La ronda francesa
El Tour vuela y bate el récord de etapa más rápida de su historia
El ciclista noruego Soren Waerenskjold gana en la ciudad de Nevers al alocado promedio de 50,9 kilómetros por hora con Tadej Pogacar siempre líder de la prueba
Las mejores imágenes de la 11ª etapa del Tour de Francia. / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press

Parece que no pase nada, que vayan tranquilos, que rueden en son de paz y qué lejos de la realidad. El Tour batió en tierras de Borgoña el récord de velocidad en una etapa. Qué barbaridad. Qué locura. ¿Adónde vamos a llegar encima de una bici? Hace años habría sido impensable que ciclistas profesionales sobre las carreteras francesas, por más colorido que presenten, acabasen una etapa de 161 kilómetros al promedio de 50,910 kilómetros por hora, lejos del alcance de cualquier nueva bici eléctrica puesta en el mercado.
El deportista cuenta, pero también la máquina que mueve un deporte que cada vez apuesta más por la sofisticación de las especialidades de motor, a dos o cuatro ruedas. Y no es que las carreteras estén mejor asfaltadas, por ejemplo, a como lo estaban en los tiempos en los que Miguel Induráin ejercía de dominador absoluto del Tour, tal cual hace ahora Tadej Pogacar, el que le da una palmada en la espalda al colombiano Fernando Gaviria, as de los esprints hace unos años, y que ahora trata de encontrar un hueco en una llegada masiva, al menos para que le sirva al Caja Rural presumir que uno de los suyos con una novena plaza ha ocupado un lugar destacado en el ‘top ten’ del día.
El anterior récord era de 1999, obra de Mario Cipollini, pero se dio en un día muy especial por carreteras anchas y llanas. Sopló siempre el viento a favor, con fuerte intensidad y con tiempo primaveral. Ahora baten el registro con más de 30 grados después de que en las etapas de esprint de Bergerac y Burdeos se superasen los 46 kilómetros por hora. El viento ayudó pero es que en cada etapa van rapidísimos y no es flor de un día como antes.
Da la sensación de que no pasa nada. Por televisión no se acaba de apreciar bien la velocidad de vértigo que llevan los ciclistas. Pero que alguien se ponga en la cuneta, camino de Nevers, con la sensación engañosa de que el día es fresquito. Llueve en la salida y durante el inicio de la etapa se ven rayos en el horizonte. Si se sitúan al borde de la carretera más vale que no parpadeen mucho cuando pasa el pelotón porque apenas los verán pasar.
Hay que tener mucha moral para fugarse. Lo hace Nelson Oliveira, uno de los ciclistas más valorados por su veteranía en el Movistar. Lleva nueve Tours disputados por 10 Vueltas y cuatro Giros. Y se escapa durante 143 kilómetros en el día que los perseguidores van más rápidos que nunca. Así ni siquiera llegaría Pogacar si un día se propusiera hacerlo.
Fugas sentenciadas
Estas fugas están sentenciadas cuando el terreno es llano. Hasta se escapa Julian Alaphilippe. Hasta no hace mucho era una estrella que brillaba en el pelotón, que ganaba campeonatos del mundo, clásicas, etapas en todas partes y hasta se propuso llevarse el Tour de 2019. Perdió el amarillo a dos días de París. Soñó Francia, entristecida este miércoles por motivos deportivos ajenos al ciclismo, con que ‘Loulou’ les diera una alegría amarilla en los Campos Elíseos de París.
Ni siquiera subió al podio, superó la decepción, fue dos veces campeón del mundo. A partir de 2022, inicio un declive que ni él ni nadie se explica. En 2025 sólo consiguió un triunfo en Canadá. Camino de Nevers se queda cortado en el cambio de rasante que había a 38 kilómetros de la meta y al que definieron como subida de cuarta categoría porque alguna había que poner, o casi inventarse, en una etapa llana que acabó a ritmo de récord.
Ganó el ciclista noruego Soren Waerenskjold que arrancó en el esprint final casi tan veloz como la plusmarca batida en Nevers. Destrozó al resto de hombres rápidos. Fue una llegada extraña por la forma de disputarse la pelea por la victoria.
Un hecho curioso se está produciendo en este Tour. La zona de seguridad en llegadas masivas ya se ha establecido a cinco kilómetros de la meta y parece que haya una especie de pacto entre los que se juegan las castañas en la general. Antes, los líderes, muchas veces menos diestros que los velocistas y sus lanzadores, se metían en los esprints para no verse cortados ante cualquier contratiempo. Y siempre había uno que caía.
Ahora se van detrás, dan palmadas a los que pelearán por la victoria y se olvidan de riesgos, que ya se lanzan suficientemente rápidos en los descensos. Todos detrás, llámense Pogacar, Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel, Juan Ayuso o Paul Seixas, los que están al frente de la general.
Fue día grande para el conjunto noruego del Uno X, que ya lleva dos victorias de etapa en este Tour, un equipo que crece poco a poco y con la filosofía de incorporar únicamente ciclistas escandinavos. En los seleccionados para esta ronda francesas había siete noruegos y un danés.
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Fuente: El Periódico
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