El Cortegada estrenó su casillero de victorias esta temporada a la segunda oportunidad que se le presentó para ello. Fue ante un combativo Maristas de A Coruña y que no se dio por vencido ni cuando las diferencias ya parecían insalvables.

Saltaron las de Rubén Domínguez a la cancha con un rictus serio. Solo ellas saben lo duro que fue el varapalo de hace siete días en Ferrol y no quisieron dejar ningún resquicio a las coruñesas. A base de defensa y una contundencia absoluta en el rebote, fue capaz de mandar en el marcador desde el arranque. Solo las numerosas pérdidas de balón y los errores en el tiro libre deslucían el buen trabajo coral.

Enfrente un cuadro coruñés que se encomendó a la calidad individual de Andrea Alonso para agarrarse al partido. Solo tres jugadoras del equipo de Jorge Carreira fueron capaces de anotar en toda la primera parte y ella fue la única generadora de ventajas ante la defensa vilagarciana, especialmente desde el poste bajo. Sin embargo, el alto ritmo de juego impuesto por el Cortegada se convirtió en una dificultad aún mayor para un equipo que tenía muchos problemas para frenar el ataque local.

Con 32-21 arrancó una segunda parte en la que las faltas estaban condicionando la defensa vilagarciana. Incluso Saric se fue eliminada a 15 minutos del final. El juego se volvió más físico y en esa pelea el Maristas fue alejando su rango de tiro para mantenerse con vida. Los seis triples anotados llegaron todos en la segunda parte.

Lejos de perder la intensidad ante el mayor acierto desde el perímetro rival, el Cortegada tiró de la experiencia de Sara Gómez, la calidad de Cristina Loureiro, la actividad de Sedlakova y la energía del resto del equipo para gestionar a la perfección su ventaja en el tramo final. Una renta que siempre estuvo en torno a la decena de puntos y que le permitió tener un aterrizaje sin turbulencias en su primer triunfo de este curso.