–¿Con qué equipo se reencontró en Navidad, cuando vuelve a asumir el banco del Asmubal?

–-Me encontré un equipo con los brazos bastante caídos, se notaba que las derrotas les habían hecho mella anímicamente. Yo, que vine siguiéndolo por los streamings y los vídeos de partidos en la red, notaba que las cosas no estaban saliendo. En el plano psicológico todo es cuestión de dinámicas, cuando te metes en una adversa es muy difícil salir.

–El club prescindió de usted tras el final anticipado de la pasada campaña.

–-Yo me había tomado un paréntesis de cuatro años en que estuve fuera de banquillo dada la situación familiar, con dos niños que requerían su tiempo. Cuando contactan conmigo en mitad de la temporada pasada, el vínculo con algunas personas que me llaman e incluso con Dena, que era la tierra de mi abuela y donde conservo a una familia que quiero, pesó lo suyo. Al llegar me encontré con un equipo y una gente que, al cabo de un tiempo, percibía que podían hacerse cosas importantes, con tiempo y a un plazo largo, eso se volvió ilusionante. Luego la pandemia, la falta de un patrocinador para una inyección económica y mi desplazamiento desde Mos… Todo jugó en contra. Ahora, cuando me vuelven a llamar, la verdad, es que no me lo esperaba. Pero tengo que reconocer que me ilusionó mucho: al momento acepté, aparté el plano económico y la distancia, y se impuso el plano emocional de volver.

–¿Cuál fue la clave para cambiar el chip tan pronto?

–-El primero, también para mí, fue la alegría de las jugadoras que sentí en el vestuario de al lado, cuando la presidenta Silvia Lobato estaba reunida con ellas comunicándoles mi vuelta. Yo tenía claro que ese día, la primera charla con la plantilla resultaría clave. En ella mi mensaje fue no pensar en el partido, sino en hacer las cosas bien en los entrenamientos, tanto en el plano de técnica individual como colectiva, estar concentradas en las sesiones. Si lo hacíamos bien, los resultados llegarían con el tiempo.

–Supongo que sueña con reforzar el plantel

–-Tenemos un plantel de 12 jugadoras más 2 porteras que hacen 14. Lo ideal sería contar con 17 o 18 componentes, que no tenemos. ¿Refuerzos? Tenemos necesidad en todas las posiciones, pero, de llegar, mi opinión es apostar por jugadoras que aporten, pero que sean jóvenes, con margen de mejora para crecer en Meaño, porque a mi me ilusiona poder desarrollar proyectos, y para mí este del Asmubal puede ser bonito en un plazo medio o largo. Meaño reúne condiciones, solo que percibo la falta de apoyos para hacerlo realidad.

–¿Qué mensaje dejaría ante esa falta de apoyos?

–-Yo vengo de trabajar con equipos en Vigo y villas grandes, donde hay muchos deportes y muchísimos equipos, y los ayuntamientos tienen que dividir partidas económicas entre todos. Cuando llegué a un concello pequeño como es Meaño me esperaba encontrar con un pueblo y un ayuntamiento volcado con este equipo, porque es el único que ha jugado y juega en una categoría nacional, que recorre media España llevando el nombre de este pueblo allí donde va. Esa falta de apoyo llama la atención, a mí y a cualquiera. Sinceramente, me gustaría sentarme con los responsables políticos, hablarlo con calma, de forma constructiva, conocer las necesidades. Tal es la situación, que yo cada día tengo que prepararme los entrenamientos para una categoría nacional en el mismo coche. Llego antes, estaciono siempre en el mismo sitio y dedico el tiempo dentro del coche a diseñar la sesión, porque en el pabellón no tengo ni un simple cuarto con una mesa en el que poder hacerlo. Nadie conoce Meaño, cuando se lo menciono a alguien, me dicen que si Moaña, Moraña… pero Meaño no saben dónde queda. Esta es la ocasión de ponerlo en el mapa, con un trabajo enorme en la gente del club. Eso debería ser un orgullo para todos, y debería percibirse en aficionados, patrocinadores y en el propio ayuntamiento, que es a quien representa, y para bien, este equipo en España, que se dice pronto, pero detrás hay muchísimo trabajo.

“En este momento dependemos de nosotras”


–¿Le ve chance al equipo parasalvar la categoría?

–Sí, en este momento dependemos de nosotros y los números nos dicen que se puede lograr. El plantel es joven, con una mayoría de jugadoras entre 19 y 21 años, con mucho margen de mejora, tanto individual como colectiva. Pero, lo cierto, es que será realmente difícil porque una categoría nacional es muy exigente.

–¿Cuál es la clave psicológica para llegar a las jugadoras?.

–Cuando tienes en tus manos gente tan joven, en ocasiones, tanto en los partidos como en los entrenamientos, solo ven blanco o negro. Yo mismo experimenté eso como jugador, teniendo su edad. Ahora como técnico, con la experiencia de los años, yo veo todos los colores, y esos colores es lo que tengo que enseñarles a percibir, tanto dentro como fuera de la cancha.