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El vigués que mueve el engranaje de Suiza

Edu Parra salió de Vigo en 2009 después de un par de años en el Celta. Desde entonces el destino le ha llevado a Rusia, Italia, Inglaterra y Francia, hasta que le llegó la propuesta de la Federación Suiza de dirigir la preparación de la selección con la que ahora vive su primer Mundial

Edu Parra da instrucciones en uno de los entrenamientos de la selección. |

Edu Parra da instrucciones en uno de los entrenamientos de la selección. | / FABIAN MICHEL AND SAMY EBNETER (SFA)

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Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

La maleta viajera de Eduardo Parra no ha descansado desde que en 2009 se despidiese de Vigo, la ciudad a la que llegó con cinco años procedente de Lalín, después de dos años en aquel Celta que malvivía en Segunda División. Le reclamó el Liverpool y a partir de ahí inició un periplo internacional que le abrió la mente, lo llenó de experiencias e idiomas y engordó un currículo sobresaliente. El Inter, el Anzhi ruso, el West Ham, el Real Madrid, el Lille, el Niza...una secuencia sin descanso. Hoy esa maleta incansable descansa en Vancouver, el lugar donde la selección suiza, una de las grandes animadoras del campeonato, instaló su campo base durante este Mundial. Parra dirige desde 2023 la preparación física de una de las selecciones europeas más fiables de los últimos años y cuyo rendimiento invita a pensar en ella como firme aspirante a convertirse en la sorpresa del torneo.

La aventura que ha llevado a Parra a un Mundial de fútbol, uno de esos sueños de niño que rara vez se hacen realidad, comenzó «cuando no te lo esperas» comenta entre risas desde San Diego, donde disputaron el último partido de la primera fase. «Trabajé dos años en el Lille y otros dos años en Niza. Un poco por cuestiones familiares ya tenía decidido acabar mi aventura allí. Tres días después de volver a Vigo me llamaron desde la selección suiza y me preguntaron si me interesaba formar parte del proyecto y preparar la Eurocopa de Alemania en 2024. Para mí era un reto diferente, ambicioso, ilusionante y que respondía a lo que necesitaba para bajar el ritmo después de tantos años ligado a un club. Tuvimos un par de reuniones y de inmediato nos pusimos a trabajar».

Llamada desde Suiza

De inmediato conectó con el director deportivo, Pierluigi Tami, y con el seleccionador, Murat Yakin, que hizo más fácil su aterrizaje y posterior adaptación: «La conexión con Tami y con Yakin fue perfecta. Es un staff pequeño donde se deja trabajar, se le da confianza a la gente, hacemos un montón de reuniones al día, pero eso nos permite también tenerlo todo bastante planificado. Yakin es un entrenador con el que se trabaja muy bien. Es un tipo tranquilo a quien le gusta darle libertad a la gente, pero que luego te exige, te pregunta y te cuestiona cosas también para comprobar que todo lo tienes preparado».

Edu Parra da instrucciones a los jugadores en  un entrenamiento  de Suiza. | FABIAN MICHEL AND SAMY EBNETER (SFA)

Edu Parra da instrucciones a los jugadores en un entrenamiento de Suiza. | / FABIAN MICHEL AND SAMY EBNETER (SFA)

Acostumbrado a esa fiebre semanal de los clubes, llegar a una selección es como hacerlo a un mundo diferente donde los tiempos son distintos y las reglas cambian: «Cuando estás en un club tienes a los jugadores todo el día contigo durante todo el año y eso te permite conocerlos bien, de dónde vienen, sus problemas, el tipo de vida que hacen, sus hábitos.... A nivel de cargas lo tienes todo controlado porque a pesar de que muchos ahora tienen preparadores físicos personales hay comunicación con ellos para que todo esté bajo tu control. En una selección cambia completamente. El trabajo es más de seguimiento, de intentar recabar datos, de estar en buena comunicación con los clubes. La planificación del club es más día a día y aquí tienes que hacerla con más perspectiva, es otra historia».

Parra explica que su trabajo y el de sus ayudantes les obliga a un nivel de flexibilidad que nunca había experimentado en un club: «Tenemos 26 jugadores diferentes y son 26 realidades completamente distintas. Tanto las lesiones que hayan tenido, los minutos de juego, el tipo de entrenamiento también. Hay gente o clubes que entrenan mucho la fuerza, hay otros clubes que se focalizan en carreras analíticas. Entonces yo aquí lo que tengo que ser es mucho más flexible de lo que lo soy en un equipo. En un club propones el trabajo y más o menos todos lo hacen. Aquí tienes que estar abierto para ver de dónde viene cada jugador, de qué entrenamiento, de qué tipo de estado de forma para que cada uno tenga su estímulo. Es un poco un puzzle. Tienes que encajar las fichas para que cada uno tenga su estímulo óptimo».

Todo ello complica y sobre todo retuerce la preparación para un Mundial: «Recabamos mucha información y a partir de ahí hicimos dos semanas de preparación que eran prácticamente entrenamientos individuales ligados al colectivo. Muchas adaptaciones de cargas y conforme vamos avanzando en la competición vamos unificando más esas cargas». El objetivo es terminar el torneo pareciéndose un poco más a un club en el método de trabajo aunque nunca llegarán a ese punto como él mismo reconoce.

