3 - Celta de Vigo: Pinto; Vara, Rubén, Agus, Roberto Lago; Vitolo, Jorge (Mario Suárez, m.66); Núñez (Perera, m.59), Diego Costa, Canobbio; y Okkas.
1 - Xerez: Chema; Francis, Moreno, Bajic, Mendoza, Samuel, Abel Aguilar, Mikel, Marco Navas, Momo (Carlos Calvo, m.65) y Yordi (Ríos, m.58)
Goles:1-0, m.27: Canobbio. 1-1, m.40: Yordi. 2-1, m.80: Diego Costa. 3-1, m.85: Mario Suárez.
Árbitro: Hevia Obras (Comité madrileño). Expulsó al jugador del Celta de Vigo Diego Costa por doble amonestación (m.90), y al del Xerez Antoñito (min.90) con tarjeta roja directa.
Además mostró tarjeta amarilla a Vitolo (33) y Rubén (90) por el Celta de Vigo; y a Míchel (43) y Bajic (90) por el Xerez.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la séptima jornada de Segunda División disputado en el Estadio Municipal de Balaídos ante 7.612 espectadores.
La locura redimió al Celta. La desfachatez de acumular efectivos en ataque y de llevar su presión a la retaguardia rival resolvió una victoria que amenazó con escaparse en varias fases, sobre todo en la primera mitad. El Xerez Deportivo ayudó a su propia defenestración al ser incapaz de aplicar al ritmo una pausa que hubiera desmontado la avalancha viguesa, insistente durante la segunda mitad. Stoichkov aún no ha encontrado un modelo coherente de juego al que proporcionar continuidad. De momento la locura le ayuda a ganar tiempo.
El búlgaro sigue pulsando teclas, a veces parece que a ciegas. Le salen alineaciones dispares, tradicionales o innovadoras según toque en suerte. Ante el Xerez apostó por una combinación atrevidísima, con Vitolo como único pivote destructor. El búlgaro había congregado en un solo equipo a Okkas, Canobbio, Jorge, Núñez y Costa. Varios de ellos desubicados para poder ser compatibles. Con todo, el experimento agradó en el arranque. La movilidad de las piezas desorientó al Xerez, que se fue apretando sobre Chema para combatir su miedo.
El pecado jerezano había sido no discutirle el balón al Celta. Stoichkov tiende a presuponer que el adversario se lo regalará. Por eso construye conjuntos pensados exclusivamente para administrar su posesión. El Xerez no se atrevió a plantear esa batalla y los celestes se le fueron colando entre sus líneas hasta que Canobbio trazó con la escuadra de su pierna un maravilloso disparo en diagonal. Núñez envió después un cabezazo al palo.
El Xerez respingó con el castigo. Sus armas son sencillas y contundentes: bandas afiladas para buscar con rapidez a Míchel y Yordi, tanques de área. La elevada estatura de sus arietes le invita a explorar las jugadas a balón parado, base sobre la que quiso instalar su reacción. Pinto se interpuso entre Mendoza y el empate.
El gol había encumbrado a los célticos y a la vez había desnudado sus miserias. El Xerez salió de la cueva por obligación y descubrió que el dispositivo local estaba mal cosido. Bastó con que apretasen ligeramente en la medular para que el Celta se desdibujase. Demasiados hombres que sestean en el repliegue, demasiados huyendo de la parcela que se les adjudica en la pizarra. De los instantes de caos surgió el contragolpe del empate.
El encuentro retrocedió al marcador inicial y los andaluces también regresaron a la postura del arranque pese a haberse sentido cómodos en el tuteo. Sin el tratamiento de usted, el Celta se sentía despreciado, incapaz de recuperar su jerarquía. La pérdida de respeto se trasladó al trío arbitral, que anuló por fuera de juego un gol a la contra perfectamente legal. Aunque fue, pese a todo, el gozne sobre el que giró el encuentro.
La indignación distrajo de la autocompasión al público, que empezaba a impacientarse, y encrespó a los jugadores. Ya que no se podía desde la razón, que fuese al menos desde la rabia. El Celta apretó los dientes y empujó al Xerez. Es un escenario que entusiasma a Stoichkov, que siguió acumulando efectivos en el ataque a costa de Jorge, el más lúcido hasta ese instante. Incluso entró en acción el indultado Perera, que tuvo el gol en sus botas igual que Canobbio y Rubén. Pero tampoco la fortuna cuenta ya al Celta entre la aristocracia de la categoría.
Estallan las costuras
El encuentro se rompió definitivamente. Las costuras estallaron. Había mucha pradera entre cada jugador. Costa estropeó una contra de cuatro contra uno. Aunque fuese por coraje y no por reflexión, lo esencial es que el Celta había subido a agobiar a la defensa jerezana y ésta pagaba su falta de calidad. El nudo se deshizo en una preciosa combinación culminada por Costa y Mario Suárez mató después el partido desde treinta metros.
El equipo vigués se detuvo entonces. Despertó de su ataque de furia y descubrió los despojos del Xerez a su espalda. Seguramente los celestes no saben siquiera como lo han hecho y ese es el problema. Si lo descubren, Primera División estará algo más cerca.


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