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Fútbol

Carrera sí tiene quien le llore

Durante más de treinta años José Carrera regentó un taller de zapatería en la calle Vázquez Varela, tarea que compatibilizó con su otra pasión, el arbitraje, al que dedicó cuarenta años. Falleció el 10 de marzo, solo. Quienes le apreciaban se enteraron de la noticia días después y ahora se han movilizado para rendirle un pequeño tributo

Carrera, en uno de sus últimos partidos como árbitro.

Carrera, en uno de sus últimos partidos como árbitro. / FDV

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

A comienzos de marzo la pequeña zapatería que hay junto a la Iglesia de Capuchinos dejó de abrir. A sus vecinos de la calle Vázquez Varela les resultó extraño ver la trapa bajada durante esos días. José Carrera, el hombre que regentaba ese negocio desde hacía más de treinta años, parte indispensable del paisaje de la calle, tampoco contestaba al teléfono. Clientes y vecinos admitían haberle visto debilitado en los últimos meses e intuyeron alguna clase de indisposición. Al carecer de fuentes directas donde acudir dieron por bueno el dicho de que «las malas noticias viajan rápido» y se limitaron a esperar que alguien, o él mismo, aportase un poco de luz.

Pero hay veces que la desgracia camina despacio y en silencio. Tuvieron que pasar más de diez días para encontrar la dolorosa explicación de por qué ya nadie levantaba aquella trapa por las mañanas. José Carrera había muerto el 10 de marzo en el Hospital Alvaro Cunqueiro. Solo, sin nadie que le llorase al lado. Nadie reclamó inicialmente su cuerpo ni se hizo cargo de la situación porque la familia, que le ha dedicado una misa, tardó varios días en conocer lo sucedido –tiene un hermano en Suiza y su ahijada vive en Vigo–. El protocolo del Concello se puso en marcha y fue enterrado en una fosa sin nombre en el cementerio de Pereiró.

El encargado de divulgar la noticia a sus vecinos, casi sin querer, fue Julio Simón, un clásico del arbitraje vigués, a quien un vigilante de la ORA le había preguntado por José Carrera, extrañado de que su pequeño taller de zapatería, donde solía pararse durante sus turnos para saludar y charlar un rato, llevase tantos días cerrado. Simón lo conocía de su otra faceta, la de árbitro, a la que Carrera dedicó más de cuarenta años y que, a punto de cumplir los setenta años, aún le ocupaba dirigiendo partidos de la Liga de Veteranos. Simón le dedicó un cariñoso mensaje en las redes sociales acompañado de una foto que ambos se hicieron juntos en un campo de fútbol y a partir de ahí la noticia corrió con piernas ligeras por todo el vecindario y por el mundo del arbitraje. Sorpresa primero; conmoción después; pena infinita para siempre. A la tristeza del suceso se añadió el dolor por la forma, por el desangelado adiós en el Cunqueiro y por ese entierro sin alma. Simón se acercó al lugar donde descansa para siempre y la visión de aquella tierra removida le encogió el corazón. A su teléfono de inmediato llegaron mensajes y llamadas de gente que conocía y quería a Carrera. Cristina de Andrés, una clienta de la zapatería, fue de las primeras en hacerlo y de las que más apoyó la idea de que era necesario organizar un adiós que le hiciese justicia.

Buen compañero

Se amontonan ahora los recuerdos. Julio Simón explica que cuando él llegó al arbitraje a comienzos de los ochenta «Carrera ya estaba allí». Lo corrobora Fernando Iglesias, vicepresidente de la Federación y responsable durante años del arbitraje vigués: «Dirigió mucho tiempo en Preferente y luego ejerció de informador. Ahora estaba con Orge en los veteranos. Le gustaba y era un buen compañero». Simón amplía la descripción: «Siempre estuvo muy implicado y comprometido. Todo el mundo le conocía. Desde que se supo la noticia de su muerte es increíble la cantidad de mensajes que me han llegado de compañeros y de personas dispuestos a contribuir de alguna manera o que simplemente han querido manifestar que lo lamentan mucho».

José Carrera, en su zapatería de la calle Vázquez Varela.

José Carrera, en su zapatería de la calle Vázquez Varela. / FDV

Ernesto Orge es del mundo del fútbol quien tenía un contacto más estrecho con Carrera porque desde hace años se encargaba de dirigir partidos de la Liga de Veteranos que organiza. Lo hizo hasta la frontera de los setenta años (los habría cumplido el pasado 19 de marzo). Siempre estaba dispuesto a lo que fuese, pero en las últimas semanas Orge reconoce algún cambio en su respuesta: «Le llamaba los lunes para ver si podía ponerle algún partido y últimamente me decía que no, que se sentía algo débil y que le dejase descansar. Es verdad que había perdido peso, pero cuando le preguntaba siempre me decía que no tenía nada». Orge desborda cariño hacia Carrera y recuerda entre risas que algunos equipos le apodaban de forma afectuosa el «pistolero» por su facilidad para sacar tarjetas: «Me duele este final. Le ha afectado mucho a todo el que le conocía, era muy querido por los compañeros y por todos los jugadores». Orge añade otra característica de su personalidad: «Yo le insistía en que no podía ser así, pero la verdad es que era muy desprendido con todos, incluso con su negocio porque sé que había gente a la que no cobraba...»

De su bondad puede dar fe Isabel, ahora jubilada pero vecina durante décadas desde la farmacia que hay frente a su zapatería en Vazquez Varela. A ella avisaron las empleadas de la farmacia cuando vieron que la zapatería no abría, a ella José Carrera nunca le volvió a contestar al móvil: «En el barrio de Casablanca todo el mundo le tenía mucho cariño. Él se hacía querer, siempre de buen humor, sonriente...nos ha dado una pena enorme». Lo mismo puede decir Cristida de Andrés, clienta y amiga, que se emociona recordándole y se rompe cuando piensa en ese entierro sin eco.

Los veteranos, los árbitros, los vecinos y los negocios que compartieron acera con él se han articulado alrededor de Julio Simón para darle un adiós que al menos tenga la dignidad que merecía Carrera. Más de setenta personas han puesto de su parte para ponerle una esquela en el periódico (salió publicada ayer miércoles) y para organizar un funeral que se celebrará mañana viernes a las 20 horas en la iglesia de los Capuchinos, justo al lado de ese pequeño local con la trapa blanca bajada que se ha quedado vacío y que aún guarda los últimos encargos de José sin completar, sin entregar. Será el momento de devolverle algo de lo que él entregó. Al fútbol, a sus clientes, a sus vecinos.

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