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Natación

El mar de la vida: dos nadadores vigueses, tras sufrir un ictus

Dano Cerebral Galicia organiza este sábado en Vilaxoán la tercera edición de su travesía. Óscar Rodríguez, con hemiparesia, ya participó en ella en 2024, también en la moañesa de O Fisgón en 2025, y ahora repite. Para Bea Barrera será su estreno.

El mar de la vida

Imagen: Jose Lores / Edición: Eli Regueira

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Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Óscar Rodríguez y Bea Barrera batallan contra corriente. Igual en la vida que en el mar, que quizá sean lo mismo. También esté sabado, en la serena costa de Vilaxoán. Nunca se rinden ni desmayan, sin embargo. Será la tercera travesía en la que participe Óscar desde que sufrió el ictus que ha condicionado su existencia. Bea, igualmente afectada, debuta. "Estoy hechizado por las aguas", escribió Norman McLean. Un río fluía a su través. El mar los mece.

Bea había convivido con el riesgo desde siempre, ignorándolo. En su cerebro habían anidado dos aneurismas de origen fetal. «Lo supe cuando me reventó uno», especifica. Sucedió en plena pandemia. Se le interrumpió el flujo sanguíneo con el planeta enclaustrado. «No me afectó tanto físicamente. Me fue al músculo del ojo. Me ha quedado poco equilibrio, esas cosas sí», explica.

Óscar sufrió un peor embate, que se sustancia en la hemiparesia –parálisis o debilidad de una mitad del cuerpo–. Aquel 5 de mayo de 2022, vuelto a casa de tomar una copa, decidió jugar al Gran Turismo en la PS4. «Probando un Ferrari F50 en el infierno verde, en una curva hacia la izquierda», detalla, se le durmió la mano zurda. Después, la pierna. Se cayó al suelo al intentar incorporarse. La sangre empezó a manar de una brecha en la ceja. Intentó llamar a su padre. Sólo su perro escuchó el reclamo. Arrastrándose, logró llamar al 112. «Enseguida llegaron».

Óscar nunca perdió el conocimiento. Esos días, sin embargo, se le funden en el recuerdo. «Para mí siempre fue 5 de mayo. Yo me di cuenta de que me sucedía algo grave. Me encontraba bien, pero sabía que mi vida iba a cambiar mucho». Domingo Villar ingresaría y fallecería poco después en esa misma UCI del Cunqueiro.

Óscar y Bea, ayer, entrenándose en aguas de Bouzas.

Óscar y Bea, ayer, entrenándose en aguas de Bouzas. / Jose Lores

Bea y Óscar, como cualquiera que haya sobrevivido a un accidente cerebrovascular, han tenido que afrontar esforzados procesos de rehabilitación. Cada pequeño acto supone un reto. Para cada faceta se precisa un especialista. «Ponerse en pie, aprender a vestirse con la mano derecha, tomar un café; el fisioterapeuta, el logopeda, la terapia ocupacional», va enumerando Óscar. Bea resume: «Ocupas el día, haces cosas y así siempre es más fácil todo».

Al cabo, cada uno a su tiempo, los asistentes sociales los derivaron a Alento, la asociación viguesa dedicada a personas con daño cerebral. Allí se conocieron. El monitor deportivo Pablo del Río se encarga de varios talleres. Desde hace tres años dirige uno de natación, en la piscina del CUVI. Colabora con él Aitor de Luis, organizador de la Batalla de Rande. «Nadar resulta beneficioso física y mentalmente», sostiene Del Río, que relata: «Empezamos entrenando a un grupo numeroso, pero concluimos que era mejor uno reducido para tener rendimiento y objetivos claros».

Cuatro quedaron tras la criba. Juan Pardo, el mayor a sus 77 años, y Jaime Gil, además de Óscar y Bea, se citaban en As Lagoas cada mañana de jueves. «Les encantaba», destaca Del Río. Consolidados en su veintena de largos, él y De Luis les realizaron su propuesta: anotarse en la travesía que Dano Cerebral Galicia, la antigua Fegadace, iba a organizar en julio de 2024 en Vilaxoán. La prueba consiste en un recorrido triangular de media milla náutica (926 metros). Cada participante elige si dar una vuelta, dos o retirarse. A los infartados cerebrales los cuidan desde kayaks y tablas de padel surf. Jaime y Óscar aceptaron.

El añorado Jaime

De Jaime, que también sufría hemiparesia, se habla en pasado. Falleció en 2025. Del Río lo añora. Nadó junto a él en aquella primera edición. Aitor acompañó a Óscar. «Ponerme el neopreno fue toda una aventura», describe éste. «Me resultó difícil llegar al agua. Lo conseguí a base de tesón y apoyándome en Pablo y Aitor. El resto de participantes ya habían salido». Óscar comenzó a bracear, sin distinguir bien el recorrido, sintiendo que el horizonte se terminaba en la siguiente boya. El frío de Aitor, a piel desnuda, le preocupaba tanto como el propio. «Pensé que ya no podía más», confiesa. Oyó entonces la voz de Aitor, imperativa.

–Ponte de pie, que estás en la orilla.

Óscar, que antes del ictus, acostumbraba a cruzar hasta Toralla desde O Vao o hasta el faro de Praia América, sin considerarlo un privilegio, había completado la gesta de esos 926 metros. Al año siguiente se inscribió en la travesía de O Fisgón, de 2.300. No se le olvidan «la luna y la arena del fondo», cuya contemplación le aliviaron el esfuerzo. Y a Cíes, la hija de Del Río, colgándole la medalla por haber terminado.

Óscar repetirá este sábado, a partir de las 11:00, en la ría de Arousa. Bea se ha animado. Hubiera querido participar en 2025, pero se lo impidieron unos «problemas médicos. A la que he podido ya me he apuntado». Los dos figuran entre los 114 inscritos. «Yo haré la primera vuelta y ya veremos. Lo que más palo me da es la temperatura del agua. Óscar me dice que no me preocupe, que con el neopreno no estará tan fría. La verdad es que me apetece», promete ella, que ayer, en Bouzas, se enfundó por primera vez el traje.

«El trabajo que hacen en la asociación cada día es indescriptible», agradece Óscar. «¡Cómo estaríamos de no existir Alento!». Tal vez, durante la travesía, vuelva a fijarse en el fondo y piense en Jaime, nadando a su lado, o en Domingo, que nunca pudo abandonar el hospital. "Ahora casi todos a los que amé y no comprendí en mi juventud están muertos, pero sigo buscándolos", consignó Norman McLean, retratándose con su caña, entre la corriente. "Bajo las piedras están las palabras, y algunas de esas palabras son las de ellos". Aquel río de la vida desemboca en este mar.

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