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Documental

Una vida que merece ser contada

DisCamino estrena este viernes un documental sobre la vida de Isabel Moral, uno de sus miembros más distinguidos. Lo ha dirigido el propio Javier Pitillas, que decidió confeccionarlo tras leer la autobiografía que la asturiana había iniciado. «Me di cuenta de que era una historia realmente tremenda»

Isabel Moral.

Isabel Moral. / MARTA G. BREA

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Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Isabel Moral Rubio, sobrepasados los 83, ha vivido para contarlo. Niña de Llanes, de rancio abolengo, la poliomielitis le apresó la pierna derecha tras amagar con paralizarla. Un médico alemán le serró los huesos para alargárselos, sin remediarle la cojera. Isabel, ya en la adolescencia, se rebeló contra su padre. Se casó contra su voluntad con su profesor de inglés, que se convertiría en su marido, del que enviudó en 2015. Con él residió en Tánger, Zaragoza o Madrid antes de trasladarse a Vigo hace medio siglo. Ha sido madre, empresaria, diseñadora y criadora canina. Ejerce de albañil en su chalet. Posee una colección de trajes medievales. Ha volado en parapente. Ha coleccionado medallas en natación siendo ya setentera. Siempre ha querido saltar en paracaídas y juguetear con delfines. «No os lo podéis perder. Es la historia de una de nosotras. Su vida, sus ilusiones, su lucha...», anuncian desde DisCamino. Este viernes estrenan una documental sobre semejante existencia. Lo ha elaborado el promotor de esta oenegé, Javier Pitillas; otro de trayectoria inabarcable.

Isabel, que se autodefine por sobre todo como nadadora («me tiro al agua y soy yo»), se montó primeramente en las bicicletas de DisCamino por su hermano Arturo, con síndrome de Down. Juntos participaron en las actividades variopintas de la asociación, sus excursiones y carreras, desde la peregrinación a Santiago desde Roncesvalles en 2020 hasta los medio maratones de la Vig-Bay. Sólo la muerte de Arturo, el año pasado, ha interrumpido esas aventuras.

Isabel, de niña.

Isabel, de niña. / MARTA G. BREA

Han sido acontecimientos, en suma, que ir añadiendo a ese relato que Isabel había empezado a confeccionar hace años. Las peripecias se le acumulaban a mayor ritmo que su catalogación. «Ella me había comentado hace tiempo que quería dejar escrita su autobiografía», explica Pitillas. «Me entregó la primera parte, unos 50 o 60 folios. Empecé a leerlos y me di cuenta de que era una historia realmente tremenda. No iba a terminarla nunca. Se me ocurrió hacer un documental».

No es el primero. Los dedicados a DisCamino o a alguno de sus miembros suman ya ocho. La serie se abrió con el Camino inaugural. En aquella época, la asociación estaba buscando el triciclo tándem que necesitaban para Gerardo Fernández Costas, Gerardiño, socio de Pitillas en la creación del proyecto y también añorado desde diciembre de 2025. Anca se lo proporcionó importándolo desde Países Bajos a precio de coste. Un trabajador de la firma colaboraba en la radio con una sección sobre ciclismo. Participaba también Víctor Bello, que estaba a punto de inaugurar una empresa audiovisual con una encomienda precisamente sobre la ruta jacobea por parte de una televisión sudamericana. De sus conversaciones surgió «El camino de los sentidos».

Pero incluso el propio Pitillas ha asumido la realización de tres de estos documentales. Se estrenó precisamente contando aquellos más de treinta días en el Camino de Santiago desde la frontera francesa en 2020, con Isabel entre los expedicionarios, a pie con sillas de montaña. «De vocación, nada», afirma el ya jubilado policía sobre su labor cinematográfica. «Al llegar a casa, en esa ocasión, teníamos un montón de imágenes. Disponía de dos meses de descanso, al terminar la temporada por el invierno, y se me ocurrió montarlas».

Isabel Moral participando con Discamino en una carrera popular en Bouzas.

Isabel Moral participando con Discamino en una carrera popular en Bouzas. / MARTA G. BREA

Estreno en Navia

En el documental sobre Isabel Moral, además del material propio de DisCamino, ha empleado las fotografías que la protagonista le ha proporcionado. Con todo ha completado esa tarea en apariencia imposible de comprimir una trayectoria tan rica y compleja en magnitudes que un espectador pueda digerir. «La niña que quería correr», así se titula, dura 48 minutos.

El público los podrá contemplar este viernes, desde las 20:00 horas, en el auditorio del Centro Cultural de San Paio de Navia, próximo a la sede de Discamino (Asociación Alento, Rúa da Pedra Seixa). Pitillas planea organizar otras proyecciones y colgarlo tal vez en alguna plataforma. Mientras, Isabel Moral seguirá incorporando capítulos a una vida que merece ser contada.

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