Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El cielo en el infierno

A Sangriña fue más Inferno que nunca en sus ánimos y su calor. El pabellón, completamente abarrotado desde una hora antes del inicio del partido, se convirtió también en el cielo con el que la plantilla del Mecalia había soñado. Una maldición para el rival y una bendición para sus devotos

Las jugadoras agradecen el apoyo a los aficionados.

Las jugadoras agradecen el apoyo a los aficionados. / Marta G. Brea

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Armando Álvarez

Armando Álvarez

A Guarda

Cuenta Cecilia Cacheda que en el vestuario, en la reunión previa al partido, las jugadoras del Mecalia apenas lograban escuchar las últimas instrucciones que pretendía impartir Ana Seabra o los ánimos que las compañeras suelen intercambiar antes de saltar a la cancha. Sólo se escuchaban los tambores de A Sangriña recorriendo los azulejos; un latido al galope, una vibración de terremoto, un anuncio de ese pabellón que impulsa al propio y condena al ajeno. Un Inferno convertido en cielo.

Las gradas ya estaban repletas una hora antes del partido, elevando áun más la temperatura del pabellón. Se agitaban los abanicos y se afinaban las gargantas. «Salimos a calentar y ya estaba lleno», se asombra Cacheda. Si alguna opción había alimentado el Iuventa Michalovce en sus días previos o en el viaje a A Guarda, pronto entendió que sobre el dintel de A Sangriña se había grabado lo que Dante adjudicaba precisamente a las puertas del averno: «Abandonad toda esperanza los que entráis aquí».

Palomo, Ramos, Hauptman y Míguez muestran sus medallas. | MARTA G.BREA

Palomo, Ramos, Hauptman y Míguez muestran sus medallas. | MARTA G.BREA

En el palco, políticos aparte, había comparecido el presidente de la Federación Española, Francisco Blázquez, junto al de la Gallega, Bruno López. Todos paladeaban el ambiente irrepetible: «Es el día que más recordaré. Esto no se puede vivir en otros lados. Lo que pasa en A Sangriña es increíble. Ojalá todo el mundo pudiese vivir algo así. No tengo palabras», expresaba Cacheda a la conclusión.

El trascurso del partido ahorró cualquier tipo de nerviosismo o incertidumbre. Mucho antes del bocinazo empezaron a corear las gradas las canciones de la victoria, el Miudiño y la Rianxeira. Y aunque el cañón del confeti se encasquilló, la capitana, María Sancha pudo elevar al techo un trofeo que no quiso soltar mientras la plantilla daba la vuelta a la cancha antes de fundirse con la marea de aficionados.

Imagen de la celebración en el centro de A Guarda.

Imagen de la celebración en el centro de A Guarda. / FDV

Quedaba la visita a donde antaño se celebraban ascenso y donde tantas fotografías se realizaron en mayo de 2017. En la fuente del Monumento ó Mariñeiro remojaron jugadoras y otros miembros del club los calores de la jornada, las tristezas que han caducado, los sueños que se han cumplido y los nombres recitados con afecto. Este cielo nacido del infierno les pertenecerá para siempres y es un buen lugar en el que pasar la eternidad.

Tracking Pixel Contents