El Mecalia reina en Europa y en el corazón
El cuadro guardés completa la tarea iniciada en Michalovce y conquista su segundo título, primero continental tanto propio como del balonmano gallego | Las locales aguantaron el embate inicial de las eslovacas, guiadas por la serenidad de Cacheda y Sancha, para sentenciar con un parcial de 6-0

Marta G. Brea

29 Atlético Guardés (14+15): Amandine Balzinc, Blazka Hauptman (4), María Sancha (4), África Sempere (3), Lorena Téllez (3), Cecilia Cacheda (3), María Palomo (3), Ania Ramos (3), Elena Martínez (2), Jazmín Mendoza (1), Rosane Serrano (1), Nerea Gil (1), Ariana Portillo (1), Cristina Cifuentes, Carme Castro y Sabina Mínguez (ps).
24 MSK Michalovce (8+16): Barbora Jakubikova, Aline Bieger (6), Martina Popovcová (5), Karina Soskyda, Dorota Bacenkova (4), Emma Lukacova (4), Juliana Costa Pereira (3), Barbora Sabovova (2), Emilia Kowalik, Andrea Brajovic, Iryna Kompaniiets, Tamara Geffertova, Iryna Yablonska (p.), Barbora Jakubikova (p.) y Anastasiia Lazorak (p.).
Marcador cada cinco minutos: 1-0, 2-2, 4-4, 6-4, 10-6, 14-8 (descanso); 19-10, 21-12, 22-14, 26-16, 28-20 y 29-24.
Árbitros: Nichlas Nygaard y Jonas Primdahl (Dinamarca). Expulsaron con tarjeta roja directa a la visitante Emilia Kowalik (min. 24). Además, excluyeron con dos minutos a las locales Cristina Cifuentes y Carme Castro y a las visitantes Aline Bieger, Andrea Brajovic, Iryna Kompaniiets y Emma Lukacova.
Incidencias: Partido de vuelta de la final de la Copa Europea disputado en el pabellón de A Sangriña (A Guarda) ante 1.200 personas. EFE
El Mecalia Guardés ha conquistado la EHF European Cup. La aparente facilidad de la resolución, bordeando el aplastamiento al Iuventa Michalovce, no empaña el mérito de las guardesas. Han completado una tránsito inmaculado pese al calendario apretado, los vaivenes de forma, las lesiones de jugadoras importantes o el adiós anticipado de su entrenadora y varias jugadoras. El título de Liga de 2017 ya tiene otro trofeo, el primero continental del balonmano gallego, que lo acompañe en las vitrinas.
Jugó primero el Mecalia a que sucediese poco o nada, como le corresponde a quien atesora y protege ante quien arriesga y codicia.No importó que Yablonska, la veterana portera del Michalovce, le amargase algún lanzamiento a las locales. Balzinc lo compensaba en la cancha contraria. Las frágiles esperanzas eslovacas, tras el 20-24 de la ida, se cimentaban en provocar el nerviosismo de las anfitrionas. Ese ansia que atenaza en ocasiones a quien ya acaricia aquello que tanto ha deseado. Ana Seabra había trabajado igual lo táctico que lo psicológico a la vez que primaba el descanso, durante la semana. La entrenadora portuguesa impidió cualquier atisbo de duda reuniendo de salida a Cacheda y Sancha. Sobredosis cerebral contra cualquier riesgo de zozobra. Amenazó el Michalovce con un 3-4, su inicial y a la postre única ventaja, y el Mecalia, refugiado en el regazo de sus centrales, ni se inmutó. Invulnerable, en suma, a tristezas antiguas como la de la final anterior de la EHF European Cup perdida en 2023 o recientes como la final de la Copa de la Reina que se escurrió en San Sebastián hace un par de semanas. Una prueba de madurez,que es recuento y destilación de lo que se ha vivido.
Fogosidad
El Iuventa Michalovce, con su propio historial de decepciones, pagó con varias exclusiones, y la roja prematura de Kowalik, una fogosidad necesaria pero mal calibrada. Seabra blindó su defensa introduciendo a Cristina Cifuentes, al fin sobre la cancha tras tantos meses de convalecencia y varias semanas de vigilia. Cifuentes acentuó la profundidad del 6.0. El Mecalia decretó finalizado el periodo de especulación bursátil. Las locales percibieron que había llegado el momento de completar la tárea. Girando siempre el juego hacia la izquierda, combinando transición y digestión, el equipo local firmó un 6-0 que anticipaba la clausura del relato (9-4).
El Michalovce se mantuvo en pie casi por dignidad o acaso por inercia, resignado en realidad a un final anticipado como en una mala novela de intriga. Hauptman horadaba espacios entre el centro y el penúltimo. Portillo relevaba a Ramos en las cuchilladas del extremo. Palomo exhibía su funambulismo sobre la cuerda floja de los seis metros. El 14-8 del descanso espantaba cualquier fantasma de 2023 que áun acechase A Sangriña.

María Sancha anota en seis metros. / MARTA G. BREA
A Seabra le correspondía advertir a las suyas, al descanso, que el 14-8 no las destensase. Una tarea mucho más agradecida que la de Maros Vikartovsky. El técnico eslovaco necesitaba convencer a las suyas, y quizá a sí mismo, que el milagro aún era posible en un confesionario, su vestuario, privado de cualquier esperanza de redención. El reinicio obvió la imposibilidad de su pretensión. El Mecalia maniobró con impiedad, como corresponde en estas estancias definitivas. El 20-10 inmediato sonó como el mazo del juez, estableciendo la sentencia.
Al Michlavoce, apeteciéndole la claudicación, le obligaba la normativa a comportarse como un zombi durante los veinte últimos minutos. Un semoviente, en apariencia vivo, pero privado de voluntad, sujeto a automatismos. Incluso Seabra, siempre tan cartesiana y autoexigente, admitió que la aventura se había culminado de manera feliz. La portuguesa comenzó a mover el banquillo, activando todas sus piezas en el protocolario final. Para honrar a las que tanto han trabajado, alegrar a las que se quedarán y homenajear a las que se van. A sí misma que, pendiente de que la permanencia del Valladolid pueda concretar su mudanza, clausura de la manera más brillante su ciclo en A Guarda. Ella, ayudante de Abel González y Cristina Cabeza, sustituta de ambos cuando la directiva se lo ordenó, ha sobrevivido a la alargada sombra de José Ignacio Prades, el demiurgo del título liguero de 2017, a quien hoy devuelve el testigo. Los dos se miran a los ojos y se sonríen. El Mecalia se eleva gracias a ambos. Campeón de España. Campeón de Europa. Campeón, antes que nada, en el corazón de A Guarda, que es en el fondo lo único que realmente importa.
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