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La gloria de la acompañante: Andrei Santos gana la Vig-Bay

La portuguesa habría pasado la mañana en cualquier otra carrera, o tal vez en su domicilio de Oporto, si su amigo Zé Fernando no le hubiera pedido que la acompañase a Vigo. Cruzó la meta en solitario.

Lucía Sicre, Andreia Santos y Sonia Abad.

Lucía Sicre, Andreia Santos y Sonia Abad.

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

En Andreia Santos se repiten esas historias de descubrimiento, cuando la futura estrella acude al casting casualmente, sin pretender la fama, por acompañar en el último momento a quien realmente había perseguido la gloria. No había planificado la portuguesa participar en la Vig-Baycon gran antelación y una meticulosa preparación. Aunque ciertamente su tiempo (1:16:06), que supone además su plusmarca personal, no es posible sin un estado de forma impecable. «Un amigo mío que está en Suiza se ha inscrito y ha venido», revela. «Para no venir solo me ha preguntado si yo quería venir con él y le he dicho ‘bueno, vamos’. Y he venido».

A Santos, de Oporto, hay que suponerle la versatilidad. La longevidad está más que comprobada. En el reciente Campeonato de Europa de cross, en la localidad polaca de Torun, se proclamó campeona en su categoría de mayor de 40 años. Más allá de la edad específica, la portuguesa destaca la complejidad de combinar los entrenamientos con el desarrollo de su profesión y la crianza de tres niños pequeños. «No es fácil entrenar. Mis hijos tienen muchas actividades y yo trabajo también. Voy haciendo lo que puedo. Lo mejor es que estoy a gusto y me encanta correr».

Un estreno feliz

Quizá porque también le resulta complicado ajustar el calendario deportivo y personal, lo cierto es que Santos no había incluido la disputa de la Vig-Bay entre sus objetivos del año. Tampoco la había disputado antes. «Es la primera vez que vengo y me ha gustado mucho el recorrido», confirma. «La carrera es muy buena. Llegar aquí, mi mejor tiempo... Estoy muy contenta».

Aunque líder destacada, Santos nunca supo a qué altura circulaban sus más próximas perseguidoras. De ahí que se vaciase hasta el último metro pese a su cómoda ventaja. «Quería no quedarme sola en el curso de la carrera. Si no, te cuesta un poco más. Por eso he intentado venir con los hombres», analiza. «He hecho mi competición. Mi carrera era llegar al final».

Zé Fernando se llama el amigo a cuya llamada debe atribuir esa inscripción a la postre exitosa. Han pasado ya varios minutos desde que Santos atravesó la meta y aunque entretenida en posados y declaraciones, aventura con una sonrisa: «No creo que haya llegado aún». En 2027 no necesitará ese acicate: «Quiero venir otra vez».

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