26 de noviembre de 2007
26.11.2007
CELTA-NÁSTIC

Con la cara pintada

26.11.2007 | 01:00
Un grupo de aficionados festeja el gol de Rubén, ayer en Balaídos.

La afición dio por bueno el empate y dirigió sus protestas al árbitro.

Advertía López Caro esta semana que ante si el equipo se dormía ante el Nástic "nos pintan la cara". ¿Premonición, advertencia? Lo cierto es que ayer al Celta le pintaron la cara, pese a salvar un empate, pero no sólo por su lento despertar, por el orden y la corrección del Nástic, sino también por el árbitro, que con sus decisiones acabó desquiciando al equipo y a la grada despoblada.
Cerca de 8.500 aficionados -datos del club- prefirieron pasar el domingo en Balaídos. Descartaron la misa de doce, el desayuno dominical y el vermut para asistir a un encuentro en el que a más de uno le sangró la úlcera. Tuvo suerte el Celta de que sobre el terreno de juego hubiera alguien que se mereciera más el abucheo general: el árbitro, que desplegó todo un ejercicio de inoperancia casi incomprensible. La ira del Celta encontró un blanco fácil. Todas las protestas, silbidos y gritos fueron para el canario Hernández Hernández, que no despertó la simpatía de la afición ni cuando tuvo que ser asistido al sufrir un tirón. Más bien se mofaron de su mala suerte y él, resignado, se limitó a intentar que el encuentro no se le fuera de las manos entre el abucheo ensordecedor de los celtistas, que con su "Fuera, fuera" dejaba claro que no estaba de acuerdo con sus conclusiones.
También Jandro, que no fraguó simpatías en sus despedida de Vigo, se llevó su ración de pitidos, pero es que la memoria no flaquea, sobre todo en las etapas más difíciles, y posiblemente ya vendría preparado para tal recibimiento.
Pero le costó a Balaídos despertar. Las jornadas matinales siguen siendo "duras" para algunos. En la grada, mientras se comentaban los avatares del sábado noche, entre tímidos saltitos y palmadas para mitigar el frío y con la bolsa de pipas como gran distracción, pocos fueron los que se percataron de que al marcador electrónico también le costaba arrancar. Tanto, que sufrió un apagón durante casi toda la primera parte. No se calentó el ambiente hasta que las pérdidas de tiempo del Nástic, pillo por veteranía, y el colegiado, provocaron el delirio local.
Con el Nástic por delante, tras el gol de Calle, el celtismo se instaló en su "cabreo" habitual. Pesimista, crítico y resignado ya con la derrota. Es su esencia. Pero con Hernández Hernández pletórico en su festival de tarjetas, en el que incluso Lequi se fue a la ducha antes de tiempo el gol de Rubén se celebró con ira, rabia y despertó el ansia de victoria de una afición que parecía haberse olvidado de que su equipo no se merecía más que el punto que acababa de arañar. Pero en cinco minutos no iba el Celta a hacer los deberes pendientes. Pero valió la pena, al menos por los cinco minutos de ilusión. Menos es nada.

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