Perfil
Louzán también tiene su estrella
Solo un año y medio después de la victoria en las elecciones, el gallego se convierte en el segundo dirigente que vive el título de campeón del mundo al frente de la Federación Española. Ahora le corresponde lidiar con la organización del siguiente torneo junto con Marruecos y Portugal

Gianni Infantino, Donald Trump, Claudia Sheinbaum, Mark Carney, el rey Felipe VI y Rafael Louzán, en la entrega de medallas. | EFE
Si Luis de la Fuente fue una sorpresa, qué puede decirse de Rafael Louzán que ayer se convirtió en el segundo presidente, tras Villar, que vive este momento de gloria al frente de la Federación. Año y medio pasó desde su llegada al «trono» y el entorchado mundial que Rodri levantó al cielo de New Jersey. Otro suceso impensable en su historia. Hace doce años, después de ser desalojado de la política tras más de una década como presidente de la Diputación de Pontevedra, alguien le señaló a Rafael Louzán (Ribadumia, 1967) la posibilidad de realojarse en el mundo del deporte. El Partido Popular buscaba alguien que pelease contra el socialista García Liñares, alcalde de Cerceda, por la Federación Gallega de Fútbol y pensaron en él porque ya se sabe que la política no suele abandonar a sus soldados más fieles. Louzán se embarcó en la complicada tarea de levantarle la federación a un presidente que, gracias al funcionamiento casi siempre clientelar de estas organizaciones, creía tener bien amarrada la reelección. Le ayudó en esa tarea Gustavo Falque, presidente del Coruxo y hombre con un indudable peso en el fútbol gallego. Él fue quien lo introdujo en el mundo federativo, en la maquinaria que lo mueve, en las sensibilidades que hay que contentar y los imprescindibles requiebros que se exigen para crecer. No era un mundo tan distinto al que permite funcionar la política y mucho más las diputaciones. Aquello no era ajeno para Louzán. Cambiaban los nombres, las caras, pero no las formas.
Así, su candidatura consiguió contra pronóstico la victoria y en 2014 se convirtió en el presidente de la Federación Gallega de Fútbol con Falque a su vera. Pero la paz entre ellos duró apenas unos meses. Louzán desembarcó en la Federación con buena parte del equipo que tenía en la Diputación y por ahí empezaron los problemas. Se declararon la guerra y cuatro años después Falque se presentó contra él en las elecciones a la presidencia. Lo que no imaginaba el presidente del Coruxo, confiado en el triunfo hasta el último momento, era que la Federación Gallega ya pertenecía por completo a Louzán y tras la configuración de la asamblea retiró su candidatura ante el evidente y humillante aplastamiento que se le venía encima. En cuatro años había conseguido que el extraño pareciese que llevaba toda la vida allí.
A nadie que le conozca sorprende que Louzán haya encontrado en el ecosistema federativo un mundo en el que crecer. En ese conglomerado de adhesiones interesadas que hay que alimentar de forma rigurosa porque de lo contrario caducan antes de tiempo, han encontrado cobijo su evidente ambición y su capacidad de trabajo. A ojos de Madrid se convirtió en un barón poderoso. Negó a Villar, luego a Rubiales -que le pidió su apoyo pero se encontró con la negativa de casi todo el fútbol gallego- lo que le tuvo durante un tiempo en la lista negra del denostado presidente aunque luego acabarían por pacificar su relación en una nueva demostración de su capacidad para establecer relaciones “por el interés común”. Con Pedro Rocha la situación fue diferente. Desde el comienzo conectaron y el extremeño, sin importarle su situación judicial, le convirtió en uno de sus fieles y en el responsable de establecer puentes sólidos con la Liga de Fútbol Profesional (Tebas se ha convertido en uno de sus incondicionales), con la Liga F y con los sindicatos. Louzán vio entonces la oportunidad. En otoño, con sus fieles Luis Serantes y Amancio Varela siempre cerca, puso en marcha la maquinaria para gobernar en el incierto mundo de los barones territoriales. Y reinó en ese territorio de medias verdades y reuniones en voz baja porque es lo que siempre y mejor ha hecho. Cuando la inhabilitación de Pedro Rocha le abrió la puerta no dudó en colarse por ella para aprovechar el vacía que se había generado tras la salida de Rubiales. En su plan estratégico lo ideal era que el recurso del Supremo se resolviese antes de las elecciones a la Federación con la idea de llegar “limpio” al proceso, pero le fallaron los tiempos. Aun así no dudó en lanzarse a la carrera, en ir haciendo lo que mejor se le da, tejer lealtades hasta hacerse con el control de una asamblea que le ha dado por amplia mayoría la presidencia del fútbol española al ganar las elecciones a Gomar.
Año y medio después de aquel triunfo por 90-43 Rafa Louzán se sentó en el palco rodeado por Infantino, el Rey Felipe VI, Trump...para disfrutar de la final y salir al campo a disfrutar de esa foto entregando las medallas a los campeones. Mantener la fe en Luis de la Fuente fue el primero de sus grandes aciertos. Su presidencia aún está en su fase inicial pero ya tiene su «estrella».
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