LA CONTRACRÓNICA DE LA SEMIFINAL
Tercera final de Mundial del increíble Messi, que acaba subido a hombros
El mejor jugador de todos los tiempos se despedirá posiblemente del gran escenario del fútbol en el mayor acontecimiento que existe y contra Lamine Yamal, el bebé al que un día enjabonó
Argentina deshonra a la Inglaterra de Tuchel y se enfrentará a España en la final del Mundial (2-1)

Los jugadores argentinos sujetan una lona con la inscripción las Malvinas son argentinas tras el partido con Inglaterra. / PAUL ELLIS / AFP
A Leo Messi le faltaba enfrentarse a Inglaterra, la nación villana según el sentir de un país que aún sangra por las Malvinas. Los piratas usurpadores, les llaman todavía. Contra los ingleses Diego Armando Maradona se inmortalizó. Tenía solo 25 años en 1986. Messi suma 39. Le llegó tarde el duelo de las eternas revanchas para intentar una jugada maradoniana. Aunque el VAR da sorpresas, tarde también para intentar la mano de Dios. Pero no le llegó tarde para la épica, para abrillantar el pase, para asistir a los suyos. Para ser Messi, en definitiva, porque Messi puede ser él mismo de muchas maneras.

Messi celebra la remontada de Argentina frente a Inglaterra. / AFP
Somos los afortunados coetáneos de un genio, palabra tan manida que ha perdido énfasis, pero que se debe aplicar al rosarino con la convicción de la excepcionalidad. Con el resuello limitado, con la musculatura de una explosividad menor, aún puede inclinar encuentros, en concreto una semifinal de un Mundial.
Entregó el balón a Enzo Fernández, al que vio solo en la frontal del área pese a la abundancia de centrales de Inglaterra, y lo puso con el pie derecho en la cabeza de Lautaro Martínez. Y con esas dos asistencias se teletransporta a su tercera final de Mundial, quizá hacia su segunda corona. Una locura. Cabe recalcarlo: a los 39 años, y no siendo un adorno precisamente. Igualará a Cafú como los únicos dos jugadores que han disputado tres finales de la Copa del Mundo.
Leer los partidos
Pareció de entrada la guerra de Atlanta, con los jugadores hiperventilando, buscando el cuerpo contrario más que el balón, un marco poco propicio para Messi. La teatralidad del histrionismo se calmó, cayó el gol de Gordon, que se adelantó muy bien a un Nahuel que se durmió con pijama y todo, y el rosarino se activó ante el muro de Thomas Tuchel, que arrojó al campo a todos los centrales a su alcance. Un bochorno para el fútbol inglés: fichar a un finolis alemán para acabar jugando como el Fulham de 1973.

Leo Messi disputa un balón con Jude Bellingham. / Octavio Guzmán / EFE
Messi ordenó el ataque en busca de la remontada tras el gol del nuevo jugador del Barça. Sin recurrir al regate, como antes, si no con el pase filtrado, con el balón con curva, con el toque preciso, apartándose a la derecha, alejándose de los atascos del medio. Saber leer los partidos, esa otra cualidad que ha engrandecido al mejor futbolista de la historia.
La rendición no forma parte del vocabulario de esta Argentina, que está encontrando siempre la forma de superar la adversidad, y ese espíritu indomable ha poseído a Messi, que ante España en Nueva York puede conquistar su segundo Mundial consecutivo. Palabras mayores, del tamaño del Empire State. Eso solo lo logró antes Pelé y su Brasil de finales de los 50 y principios de los 60.

Lionel Messi celebra la victoria sobre Inglaterra. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Los pases de Messi desangraron a los ingleses, decepcionantes en su planteamiento como se subrayará en las próximas horas. Y dirigidos por esos pases viaja la albiceleste a la capital del mundo. Allí jugará la exestrella del Barça su último partido en el escenario mayor del fútbol. Solo le quedarán las pachangas oficiales de la MLS.
Otro momento excepcional
Fuera de las grandes ligas y de la Champions -ya pasó la opción de un último baile en el Barça-, Messi no jugará ya ningún otro Mundial. Ni siquiera cabe imaginarle en otra Copa América, la próxima en 2028. No es Cristiano Ronaldo, no es de anteponer el aprecio excesivo a su persona a las necesidades de la selección. Ya decidirá cuándo y cómo pone punto y final a la albiceleste, lacrimógeno momento nacional.

Los jugadores argentinos muestran un cartel político sobre Las Malvinas al acabar el partido con Inglaterra. / THOMAS COEX / AFP
Pero antes su carrera sobrenatural le reserva otra final de Mundial, la tercera después de la de 2014 y de 2022. No podía acabar de cualquier manera. Un cara a cara con Lamine Yamal, el bebé al que enjabonó un día en una bañera de plástico en los sótanos del Camp Nou (¿quién pudo imaginar algo tan bestia? Un cara a cara con España, su segundo país. Y deshaciéndose antes de Inglaterra y exhibiendo los jugadores albicelestes una lona con la inscripción Las Malvinas son argentinas al acabar. El destino le aguardaba un colofón bello. El que Messi se merece.
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Fuente: El Periódico
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