Libre directo
El robo del fútbol

Bielsa da instrucciones durante la pausa de hidratación. / Efe
En 1866, durante un enfrentamiento entre los combinados de Londres y Sheffield, los dos equipos acordaron que el partido duraría noventa minutos repartidos en dos tiempos de cuarenta y cinco para que los jugadores disfrutasen de un respiro y no echasen el bofe delante de los espectadores. Años más tarde la Federación Inglesa estableció en su libro de reglas esa duración como la medida sagrada que debe ocupar un partido de fútbol. Ponía fin de ese modo al desmadre de que cada campeonato, club o localidad estableciesen el tiempo que les resultase conveniente.
El fútbol entendió desde sus orígenes que la continuidad en el juego y la gestión del cansancio serían básicas en su desarrollo, en su cultura. Eso le diferenciaría del resto de deportes donde las interrupciones y los parones son parte de su esencia. Pero entonces llegaron la FIFA y el nefasto Infantino para remover los cimientos de un deporte que hace siglo y medio solo necesitó trece reglas para ponerse en marcha de un modo ordenado. El fútbol como siempre lo hemos entendido se muere ante nuestros ojos con la complacencia de sus principales actores que callan seguramente con la esperanza de llevarse una parte de ese pastel que Infantino no para de inflar. En este Mundial asistimos al nacimiento premeditado de los cuatro cuartos. Bajo el pretexto de cuidar de la salud de los jugadores (algo que a los administradores del fútbol les importa bien poco como demuestran con sus calendarios elefantiásicos) la FIFA ha impuesto las pausas de hidratación incluso en aquellos estadios donde se juega bajo techo, una circunstancia que permite la perfecta regulación de la temperatura. No importa el bienestar de nadie sino ganar un espacio para la publicidad, aumentar de forma notable la recaudación y profundizar en el proceso de americanización del fútbol que solo provoca rechazo en los aficionados de toda la vida, acostumbrados a las normas de siempre y que son expulsados de los estadios con una política de precios alocados que convertirá el deporte, como tantas otras cosas de la vida, en un producto exclusivo diseñado para ricos y “referentes” de las redes sociales.
Ya existen los primeros estudios que revelan los cambios de dinámica que están provocando las interrupciones del actual Mundial, próximas a los cinco minutos, que se producen en mitad de cada tiempo. El daño es atroz para un juego que siempre debatió y luchó, al menos en apariencia, contra aquellos que pretendían interrumpirlo. Curiosamente quienes disimulan sus intenciones agilizando los saques de banda son los mismos que boicotean el espectáculo con sus eternos parones. Es un cambio estructural como no se ha visto en la historia del fútbol. Piensen en la cantidad de partidos que habrían cambiado de manera decisiva en caso de que uno de los equipos hubiese tenido la oportunidad de frenar al rival durante cinco minutos. Tiempo para aclarar ideas, para vencer el miedo, para escuchar una voz, para cambiar el plan de partido. Pero no puede ser, no debería ser. El fútbol es gestión de la tensión, del esfuerzo, del miedo. Mientras uno se siente atropellado por el rival no puede pedir un ratito de tregua. Le toca apechugar y buscar una solución mientras el corazón bombea sangre a toda velocidad y un zumbido se apodera de sus cabezas. Pienso en el Celta y me salen mil ejemplos de noches decisivas en que todo habría cambiado gracias a un parón oportuno. Pero no sería el deporte con el que hemos crecido y que amamos.
Algún biempensante puede creer que esto tiene que ver con el afán recaudatorio de ese Infantino que, cuando no ejerce de alfombra en la Casa Blanca, vive pendiente de la caja registradora. Pero no. Este invento terrible viene para quedarse. Pronto aparecerá en más competiciones, en diferentes lugares del mundo y Tebas acabará cediendo bajo la excusa de la salud y de la necesidad de aumentar los ingresos para que los famélicos clubes respiren. Y tragaremos mientras el fútbol se convierte en un otra cosa.
- La madre de un vigués de 25 años que falleció por un tumor cerebral: «¿Qué habría pasado si lo hubiesen operado un año antes?»
- La reconocida orquesta gallega París de Noia pierde a una de sus principales voces en la temporada de mayor actividad
- El mercadillo de Cangas cerró hoy a su hora entre lamentos de los comerciantes
- Bouzas activa el «plan B» para sus fiestas por la final de España y cambia el horario de una de las citas más esperadas en Vigo
- El grito de euforia de Nico Williams tras noquear a Francia: «Vamos carallo»
- El TSXG multa con 1.800 euros a un abogado gallego por presentar un recurso lleno de «alucinaciones» con decenas de citas inventadas por la IA
- La Cofradía de Pescadores de Aldán denuncia la presencia continuada de yates en el muelle, pese a estar probido
- El Celta renuncia a retrasar el partido de la primera jornada
