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Balonmano / EHF European Cup

La gloria espera en A Sangriña: el Mecalia vence en la ida por la EHF European Cup

El Mecalia Guardés defenderá el próximo fin de semana en su pista una renta de cuatro goles lograda en el partido de ida ante el Iuventa | Mendoza, Ramos y Sancha fueron un martillo en ataque

Las jugadoras del Mecalia Guardés celebran la victoria con sus aficionados.

Las jugadoras del Mecalia Guardés celebran la victoria con sus aficionados. / Atlético Guardés

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Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

20 MSK IUVENTA Michalovce (11+15): Aline Bieger (6), Martina Popovcová (3), Karina Soskyda (3), Dorota Bacenkova (1), Irina Yablonska (p.), Barbora Jakubíková (p.), Emma Lukácová (p.), Emilia Kowalik (2), Anastasiia Lazorak, Andrea Brajovic, Iryna Kompaniies, Tamara Geffertová, Juliana Costa Pereira y Barbora Sabovová (5).

24 Mecalia Atlético Guardés (12+14): Sabina Mínguez (p.), África Sempere, Jazmín Mendoza (6), Blazka Hauptman (3), Lorena Téllez, Cecilia Cacheda, María Palomo (3), Rosane Serrano, Elena Martínez (3), Cristina Cifuentes, Carme Castro, Nerea Gil, Ariana Portillo, María Sancha (5), Ania Ramos (4), Amandine Balzinc (p.).  

Marcador cada cinco minutos: 0-1, 1-4, 6-6, 9-9, 9-11, 11-12, descanso, 12-12, 12-13, 15-16, 16-20, 19-21, 20-24, final.

El Mecalia Guardés está en ese complicado momento en el que el cerebro comienza a sentir el tacto frío del trofeo en sus dedos. Pero aún no lo tiene. Lo acaricia. Solo eso. Tanto y tan poco a la vez. En Eslovaquia, en la ida de la final de la EHF European Cup, consiguió una renta de cuatro goles que defenderá el próximo domingo ante su afición en A Sangriña, que tendrá que ser más caldera que nunca para que no se le escape el tesoro conseguido en la pista del . Queda un paso por dar, el último. Más sencillo en apariencia de lo que realmente será. Pero ganar un título es un camino lleno de trampas y el Guardés sabe que aún tendrá que sortear más de una emboscada hasta llegar al final del viaje en el que espera su primer título europeo, el segundo de su palmarés tras aquella Liga de 2017.

Victoria clara, fraguada desde el extremo donde Amores y Jazmín Mendoza aprovecharon el boquete que el Guardés hizo con su circulación a las eslovacas. El MSK Iuventa es un equipo de calidad, pero aún bisoño. Se le ve la calidad a muchas de sus jugadores, pero también la falta de tiempo en el horno. El Guardés es un equipo ya más bregado en muchas cuestiones, con jugadoras que saben lo que es alcanzar estas alturas de la competición. Por eso entendieron mejor el partido en el arranque. Las prisas eslovacas contra la serenidad que imponía Cecilia Cacheda para llevar el balón a donde debía, a esos extremos que el Iuventa liberaba por su afán por anticipar.

Fue así como llegaron las primeras diferencias (2-5) para las guardesas que encontraron el acierto de Jazmín Mendoza y de Ania Ramos para trasladar un mensaje de calma que ellas necesitaban más que nadie. No importaba que Balzinc tardase en calentar porque en la otra portería Yablonska no veía un lanzamiento. El Iuventa tardó en encender el motor y cuando lo hizo demostraron que tenían recursos para hacer daño. Buenas lanzadoras, decisión en las penetraciones...el partido se fue apretando y en el minuto 16 consiguieron ponerse por delante (7-6) aprovechando cierto desconcierto en el ataque guardés y el famoso «criterio» arbitral que a veces consiste en equilibrar lo que no son capaces las jugadoras. De ahí al descanso el partido apenas evolucionó (11-12 tras la primera media hora).

Importancia de la defensa

El duelo entró en una fase en la que las defensas y las porterías impusieron su ley. Ahí sí se sintió la tensión propia de una final. Un atasco clave. El primero que saliese de él seguramente tendría mucho ganado en el partido y en la final. Pesó en ese tramo otra vez el criterio de las guardesas que supieron cocinar en su jugo a las eslovacas hasta dar de nuevo con la solución. Otra vez en los extremos y en las penetraciones de María Sancha estaba la clave de todo. Mediado el segundo tiempo el cuadro de Ana Seabra resquebrajó la defensa del Iuventa y mantuvo firme la suya para abrir un hueco más que esperanzador (16-20).

En ese momento, con un punto de desesperación, el equipo local tiró de épica y encontró goles rápidos para ponerse a dos goles con menos de cinco minutos por delante (se les anuló el que las ponía a tiro de uno) pero ahí otra vez el hielo en la mirada de Cacheda fue esencial para encontrar e Sancha, a Mendoza y a Ania Ramos (15 goles entre las tres en 18 lanzamientos) para proteger esos cuatro goles de ventaja que ahora mismo dejan al equipo de Ana Seabra a las puertas de su ansiado título europeo.

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