Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Una reinvidicación de la poesía

Un portero que se mantiene en el aire, como si no le afectase la gravedad, y detiene el balón que nadie más cree que pueda alcanzar. La caricia de un delantero cuando todos aguardan su violencia. Dos arrebatos líricos elevaron al Celta en el Metropolitano

Radu vuela hacia el remate de tacón de Sorloth para evitar el tanto local. | LOF

Radu vuela hacia el remate de tacón de Sorloth para evitar el tanto local. | LOF

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Gasto y rentabilidad. Estructuras y dinámicas. Estrategias y tácticas. Alineaciones y dibujos. El fútbol se planifica para lo lejano y lo inmediato. Dispositivos de todo tipo calibran trayectorias, desgastes y permutas en cada minuto de cada entrenamiento y de cada partido. La economía manda. La geometría define. La estadística anticipa. De cada temporada se escribirán sesudos tratados científicos, que radiografiarán lo sucedido. Todo resultará coherente en el relato que los expertos elaborarán en esa mirada retrospectiva.

Siempre podremos distinguir, sin embargo, capítulos que eludirán cualquier argumentación. Instantes en los que el destino pudo haber cambiado en un centímetro, en una centésima, por magia o puro capricho. El fútbol cartesiano jamás aniquilará el lirismo esencial que se condensa en el vuelo de un portero o en ese eclipse de sol cuando un balón lo asombra. El Celta, que hubiera debido claudicar en la razón, se reinvidicó en la poesía que se contiene en dos instantes.

Instinto de supervivencia

Primera victoria en el Metropolitano y recórd de puntuación como visitante en uno de los partidos en que seguramente menos se mereció. Más allá del remate de Borja, las paradas de Radu y la ineficacia del Atlético, al Celta se le puede admirar el instinto de supervivencia. Ya que no se sintió capaz de dominar el juego, al menos minimizó esos errores o distensiones que en otras ocasiones lo han penalizado.

Pablo Durán.

Pablo Durán. / LOF

Un último aliento

Cualquier clasificación europea, en caso de confirmarse, se habrá merecido. Pero es cierto que las dos últimas victorias no disipan los síntomas de agotamiento, quizá más mental que físico y en cualquier caso comprensible, que el equipo emite en este final de temporada. Ayer rara vez ofreció sensación de control, desde la acción o la reacción, ante un Atlético menor, aún de luto por su eliminación en la Liga de Campeones. La pelea exige a los celestes un último aliento ante tres rivales –Levante, Athletic, Sevilla– involucrados emocionalmente en la competición a día de hoy.

Circulación formularia

Estuvo el Celta contenido en la presión y timorato en la circulación. Claudio alineó a sus carrileros de mejor toque, arriesgándose a desprotegerse, pero ni Mingueza ni Álvaro se atrevieron a romper líneas con sus pases. El balón se canalizaba por las bandas sin profundidad. Los pasillos interiores se ignoraban. Al territorio conquistado con tanto trabajo se renunciaba con facilidad. Fer López prolongaba más hacia la derecha que giraba hacia la izquierda. La primera parte pareció antes un ejercicio de posicionamiento en Afouteza que un intento serio de asaltar el Metropolitano.

La paradoja de Borja

Borja Iglesias, que ha protagonizado auténticos partidazos sin llegar a rematar, decidió con un golazo tras una mediocre actuación. A él, que tantas veces ha cortejado el gol sin suerte, ahora se le caen de los bolsillos. Son las paradojas del delantero. El Celta está resistiendo en la batalla europea pese al mal momento de piezas tan esenciales como Mingueza y el propio Borja, el ariete más influyente de LaLiga en la generación de juego y que ahora lleva un mes sin realizar un buen control. Tampoco le ayudan los árbitros, que no suelen tratarlo con justicia en la contienda con los centrales. Ayer Iosu Galech no le pitó una falta a favor hasta el minuto 49. No cometió errores graves el colegiado, pero su criterio en la fiscalización de los cuerpeos se antojó cuestionable.

Borja Iglesias.

Borja Iglesias. / LOF

Hugo y Carreira

Claudio suele encontrar recursos en el banquillo para variar o matizar el rumbo, en gran medida gracias a su administración. Aunque el Celta sufrió ayer hasta prácticamente el último instante, encontró cierto desahogo gracias a Hugo y Carreira; los que mejor interpretaron la desesperación del Atlético y la necesidad de defender desde la posesión.

El cambio necesario

Muchos grandes entrenadores, aunque se definan por una ideología, saben introducir variantes a lo largo de sus trayectorias. El aún joven Claudio ya lo ha practicado en parte. Ha transformado aquella escuadra efervescente en esta prágmática. Esta primavera, no obstante, le ha advertido que los rivales ya saben cómo neutralizar ciertos mecanismos característicos. Cambiar en su justa medida, para que todo siga igual, será el reto de la próxima campaña.

n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents