Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Atletismo

Papá y mamá te acompañan: Carla Lago se estrena en la Vig-Bay tras perder a sus padres en dos años por inesperadas enfermedades

Uno corre contra sí mismo más incluso que contra el cronómetro o el rival, se dice siempre. Carla Lago corre efectivamente contra la tristeza que la vida le ha infligido en los dos últimos años. Pero también a favor del amor que sus padres, Álvaro y Lupe, le han legado. Su recuerdo la acompañará este domingo, durante su estreno en la Vig-Bay

Carla Lago y su novio, Isma, en Cesantes.

Carla Lago y su novio, Isma, en Cesantes. / PEDRO MINA

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

«¿Debutas con nosotros?», ha preguntado la organización de la Vig-Bay a través de su cuenta en Instagram. A la dirección de correo llega una respuesta. «Soy Carla», se presenta la remitente. La historia que relata después humedece los ojos de Pilar Ruiz y sus colaboradores. Carla Lago habla de dolor y redención. De pérdida, luto y consuelo. De Álvaro y Lupe, sus padres, que ya no están, que tan cruelmente le han sido arrebatados, pero que la conminan a no rendirse. Este domingo la acompañarán en cada paso que la impulse hacia Baiona. Le susurran ahora mismo que no se frene.

Álvaro y Guadalupe se habían conocido de jóvenes, sin ennoviarse. «Cada uno tenía su vida. No había surgido». Se enamoraron después, ambos ya separados, con hijos de esas relaciones anteriores. A Carla la concibieron como un brote de otoño –el más próximo de sus hermanastros le lleva 22 años–.

La joven, hoy de 24, se recuerda feliz antes de que a su padre le diagnosticasen cáncer de pulmón. Se lo detectaron en 2023. Lo intervinieron quirúrgicamente y pareció superarlo. A principios de 2024 reapareció de manera fulminante. Álvaro fallecía ese julio, a los 78 años. «No me lo esperaba, no. Fue de golpe», explica.

Carla cursa Medicina en Santiago. Cuando su padre recayó, regresó a Redondela. Pero incluso cuando se enfrascaba en sus apuntes, entonces de cuarto, tampoco la materia le permitía desconectar. Ella sufría por aquello que en los libros se consignaba sin adjetivarse. «No es como si estudias Historia. Con todo lo que le estaba pasando a él... Lo veía todo muy frío».

«Empecé una época muy mala. No tenía motivación», resume, en suma. Fue su novio, Isma, el que la animó.

–¿Por qué no empiezas a correr? A ver que tal.

–Pues venga, lo pruebo.

«Yo nunca había hecho deporte muy seguido. Probé muchos de pequeña y de correr, ninguno. Lo que más, pádel o natación», reconoce. «Se me dio fatal». Retiene perfectamente la sensación de las primeras galopadas, sin resuello, con cada músculo gritándole que se detuviese en el intento de seguir a su novio. «No aguantaba ni un kilómetro».

Carla, junto a sus padres cuando era niña.

Carla, junto a sus padres cuando era niña. / FDV

Perseveró, pese a esos días en que «casi era peor salir a correr que no». Comenzó a preparar la Mini Bay de comienzos de abril de 2025. Disfrutó con los progresos de su cuerpo, que se reflejaban en el pulsómetro. Afrontó el debut con la maquinaria aceitada. Pero angustiada, sin embargo. En marzo, dos semanas antes, Lupe había acudido a Urgencias. Había perdido mucho peso, lo que achacaban a una depresión. «Mi madre lo había pasado muy mal sin mi padre». Esta vez, además, había notado una sensación extraña en el abdomen. Quedó ingresada. El dictamen médico resultó devastador. Lupe sufría un cáncer de pancreas. Falleció al mes siguiente, a los 63 años. «Intentaron operarla y ya no salió. Fue tan rápido y terrible...».

Carla había perdido a sus dos progenitores con apenas diez meses de diferencia. «No tenía ganas de nada. Dejé de correr», revela. Fue nuevamente Isma, que ha completado un ciclo de deportes y ahora afronta el grado, quien la ha empujado a proseguir y tutela su entrenamiento desde diciembre. Y en esta ocasión, para estrenarse en la Vig-Bay.

La costosa reanudación

«Me costó retomarlo. El atletismo me parece muy poco agradecido. Lo dejas y se nota», lamenta Carla, que ha ido combinando los entrenamientos específicos de carrera con natación «para no meter mucha carga de impacto» y ejercicios de fuerza. Con todas las semanas ocupadas en estas sesiones, en fin, hasta haber completado hace poco esos 18 kilómetros de galope que se recomiendan como test definitivo antes del medio maratón. «Dicen que los últimos kilómetros salen solos pero habrá que verlo ese día», aventura.

Carla vive estas horas previas con una mezcla de sentimientos. A los «muchos nervios» propios del debutante, a esas dudas lógicas sobre si será capaz de alcanzar la llegada en la avenida baionesa de Elduyen, le añade su íntimo calvario: «Me da mucha pena compararlo con 2025. Estaba con mi madre, preparando la Mini Bay los días anteriores y ahora lo veo en perspectiva. Solo ha pasado un año. Estoy preparando algo más grande, más chulo, y ella no está».

Siente, por otro lado, una fuerza que la ilumina. «No está siendo una época bonita, pero gracias por ser una meta y motivación por la que luchar (y entrenar) cada día. Nos vemos en un mes», le había agradecido a la organización de la Vig-Bay en esa emotiva misiva. Abunda ahora: «Superar esto lo veo también como un reto grande en la vida».

Aquella Carla que se sentía tentada por la claudicación en cada metro ha encontrado en el atletismo el alivio que necesitaba. Mientras trota, olvida y recuerda. «Me despeja la mente y a la vez pienso mucho en ellos pero para bien, como de reflexión», indica sobre ese efecto terapéutico. «Me ayuda a desconectar de problemas. A veces te dices que lo dejes todo y te vayas para casa. Pero pienso que, si puedo con todo lo que me ha pasado, también puedo seguir un kilómetro más, otro más. Y al final, así, voy aguantando». Siempre, al menos, un kilómetro más. Álvaro y Lupe la sostienen en ese empeño.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents