «Borja, estamos contigo. Tú no le hagas caso». No había coletilla para pedir una camiseta, ni un «regálame» disfrazado. Solo apoyo. Corazones dibujados, un panda con bambú y una camiseta celeste completaban una pancarta que, por su inocencia y empatía, terminó teniendo un peso enorme.

André en Balaídos con el mensaje que encandiló a Borja Iglesias. / David Souto "Champy"
Una pancarta que dio la vuelta al celtismo
Aquella fotografía de André en Balaídos se compartió miles de veces y activó un efecto dominó que acabó llevando la historia desde el móvil hasta un cara a cara inolvidable. En casa de André, en O Sisto, la repercusión llegó de golpe: mensajes, llamadas, gente que no los conocía de nada felicitando al niño por «ver a la persona antes que al futbolista». Y, entre todas las reacciones, una era la que de verdad importaba. Borja Iglesias quiso localizarlo para darle las gracias en persona. La promesa, la que se había deslizado en redes y que el celtismo celebró como una victoria del cariño sobre el ruido, se concretó con fecha y hora: ayer.
El escenario no podía ser más simbólico: la ciudad deportiva Afouteza. André llegó acompañado por sus padres, Adrián Álvarez y Paula Abal, con un nudo de nervios que se le notaba incluso al caminar. Era la mezcla de ilusión y respeto que impone conocer a un referente, pero también la conciencia de que aquella situación, de algún modo, lo había colocado en el centro de una historia que él nunca buscó.

Borja Iglesias dedicándole la camiseta a André. / FdV
45 minutos en Afouteza
El encuentro se produjo como una muestra más de la generosidad del futbolista no exenta de admiración hacia la humanidad de André. Fueron cerca de 45 minutos que comenzaron con la timidez propia de un niño y terminaron con la naturalidad de una conversación entre conocidos. Borja fue desactivando la ansiedad de André con un trato cercano: preguntas sencillas, interés genuino y gratitud repetida por el gesto de la pancarta. «Alucinó con la cartulina», cuentan sus padres. Estaba contento, casi emocionado, y se fijó en los detalles que la hacían única: el panda, el bambú, los corazones, la camiseta… y hasta una corrección de última hora que definía la escena mejor que cualquier discurso.
Porque la cartulina, además de mensaje, tenía historia. André le explicó cómo se le había ocurrido y cómo la fue construyendo casi a contrarreloj. Empezó en casa de la abuela; la hizo mal, se rompió una esquina y quiso empezar otra. Pero el reloj apretaba: había que salir para llegar con tiempo y aparcar en Balaídos, así que el cartel fue tomando forma en el coche. En ese trayecto apareció el detalle que hoy ya forma parte del relato familiar: le faltaba la «h» de «hagas» y la añadió en pequeñito como buenamente pudo. Un error corregido sobre la marcha con rotuladores del cole, como se corrigen las cosas importantes cuando la intención es buena.
Aunque el punto de partida fue el fútbol, la conversación terminó girando hacia otro territorio: la música. André, que es alumno de la escuela de música de Vilagarcía, le contó que le gusta la percusión y que toca una batería electrónica con cascos para no molestar a nadie. Borja respondió contando lo mucho que también le gusta la música y lo que disfruta ejerciendo de DJ. Hablaron de ritmos y de gustos, casi dejando el balón a un lado. Y, en medio de esa charla, el niño fue soltándose. «Me preguntó si íbamos mucho al Celta», recordó después André, todavía con esa mezcla de incredulidad y orgullo. El futbolista se interesó por cómo vivía él la grada y por cómo se le había ocurrido animarlo de aquella manera. Y ahí apareció lo que más le sorprendió: que la pancarta no pedía nada, que solo acompañaba. La empatía, desnuda, sin intercambio.

La peña Carcamáns también estuvo presente en el encuentro en forma de bufandas. / FdV
El cierre fue la confirmación de que lo importante no era el regalo, sino la forma de entregarlo. Borja le obsequió con una camiseta firmada y dedicada con una frase que ya es tesoro en casa: «Para mi amigo André, con mucho cariño», acompañada por una sonrisa dibujada y su firma. También firmó unas bufandas de la Peña Carcamáns y una camiseta «vintage» del padre. Después hubo tiempo para un paseo breve por la ciudad deportiva: gimnasio, comedor, una zona de recepción y los campos, en un recinto que está en obras y que André miró con ojos de niño, como quien visita un sitio «de mayores» que hasta entonces solo existía en la tele.
La chispa de todo la prendió una fotografía captada por David Souto «Champy», vinculado a Comando Celta. El final, sin embargo, no pertenece a las redes, sino a un niño que entró nervioso y salió con una historia para toda la vida. Una historia en la que la amabilidad hizo su trabajo: convertir la ansiedad en un recuerdo luminoso y recordarle a todo el mundo que, incluso en el fútbol, el cariño desinteresado también importa.
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