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Bádminton

Año 1 después de Carolina

La cronología del bádminton español se mide a partir de la figura de Carolina Marín, recién retirada. En este año 1 d. C. que ahora empieza se mezclan nostalgia, admiración y agradecimiento. Técnicos y jugadores gallegos recolectan elogios y recuerdos.

Carolina Marín firma un autógrafo a Jacobo Fernández hace más de diez años.

Carolina Marín firma un autógrafo a Jacobo Fernández hace más de diez años. / FDV

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Jaén, en 2014. El último Campeonato de España al que Carolina Marín asistirá, aunque quizá entonces aún no lo haya decidido. La onubense acaba de conquistar el primero de sus siete títulos consecutivos europeos. Ese mismo año logrará el primero de sus tres mundiales. Faltan dos años para su coronación olímpica en Londres. Es ya la figura con la que todos desean posar. Carolina abraza y sonríe a los seis componentes de la selección gallega sub 11. Juan Fernández, progenitor y dirigente del C.B. Cíes, conserva otra foto. Lucía Rodríguez, uno de esos pequeños, está llorando horas después. Acaba de perder la final individual. Es Carolina, ella que con tanto dolor acompañará a su gloria, quien se acerca a consolarla. «Creo que esa imagen es mejor que cualquier comentario», define Juan.

Carolina Marín se ha retirado. Su maltrecha rodilla, tres veces operada, no le ha permitido prolongar más allá de los 32 años el prodigio de su carrera. El bádminton gallego se resigna con melancolía y la celebra, refrescando sus lazos y ensalzando la siembra que su ejemplo ha supuesto. «Es la mejor jugadora de la historia y la guía en la que se mira cualquier niño o niña que empieza», establece Gabriel Fernández.

Marín posa con los jugadores gallegos en el Campeonato de España de 2014.

Marín posa con los jugadores gallegos en el Campeonato de España de 2014. / FDV

Lo recuerda su padre. Galicia ha asistido como testigo, admiradora y socia. Juan presenció la charla que Fernando Rivas, el gran mentor de Carolina, impartió a varios entrenadores cuando su pupila «comenzaba a despuntar». Rivas desglosó su proyecto. «Salimos de allí pensando que se le había ido la olla. ¿Cómo iba una europea a tumbar el poder asiático? Increíblemente lo fue cumpliendo paso a paso. Yo los compararía con Toni y Rafa Nadal. Fernando supo pulir y sacar brillo a un diamante en bruto».

Algo excepcional

Jesús Gómez, presidente del Club Escola Rosalía, enumera otras equivalencias: «Carolina Marín ha sido algo excepcional, como en sus tiempos Severiano Ballesteros en el golf, Manuel Santana en el tenis, Carlos Sainz en los rallies o Fernando Alonso en la Fórmula 1». Tal ha sido su impacto que alcanza, a su juicio, la categoría de «leyenda del deporte mundial».

Se repite, claro, el asombro por cómo quebró en soledad la longeva y multiplicada hegemonía de China, Indonesia, Malasia o Corea del Sur. «El bádminton es un deporte muy arraigado en el continente asiático. Lo que ha conseguido Carolina Marín tiene una connotación de hito», reitera Víctor Lemos, fundador del C.B. Ponteareas. Eva e Inés, sus hijas, han crecido ya con el eco de esos éxitos. Atesora Víctor una foto de Eva con sus tres medallas de oro en el Nacional, delante del mural dedicado a su ídolo en el pabellón de Huelva. «Es para las dos un ejemplo de tenacidad, constancia y superación».

Ciertamente, en el bucle tempora, Vigo pesa en la biografía de Marín desde antes de su nacimiento. Su deporte entró en España en los setenta a través de la ciudad olívica, en las maletas de Luis Miró, profesor y pionero de tanto. «Como ciudad originaria de la llegada del bádminton, ella ha sido también un impulso para los jóvenes y los no tan jóvenes. El ‘efecto Carolina’ siempre estará presente cada vez que haya una raqueta y una pluma», agradece Jesús Gómez. Vigués es Rafa Vázquez, apóstol en A Estrada o en el CGTD de Pontevedra, que formó parte del cuerpo técnico de la jugadora. Fernando Rivas lo reclutó como analista táctico y como tal ejerció durante un tiempo.

Carolina Marín consuela a Lucía Rodríguez tras su derrota.

Carolina Marín consuela a Lucía Rodríguez tras su derrota. / FDV

No ha sido Marín un astro distante, sino tangible, de piel con piel. «La primera vez que salió de casa tras su lesión en París 2024 estuvo con Jacobo y los demás compañeros en la Blume», revela Juan Fernández respecto a su otro vástago. Y Jesús Pereiro, director deportivo del Ravachol pontevedrés, desliza que en el club se conocía el adiós con previsión. «Tenemos jugadores que entrenaban con ella a diario, así que podíamos tener cierta información de primera mano. Pero que fuese algo esperado no hace que deje de ser duro. Deja un gran vacío y el listón muy alto, aunque su figura seguirá siendo una inspiración».

Impulso de su deporte

Pereiro ha tasado en los grandes asuntos su influencia igual que en los acontecimientos cotidianos. Se acuerda de haber parado en una gasolinera, en otros tiempos, camino de un campeonato, y haber pedido una factura.

–¿El club de qué? –se extrañaron.

«Yo, que llevo toda la vida dedicado al bádminton, he notado ese cambio. Ahora todo el mundo sabe lo que es, lo haya practicado o no», puntualiza. «Desde su boom hemos crecido. Ha aumentado el número de licencias, de clubes y de competiciones. Eso hay que reconocérselo».

Tres de los seis niños que rodean a Carolina, en la foto de 2014, Rodrigo Sanjurjo, aquella Lucía consolada y ese Jacobo al que, en otra imagen, firma una camiseta, ambos recostados sobre el suelo, residen actualmente en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. Y participarán en el próximo Campeonato de Europa, en Huelva. «Carolina ha sido la persona que ha abierto las puertas a nuestro deporte en España. Su forma de ser perfeccionista, autoexigente y luchadora le ha llevado al éxito», reflexiona Jacobo. «Ella ha hecho su camino y ahora nos toca recoger el testigo para continuar su legado. Queda darle las gracias no solo con palabras, sino con resultados».

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