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Perfil

El hombre a quien nadie esperaba

El seleccionador riojano ya está en el Olimpo del fútbol español. Ayer añadió un Mundial a su Eurocopa y a la Liga de Naciones. Algo que nadie podía imaginar en un técnico forjado en las selecciones inferiores y cuyo puesto estuvo en entredicho tras la crisis abierta por Luis Rubiales

De la Fuente levanta el trofeo de campeón a la conclusión del partido. | EFE

De la Fuente levanta el trofeo de campeón a la conclusión del partido. | EFE

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Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

Luis de la Fuente se ha sentado hoy junto a Vicente del Bosque en los libros de historia. El hombre de la segunda estrella, el conductor de un ciclo victorioso que comenzó con la Liga de Naciones de hace tres años, continuó con la Eurocopa de 2024 y ahora alcanza la eternidad con este Mundial en el que nadie creyó como él. Pero como buen religioso que es, el riojano tiene la fe por bandera como ha demostrado en las últimas semanas cuando fue transformando las dudas generadas por el estado de la selección (lesiones, cansancio, jugadores importantes lejos de su mejor estado…) en lo que es actualmente. Ni un paso atrás, ni una duda en su cabeza. Aquel entrenador que Luis Rubiales puso como recambio de Luis Enrique tras el Mundial de Qatar, que no venía avalado por una trayectoria en los banquillos con mayor pedigrí del fútbol español, que fue perseguido tras los aplausos en la infame asamblea del “no voy a dimitir” de Rubiales y que tuvo un pie en la calle tras la derrota en Escocia en su segundo partido oficial ha terminado por coronar una obra magnífica apoyándose en aquel grupo de futbolistas a quienes vio crecer en las categorías inferiores de la selección española.

La historia de Luis de la Fuente en la Federación Española empezó con un contrato de tres meses para dirigir la selección sub19. Era 2013, tenía 52 años en aquel momento y llevaba un año sin entrenar. Casi nadie se acordaba ya de aquel futbolista que había desarrollado una gran carrera en el Athletic (y Sevilla en menor medida) con el que había ganado las dos ligas y la Copa con Javier Clemente en el banquillo. Su trayectoria en los banquillos estaba lejos de anticipar una final mundialista. Portugalete, las categorías inferiores del Athletic Club, el Aurrera y el Alavés habían sido sus estaciones de paso. Siempre lejos de los grandes titulares hasta que la Federación lo llamó para aquel contrato de tres meses que terminó por convertirse en una década recorriendo todas las plantas del fútbol formativo español. Con la sub-19 fue campeón de Europa en 2015, con la sub-21 volvió a conquistar el Europeo en 2019. En 2021 dirigió al equipo olímpico que obtuvo la plata en Tokio.

Cuando en 2022, después del Mundial de Catar, Luis Enrique abandonó el cargo de seleccionador, su nombramiento dejó frío a una opinión pública que, de salida, siempre valora más lo mediático y reluciente que lo discreto. “Un técnico de la casa”, esa fue su primera etiqueta que en absoluto despertó el entusiasmo general. Nadie lo sabía pero en esa condición estaba la base de lo bueno que vendría después. Pero el cainita fútbol español lo miró con recelo desde el primer minuto. Por eso tras la derrota en Escocia, en su segundo partido oficial como parte de la clasificación para la Eurocopa de 2024, comenzó a escribirse su final. Aunque no fue la mayor de las crisis a la que se enfrentó en los meses siguientes. En agosto de 2023, durante la asamblea extraordinaria en la que Luis Rubiales se negó a dimitir tras el beso no consentido a Jenni Hermoso, De la Fuente fue uno de los asistentes que aplaudieron el discurso del entonces presidente federativo. La imagen puesto en pie con Angel Vilda, el técnico de la selección femenina y que sería destituido a los pocos días, le persiguió durante mucho tiempo. Aquel episodio le convirtió en objetivo primordial de periodistas y políticos a quienes ya no importaba que hubiese ganado la Liga de Naciones de ese año, su primer título con la absoluta.

Aplauso polémico

Días después condenó el comportamiento de Rubiales, reconoció que no había estado a la altura y pidió perdón. Justificó el aplauso por el ambiente que se había generado en aquella asamblea. Negó, sin embargo, que tuviera que abandonar su cargo. Cuando Rocha llegó a la presidencia de la Federación tras la salida de Rubiales sostuvo a Luis de la Fuente pese al ruido que había alrededor y las peticiones que se repetían a diario de que no merecía el cargo. El ruido fue cesando y entonces llegó el estruendo de las victorias. De la Fuente consolidó a un equipo en el que la estructura principal la representaban los futbolistas que habían estado en las categorías inferiores junto a él (Rodri, Merino, Unai, Olmo, Fabián, Oyarzabal, Zubimendi, Cucurella, Pedri…) y fue dando entrada a los talentos nuevos que irrumpían con fuerza en el escenario como Nico Williams o Lamine Yamal. Llego 2024 y España conquistó el titulo tras ganar en la final a Inglaterra. De él ya solo se hablaba en términos de entrenador. Rubiales ajustó públicamente cuentas con De la Fuente acusándole de haberle abandonado cuando fue el único que confió en el entrenador, pero ese lamento ya no hacía daño a su figura. El episodio de la asamblea y los aplausos seguirá en su historia, pero ejerce un contrapeso mínimo en su exitosa carrera como seleccionador.

El Mundial era el siguiente reto que se planteaba y De la Fuente permaneció fiel a los jugadores que le llevaron a la gloria en 2024. Introdujo cambios en la convocatoria pero no le falló a la mayoría de futbolistas a los que había conocido cuando eran aspirantes a estrellas mundiales. El bloque por encima de todo, el grupo sagrado. Por eso esperó a los lesionados, dio tiempo a los que no habían tenido partidos para alcanzar su estado de forma y abrió la puerta a quienes descollaron en la temporada. Los debates externos le resbalan, como se pudo comprobar en el debate sobre la portería, y no se aparta de un plan en el que se repiten hasta la saciedad términos como familia o confianza. Y todo comenzó a fluir durante el torneo. El equipo arrancó de manera tímida y fue alcanzando velocidad y vuelo hasta el momento decisivo de la final ante Argentina en Nueva York.

De la Fuente no ha necesitado construirse un personaje para llegar a este punto de la historia. Levanta pesas por la mañana, es disciplinado, religioso, familiar y huye de los excesos siempre. Tiene colmillo y de vez en cuando saca las uñas para reivindicarse su trabajo y el de su gente, pero no tarda en regresar al caparazón, al calor de ese hogar que ha ido construyendo de forma discreta. Su mando se parece más al de Vicente del Bosque que al de Luis Enrique, pero a todos agradece que le hayan mostrado el camino hacia la victoria.

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