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Automovilismo

Alvaño Muñiz relata su huida de "un maldito infierno" en el Rallye Rías Baixas

El coruñés y su copiloto, Néstor Casal, salieron ilesos de un accidente que dejó su coche calcinado

Estado del coche tras el accidente.

Estado del coche tras el accidente. / https://www.facebook.com/alvaro.m.mora

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Sucedió durante la jornada sabatina del Rallye Rías Baixas, en el penúltimo tramo cronometrado, en Salceda de Caselas. Álvaro Muñiz se esforzaba en acosar a José Antonio “Cohete” Suárez, el líder de la prueba y del Supercampeonato de España. Muñiz ya había demostrado con su reciente victoria en Ourense que era el único capaz de inquietar al asturiano. Una sanción de 40 segundos, sin embargo, había dificultado sus planes. Estaba el coruñés empeñado en su particular épica cuando su Skoda se salió de la calzada y se incendió. Muñiz relata ahora cómo él y su copiloto, Néstor Casal, vivieron lo sucedido. Sin secuelas de consideración y ya aliviados del susto, Suárez subió a lo más alto del podio vigués pero Muñiz anticipa de lo propio: “Esto sí que fue una victoria. La victoria de nuestras vidas, nunca mejor dicho”.

Asegura Muñiz que en esos instantes, antes que en una victoria que se antojaba ya imposible, pensaba “ya solo en terminar” para festejar en meta su 25º aniversario en competición. “Se rompió el tornillo más importante en la peor zona”, resume. Sucedió a 150 km/h. La rueda delantera derecha se desencajó del eje. El coche salió “literalmente volando por una barranco”.

Ceguera, inconsciencia, boca a boca

Recuerda en perspectiva ese vuelo como “una caída que parecía no acabar nunca”, pero que obviamente tuvo un final tan inmediato como abrupto. “El primer impacto fue brutal. El segundo, muy fuerte”. Muñiz quedó cegado durante unos instantes. A Casal lo golpeó un extintor y fue perdiendo la consciencia poco a poco. El piloto le realizó el boca a boca. “Poco después abrió los ojos. No sé cómo describir lo que sentí en ese momento”.

Como Casal no sentía las piernas ni era capaz de moverse, Muñiz le dejó su teléfono y abandonó el vehículo para recabar ayudas. No caminó demasiado.

-¡Álvaro! ¡Fuego -oyó a su espalda -¡El coche está ardiendo!

Néstor, en realidad, no había podido ver el fuego, que se había desatado a su espalda. “Lo escuchó y lo olió. Y le salvó la vida”, celebra Muñiz, que regresó a toda velocidad al escuchar la advertencia. “Lo saqué como pude, lo aparté un poco e intenté apagar el fuego, pero no fui capaz, había mucha maleza y hacía calor”, relata. “La situación era extremadamente delicada. Tiré el extintor y me despedí del coche, de todo lo que había dentro. Parte de mi vida se quedaba allí”.

Estado de la parte trasera del coche.

Estado de la parte trasera del coche. / https://www.facebook.com/alvaro.m.mora

Muñiz y Casal treparon por la colina, hacia la carretera, pero de manera lateral. Otra decisión afortunada, ya que las llamas se habían extendido y ascendían a mayor velocidad que ellos. De hecho, los bomberos tardarían posteriormente un cierto tiempo en controlarlo. Alrededor de diez hectáreas de la parroquia de Santa María de Salceda quedaron calcinadas.

“Todavía no me explico cómo conseguimos escapar de ese maldito infierno. Fueron diez minutos eternos”. Describe a ambos “solos, doloridos, exhaustos”, pero ya conscientes de haber eludido una muerte cierta. Trasladados a Povisa, en la revisión médica se comprobó su buen estado de salud. “Salimos casi ilesos de lo que parecía que sería el final. Una entre un millón. Jamás olvidaré cada detalle de lo que allí vivimos”.

“Gracias de todo corazón por la fuerza, apoyo y cariño que nos estáis mostrando desde el primer momento. Sin duda, hace todo mucho más llevadero”, concluye el piloto herculino. El accidente implica un gran quebranto económico y deportivo. Pero es algo que se podrá remediar. Promete: “No sé el tiempo que nos llevará, pero volveremos. Un abrazo grande a todos”.

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