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Atletismo

Tu mirada me hace grande: Anxo, ejemplo de superación, debuta en la Vig-Bay

La Vig-Bay celebra este domingo un cuarto de siglo como recuento de almas más que de cronos. Entre esas historias de superación figura la de Anxo Lorenzo; un joven ponteareano, con discapacidad intelectual y disfasia, que ha encontrado en el deporte una vehículo para progresar y expresarse

Anxo Lorenzo, un joven con discapacidad intelectual y disfasia, correrá el domingo la Vig-Bay.

Pedro Mina

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Cuenta José Antonio Lorenzo que su primogénito, Anxo, siendo niño, cuando acudía como espectador a las carreras populares en las que su padre participaba, «en realidad iba a ver a Dani» más que a él. Daniel Bargiela, coleccionista de victorias, ponteareano como ellos, se había convertido en el ídolo del pequeño. Y Bargiela, bajándose de esos podios, se acostumbró a regalarle sus trofeos. «La foto juntos era imprescindible».

–Su mirada me hace sentir especial –le confesó Bargiela a José Antonio.

Este domingo será Anxo el que parta desde Samil, al escuchar el pistoletazo, camino de Baiona. Uno de los atletas más especiales entre tantos miles. Su carrera, más de obstáculos que llana, comenzó hace 22 años, ya en el paritorio. Aunque galopa con brío, en cada zancada se ejecuta un luminoso prodigio.

José Antonio y su mujer, Ágata, distinguieron bien pronto que «algo ocurría». En Anxo se ralentizaban los plazos convencionales de desarrollo. Se movía con cierta torpeza. Andar le llevó tiempo. No mostraba interés en hablar. Las pruebas acabarían confirmando que el bebé había sufrido una lesión, posiblemente durante el parto. Esa «mancha en el cerebro» le ha provocado principalmente retraso madurativo y disfasia. Anxo se comunica con dificultad, sobre todo cuando se emociona o improvisa.

Anxo y su padre, José Antonio.

Anxo y su padre, José Antonio. / Pedro Mina

Anxo y su familia han trabajado con denuedo en su progresión con logopedas, psicólogos y psiquiatras. Asistió a un colegio público en Ponteareas hasta concluir Primaria, repitiendo los dos cursos que se permiten. Pasó a una Secundaria adaptada en el Lar. «Cuentan con un programa estructurado e inclusivo. En Ponteareas también había avanzado, pero ahí se nos abrió el cielo. Había otros niños con discapacidad pero también estuvo con chicos sin ningún problema. Él quiere sentirse aceptado. Le ayudó mucho». Después, en un ciclo de jardinería en el Saladino Cortizo, disfrutaría de la mentoría de Ramón Troncoso, otra figura capital en su camino. Gracias la Fundación Integra ha podido trabajar durante varios meses en la Editorial Dismes, confeccionando libros.

«Un niño superfeliz»

La adolescencia, ese periodo de duda y de desubicación en el mundo, le había resultado especialmente delicada. «Hasta el momento en que fue consciente de su diferencia había sido un niño superfeliz», recuerda José Antonio. Anxo enseguida se unía a los partidillos de fútbol en la plaza o se montaba en la bicicleta que alguien hubiese dejado distraída. «Después se retrajo un poco».

El deporte ha funcionado desde siempre como herramienta para «romper ese cascarón. Te obliga a relacionarte y convivir; a luchar con los pros y los contras», argumenta el padre. En la familia –Xián, hoy de 18, completa el núcleo– existía además esa tradición. Y así, Anxo ha formado parte del Atletismo Porriño y del Club Ciclista Ponteareas, especializándose en ciclocross; ha practicado taekwondo y se ha enrolado en el equipo de natación de la villa, en cuya piscina está aprendiendo a dar la vuelta; ha jugado con Integra y Fútbol Sala Redondela y ha sobresalido en un duatlón en Vilanova de Cerveira; ha probado los trails, aunque los descensos le cuestan, y desde los circuitos pedestres infantiles ha saltado a los 10 kilómetros de la Mini Bay, en cuyas últimas cuatro ediciones ha participado pese al susto en el debut.

Es el 1o de abril de 2022. La Vig-Bay, resueltos los rescoldos de la pandemia, se reanuda y estrena esa versión más reducida desde Nigrán. Ágata aguarda en la calle Elduayen. El calor aprieta y sopla viento del sur. Anxo, según el crono que le es propio, ya debería haber cruzado la meta. Su madre se ha puesto nerviosa y consulta a los organizadores.

–Tranquila, sigue en carrera. Lo tenemos localizado.

«Siempre lo han tenido localizado», entonces y en ediciones posteriores, agradece José Antonio. En esa experiencia inicial, como él participaba en la prueba larga igual que todos sus conocidos y no le habían buscado guía, Anxo había corrido en solitario. Y sin estímulos directos, en ocasiones puede distraerse o que su trote se vuelva inconstante. Con motivación, en cambio, aquel bebé al que le costaba erguirse ha desplegado como veinteañero «un correr muy bonito». De hecho, en 2024 quedó segundo y en 2025, tercero, en la categoría promesa masculina. A recoger aquella plata no acudieron, pero no por desinterés. Ignoraban que a Anxo le hubiese salido tan bien. Se enteraron del resultado mientras estaban comiendo. Recogió la medalla su liebre, Carlos Martínez, en las oficinas de Eduardo Vieira.

Anxo Lorenzo.

Anxo Lorenzo. / Pedro Mina

Tal evolución motriz es «uno de esos pasos, que siempre son para celebrar por pequeños que sean», con los que Anxo sorprende a sus padres cuando creen vislumbrar su estancamiento. «Hemos visto muchas veces la luz». Igual que en cada ocasión que un compañero de entrenamiento les revela que Anxo, que habitualmente teme lentificar las conversaciones ajenas, le ha estado hablando de alguno de sus proyectos. «El deporte le aporta fluidez. Más que el puesto o la competitividad, es el palmeo al acabar una prueba; el abrazo por una misión cumplida; las bromas y las risas».

Porque en realidad Anxo nunca corre solo, ni en aquel 2022, vigilado desde el camión de control, ni en este domingo, en el que disputará su primer medio maratón; un reto tan mental como físico. «Queremos ver hasta dónde llegan su fortaleza y sus ganas de sacrificarse. Hemos planificado ritmos suaves, por debajo de sus posibilidades, para que nunca tenga la sensación de cansancio». Además del propio José Antonio, lo acompañarán otros colegas del grupo ponteareano: Alba, Juanchi, Alberto... Serán ellos, esta vez, los que observen con admiración a Anxo; con esa mirada especial que simplemente constatará lo grande que es.

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