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Vela

Un mar de lobos y cachorros: regatistas de todas las edades en el Príncipe de Asturias

Pocas competiciones deportivas permiten tanta variedad entre sus practicantes como una regata. El Trofeo Príncipe de Asturias lo prueba. Competirán en él regatistas desde los 83 años de Manuel Blanco a los 12 de Martín Barros.

Álex Alonso, en Optimist; abajo, Manuel Blanco, en el Salseiro; al lado, Martina Rui-Gómez, durante una regata. | LUIS FRAGUAS/ROSANA CALVO/ LUXURYCOMM

Álex Alonso, en Optimist; abajo, Manuel Blanco, en el Salseiro; al lado, Martina Rui-Gómez, durante una regata. | LUIS FRAGUAS/ROSANA CALVO/ LUXURYCOMM

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Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

El mar, ese útero, los convoca al retorno y los congrega. En el 41º Trofeo Príncipe de Asturias, que mañana se inicia en Baiona, coincidirán los elegantes cruceros ORC, los más menudos J80 y los idénticos Fígaro. Y con esa misma diversidad se han formado las tripulaciones. Mixtas o femeninas, como en la Gestilar Ladies Cup. Y con octogenarios, tan cerca del horizonte, y adolescentes, recién embarcados desde la playa. El mar los enrola y los hermana.

Según lo que se manifiesta en las inscripciones, ningún regatista supera en biografía a Manuel Blanco. El histórico patrón del Salseiro, del RCN de A Coruña, ha cumplido 83. El oleaje norteño lo enamoró de niño. «El mar me ha gustado desde siempre. Por eso me hice marino». Al trabajo mercante desde los 20 le unió la vela desde los 35, convirtiendo su oficio en su recreo. «Desde que empecé no lo he dejado. Es una manera de disfrutar. Me permite competir con gente mucho más joven. Eso me hace sentir bien».

Un mar de lobos y cachorros

Martina, durante una regata. / Luxurycomm

Manuel se cruzará por los pantalanes baioneses con chicos que en otro tiempo habrían sido reclutados como grumetes o que estarían estrenando el uniforme de guardiamarina, hoy reservado a la mayoría de edad. A Alejandro Alonso, que ha sido campeón gallego en el individual Optimist, le han cosido por contra galones de J80, con navegantes a sus órdenes como Martín Barros, el más pimpollo en general, de 12. Alejandro será el patrón más joven en el agua a sus 14. «No es una responsabilidad ya que el club lleva varias regatas confiando en mí para patronear, llevar la táctica y la maniobra de barcos como el J80 y el Fígaro», indica el joven del Monte Real.

«El mar, para mí, es una pasión; el medio donde me gusta estar», expresa. «Competir es poner a prueba mi preparación, medirme y buscar mis límites para aprender cada día un poco más. Por eso quiero estar con los mejores compañeros y rivales posibles». Las regatas, indica, «te enseñan a manejar los nervios, la presión y la frustración tanto al ganar como al perder. Exigen respeto a las reglas, los árbitros y los contrincantes».

Por todo el litoral

Martina Rui-Gómez no manejará el timón. Ella proporcionará información sobre los barcos adversarios e intentará descifrar el campo de regatas. También de 14, ninguna menor en la Gestilar Ladies Cup. Martina forma parte del proyecto Dorsia Sailing Team. Ha participado en pruebas importantes, como en varias ediciones de la Copa del Rey. «Gestionar la agenda de Martina es bastante fácil, la verdad», asegura su madre, Marina Villa. «De momento tampoco es que haga muchísimas regatas.Las que tiene suelen ser en primavera y verano. Muchas coinciden con las vacaciones. El resto suelen ser fines de semana un poquito largos, igual de jueves a domingo. En ese caso falta al colegio, que no pone ningún problema».

Alejandro Alonso, a la caña de un J80.

Alejandro Alonso, a la caña de un J80. / Olaia Cabo

«La vela es algo que forma parte de mi vida y que siempre me ha gustado», asegura Martina. «No me imagino no navegar porque aunque cambie de clase, de equipo o de frecuencia con la que entreno, siempre está presente en mi día a día».

Manuel los observa con ternura. «Hay gente con muchas ganas de navegar y que lo hace muy bien», dice de las nuevas generaciones. «Los barcos son ahora más rápidos y hay más competencia que antes. Para los chavales, es un desafío». Sólo lamenta el parón que suele producirse en sus trayectorias durante la etapa universitaria.

«Al ser del Mediterráneo, venir al norte es diferente para nosotras. El Príncipe nos gusta mucho. El entorno es precioso», explica Martina. «En las regatas hay muy buen ambiente».

«La relación con los regatistas veteranos es muy bueno», asegura, por su parte, Alejandro. «Podemos aprender muchísimo de ellos. Al final, aunque haya diferencias de edad y experiencia, todos compartimos el mismo entusiasmo por el mar y la vela».

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