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El tiempo está de su parte: el Mecalia regresa a la final de la European Cup

El cuadro guardés supo reaccionar al gran inicio del Málaga en cada parte

Hoy se decide la otra semifinal entre el Bursa turco y el Michalovce eslovaco

Téllez defiende a Estela Doiro.

Téllez defiende a Estela Doiro. / Tamara Alonso SportCoeco

Armando Álvarez

Armando Álvarez

«Time is on my side», podría sonar en A Sangriña. El tiempo es una magnitud contradictoria. Comenzó con el Big Bang aunque se le suponga eterno. Se comprime y se estira a su capricho. Avanza y se agota. Al Mecalia Guardés se le escurre quizá esta era de pelear por los títulos. Las penurias financieras obligan a limitar la inversión en la plantilla, remodelándola. Pero el trabajo hecho por Ana Seabra aún puede cuajar, elevándola a los altares junto a Prades, antes de que la portuguesa se mude a Valladolid. El tiempo, en fin, ha estado de parte de las guardesas, que han sabido ser pacientes y regresan a la final de la EHF European Cup tres años después. «Corres de vuelta a mí», les canta Mick Jagger.

El tiempo ha corrido a favor del Mecalia en estas últimas semanas. Les ha permitido ir recuperando efectivos y frescura al paso que el Málaga se mustiaba. Solo la disonancia entre la abrumadora superioridad gallega en Carranque y el estrecho marcador (24-26) introducía una leve interferencia en el escenario. La escuadra malagueña se presentaba en A Sangriña diezmada por las bajas. Con la rotación tan escasa, en suma, que el 3-6 inicial no inquietó a las locales. Sabían que el tiempo las acabaría favoreciendo.

Tampoco Seabra perdió los nervios. Mantuvo su apuesta táctica. A Sangriña sí se asustó cuando la cabeza de Cacheda, empujada por una rival, impactó contra el suelo y se fue al banquillo ligeramente conmocionada. Para entonces el Mecalia ya desplegaba su juego en ataque y se había blindado en defensa. Sancha y Cacheda atraían a las rivales con su esplendoroso dos contra dos para después alimentar a las extremos. Y el Málaga, frenada su primera oleada, sufría siempre al límite del pasivo contra el 6.0. Hauptman culminó la reacción (9-8, min 20).

El tramo final de la primera parte incidió en el vuelco. Cacheda regresó para pisar el acelerador. El Málaga pagaba con exclusiones sus descoordinaciones en la contención. En las filas locales solo se añoraban los cañonazos de Téllez, que al descanso se antojaban incluso innecesarios (14-11).

Doiro, con espíritu de campeona

El tiempo también ha ido caducando las ambiciones del Málaga. Pero en la plantilla conservan el nervio que las hizo campeonas en España y Europa a comienzos de la década. Se retirará Estela Doiro sin dimitir de su espíritu indomable. No volverán a agitarse esos brazos arremangados en una Sangriña que la ha disfrutado y la ha sufrido. Doiro, que incluso tuvo un roce con África Sempere, ambas heroínas del 2017, lideró la furia malacitana en la reanudación. Cierta indisciplina del Mecalia en la cobertura permitió que las malagueñas volviesen a correr e incluso se situasen por delante (17-18).

Seabra y las suyas exhibieron nuevamente empaque. Salió también Sabina a clausurar la puerta y un parcial de 3-0 (21-19) restableció la ventaja. Suso Gallardo agotó sus opciones, pidiendo su minuto de reflexión. Tiempo muerto, se le llama, pero el tiempo jamás se detiene. El cansancio hacía ya mella en sus pupilas, algunas tan veteranas como Espe López, Arderius o la propia Doiro. Y con el infortunio de otro golpe, esta vez incapacitante, de la pivote Campigli, con la que al fin habían conseguido conectar.

El tiempo, ese tiempo que África ha reanudado, había dictado sentencia. Quedaba solo gestionar los últimos latidos del cronómetro y nadie mejor que Cacheda, que lo congela igual que lo apresura, para sujetar semejantes riendas. El Mecalia, ganando también el segundo envite (26-23)), se ha clasificado para su segunda final de la EHF European Cup. Hoy conocerá, y acaso el tiempo es cíclico, si también retorna a Turquía, cambiando Antalya por Bursa (34-29 en la ida), o si es el Michalovce eslovaco el rival que se interpone en la culminación de un tiempo, en cualquier caso, irrepetible.

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