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Un piloto para remontar el vuelo del Guardés

Fernando Reyes, aviador de Iberia, asume la presidencia del Guardés sin ocultar la delicada situación económica del club, pero con positivismo: «Claro que soy optimista; si no, no estaría aquí»

El nuevo mandatario del club miñoto, en el ejercicio de su trabajo.

El nuevo mandatario del club miñoto, en el ejercicio de su trabajo.

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Borja Refojos

Borja Refojos

Vigo

Fernando Reyes sabe perfectamente lo que es despegar. Es su trabajo. A sus 45 años, este piloto de Iberia acumula muchas horas en el aire. De hecho, descuelga el teléfono desde el otro lado del Atlántico. Se encuentra en Santo Domingo, donde llevó un avión el jueves para regresar hoy viernes. Esa experiencia le va a resultar útil y necesaria para sustentar el vuelo sin motor en el que se acaba de embarcar al aceptar el reto de ser el nuevo presidente del Guardés. «Hasta ahora volábamos a velocidad de crucero, con comodidad y estabilidad. Pero, de repente, nos hemos quedado sin combustible y sin la tripulación que debía tomar acciones». Con esta metáfora aérea explica el nuevo máximo mandatario la situación a la que se enfrenta: sin Mecalia, patrocinador principal de la entidad todos estos años, y sin junta directiva. 

Este último problema se ha solventado con su paso adelante. Jesús López, el anterior presidente, se lo pidió. «Tenía claro que si podía hacer algo para evitar ese desenlace, iba a arrimar el hombro y al final he dado el paso. Aquí estoy para intentar sacar esto adelante y que el Guardés siga siendo el que todos conocemos», explica. El desenlace al que se refiere es a una posible desaparición. «No me podía poner de perfil», resume.

Hasta ahora volábamos a velocidad de crucero, pero nos quedamos sin combustible y sin tripulación

Como decían los Foo Fighters, ahora es cuestión de aprender a volar. No literalmente, que eso lo tiene dominado. Sino como presidente primerizo. «Esto es gestionar un club profesional de manera amateur», reconoce. Por él y por los que vinieron antes. «Todos tienen sus actividades profesionales y personales y hay que sacar tiempo para dedicárselo al club», apostilla. Reyes lleva unos años haciéndolo de forma externa a la directiva. Es padre de dos jugadoras de la base y, junto a su esposa, se ha implicado intensamente. 

Todo tras volver a casa en 2019. Fernando se fue de A Guarda muy joven para estudiar en la Academia General del Aire, en Murcia. Allí se convirtió en piloto militar. Luego estuvo destinado en diferentes lugares hasta que se estableció en Madrid con su mujer, donde nacieron sus hijas y se pasó a la aviación comercial. Un cambio que hacía factible volver a su pueblo. «No lo dudamos», recuerda. Fue cuando se empezó a enganchar al Guardés. La afición se convirtió en religión cuando sus niñas empezaron a jugar. Ahora le toca pilotar una de las pocas naves de Galicia que pueden presumir de ser campeonas de Liga y de competición europea. «Nuestra labor ahora es tomar los mandos del avión, estabilizar el planeo, evitar que nos estrellemos y conseguir ese combustible que nos permita volver a nuestra velocidad de crucero para alcanzar todos los destinos que tengamos fijados», vuelve a metaforizar.

Fernando Reyes, en la pista de despegue.

Fernando Reyes, en la pista de despegue. / Cedida

El primer paso será este domingo, con la reunión inicial. La idea es conformar la junta directiva -«cuento con 12 o 13 valientes»-, en la que continuarán Jesús López y algún que otro miembro del anterior equipo. «Le dije que quería ir de su mano. Al menos, al principio. Para aprender. Creo que en el club hace falta un cambio, pero también es fundamental que tanto él como otros miembros de la directiva estén presentes y nos den apoyo para aprovechar su experiencia», subraya, mientras reconoce que su teléfono está «echando humo». Y lo que le queda. Una de las primeras decisiones a tomar tiene que ver con la Liga Europea, segunda competición continental para la que el Guardés ya está inscrito. El nuevo rector y sus compañeros deben decidir ahora si compite o renuncia. «Tenemos que valorar pros y contras», reconoce, aludiendo a que «es un activo para el club y un aliciente para las jugadoras» estar presentes, al tiempo que lo contrapone con el «gasto grande» que puede suponer. 

«En cuanto a la parte económica, que es la más acuciante, tenemos que asumir la nueva realidad del club», apunta sin paños calientes. «Mecalia hizo posible en gran medida que el Guardés sea lo que es, pero ya no está. Así que necesitamos hacer esto viable sin él. Y eso pasa por buscar un patrocinador principal, reforzar la colaboración institucional y reducir los gastos en todo lo que podamos», desvela Reyes. «Haremos un plan de saneamiento para que el club sea sostenible», anuncia.

Nuestra labor es tomar los mandos del avión, estabilizar el planeo, evitar que nos estrellemos y conseguir combustible

En el aspecto deportivo, el nuevo presidente confiesa que todavía no se ha reunido con José Ignacio Prades para valorar la situación en esta segunda etapa del técnico de Petrer al frente del primer equipo, pero admite que lo hará «con la mayor brevedad» que sea posible. «El cuerpo técnico conoce de primera mano los mimbres que tiene y es el que nos tiene que orientar sobre los objetivos que se van a plantear este año», puntualiza. «La plantilla está cerrada aunque no se hayan anunciado los nuevos fichajes y varias renovaciones dada la situación. Con ellas intentaremos mantener el nivel que ha tenido el Guardés todos estos años», anuncia.

Este vuelo de prueba en forma de charla periodística -otra novedad a la que también deberá adaptarse- concluye con positivismo. «Claro que soy optimista. Si no, no estaría aquí», proclama con buen ánimo. «Y quiero trasladarle ese sentimiento a todos los socios, aficionados y patrocinadores», añade. Pero sin poner paños calientes a la situación. «También quiero ser realista. Hemos salvado un match ball, pero aún queda un camino complicado. Vamos a tener que apretarnos el cinturón y, sobre todo, comprender que la realidad del club va a cambiar», advierte antes de finalizar. «Habrá que tomar decisiones, pero siempre con el objetivo de que el Guardés siga siendo lo que es durante muchos años». Un aterrizaje con los mejores deseos, pero sin cursis aplausos innecesarios.

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