Un sueño cumplido

Al joven Eduardo Parra, que se fue con treinta años de Vigo, le costaba imaginar que su carrera le permitiría disfrutar de esta clase de experiencias: «Viví la Eurocopa de Alemania y fue para mí un sentimiento espectacular el representar a un país, escuchar el himno, ver el ambiente de fútbol…pero el Mundial es una cosa totalmente diferente. Lo que estamos viviendo estos días aquí no se parece en absoluto a nada que haya vivido antes, ni siquiera a partidos de Champions. Es un poco el cumplir un sueño que tiene cualquier persona que se dedique al mundo del fútbol. Cuando la vemos desde fuera ya sabemos que es la más grande, que es la que más repercusión tiene y realmente ves en los pequeños detalles qué tipo de competición estamos jugando. Está todo calculado al milímetro, a nivel de instalaciones, de tiempos, de horarios, la gente por las calles, ves camisetas de todos los países. Sientes que la repercusión es enorme, el ambiente en los estadios es increíble, las gradas siempre llenas…Es otra historia» explica sin poder escapar de la emoción.

Pero eso también cambia el nivel de exigencia que rodea a una experiencia así por todo aquello que hay en juego: «Sientes la responsabilidad desde los mensajes que te llegan antes de empezar la competición. Ya ves que eso tiene una repercusión especial. Lo sentimos desde que estábamos en Suiza durante la preparación, la gente que viene a ver los entrenamientos o que va al aeropuerto a despedir al equipo. Sí se siente esa responsabilidad».

Parra habla con un futbolista en un entrenamiento.

Parra habla con un colaborador en un entrenamiento. / FABIAN MICHEL AND SAMY EBNETER (SFA)

Bromea Edu Parra cuando se etiqueta como un «suizo más que solo está esperando que me den el pasaporte, que es lo que suelo decirle a mis compañeros en la selección». Defiende y trabaja para un país que no es el suyo, pero es aquí donde se demuestra la fuerza de un deporte como el fútbol o de un torneo como el Mundial: «Lo que cambia es el sentimiento de identidad. En un club, al final, cuando eres profesional es verdad que pierdes un poco esa parte de aficionado del fútbol y te conviertes en profesional del equipo donde estás. Evidentemente te identificas con la ciudad, con la afición. Aquí va un poco más el sentimiento. Poco a poco te vas identificando con la selección, con su forma también de ver la cultura. Siempre digo que al final Suiza no es un país ajeno a los gallegos. Hay centros de emigrantes en todas las ciudades, está Ricardo Rodríguez en el equipo que tiene orígenes gallegos…todo ello facilita la identificación».

Se ríe cuando dice que «el himno lo cantan en cuatro idiomas; yo me lo sé en francés» y se pone deberes para el futuro inmediato: «La espinita que me queda todavía por mejorar para la identificación es hablar suizo-alemán, que es un el idioma que más hablan ellos aunque realmente la comunicación va en italiano, en francés, en inglés. En el staff hay suizos, analistas alemanes, estoy yo, hay un masajista japonés… gente de diferentes países y utilizamos el inglés. Incluso entre los jugadores ves a jugadores que hablan en inglés entre ellos porque uno habla muy bien suizo-alemán y el otro muy bien francés. La lengua de comunicación, digamos, es el inglés».

Llegamos a la selección y a su papel en el Mundial. Suiza hace años que viene empujando («llevan siete clasificaciones seguidas para Mundiales o Europeos» apunta Parra) donde ya están en dieciseisavos de final. El técnico vigués recuerda que la plantilla ha llegado a un importante equilibrio gracias a la combinación de veteranos como Xhaka, Freuler, Ricardo...con jóvenes como Endoye, Rieder, Vargas o Manzambi. Hay que hacer un parón en este último, el jugador al que Vigo descubrió con asombro en la eliminatoria contra el Friburgo que acabó con el Celta en la Europea League: «Un chico al que seguíamos con atención desde hace tiempo. Esta temporada ha sido su explosión. Es muy intenso, con mucha calidad, muy polivalente y muy presente en el campo».

La meta en este Mundial

El objetivo de Suiza es «hacer el mejor Mundial de su historia. Normalmente se han quedado en octavos y llegar a cuartos sería ya un buen papel, pero no nos ponemos techo, porque al final Marruecos en Qatar quedó eliminado en semifinales y nadie contaba con ellos para estar entre las cuatro primeras. Estamos en un buen estado de forma, tenemos buen equipo, tenemos buena dinámica, nos encontramos fuertes y lógicamente no nos ponemos techo.

Edu Parra pone el ejemplo de la última Eurocopa «en la que no perdimos» y donde Suiza ganó a Italia, empató con Alemania y cayó en los penaltis con Inglaterra tras estrellar en la prórroga un balón en el palo: «Tenemos esa confianza, tenemos esa motivación, esa ambición y sabemos que somos un equipo que debe trabajar y correr mucho para que nos salgan las cosas bien, pero tenemos un equipo muy ilusionado y motivado».

Sueña Edu Parra con una final contra esa España a la que piropea con generosidad y piensa también en un futuro lleno de retos nuevos de la mano de esta federación: «Estoy muy contento. Tanto las condiciones de trabajo a nivel de relación con el staff de compañeros, con los jugadores como a nivel de retos. Bueno, pues ahora estamos en un Mundial que era lo que siempre quise en lo que siempre quise participar. Si miramos un poco más allá, tenemos una Eurocopa en Inglaterra, tenemos un Mundial en España, Marruecos y Portugal, entonces lo que viene en el futuro a corto y medio plazo es muy atractivo, así que ojalá pueda seguir aquí».

Por lo pronto lo que le pide a la vida y a los dioses del fútbol son unas semanas más con esa maleta recorriendo Estados Unidos. Sería la mejor señal posible.

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