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Danza deportiva

Resérvame el primer baile: Emma López, la gran pionera gallega

Emma López formó parte de la primera pareja gallega profesional que ascendió a la máxima categoría en danza deportiva. Fue también la primera jueza internacional gallega y una de las primeras entrenadoras. Ha alentado el proceso de creación de las federaciones española y autonómica. Ha contribuido a derribar tabúes. Hoy sus pupilos coleccionan medallas y éxitos. Y todo comenzó bailando en la calle

Colores al Compás, en una de sus actuaciones.

Colores al Compás, en una de sus actuaciones.

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Ha sido ella la que ha abierto el baile, aunque ya no gire sobre la tarima ni taconee sus ritmos. Emma López ha impulsado la danza deportiva en Galicia, y singularmente en Vigo, desde antes siquiera de que se considerase como tal en los papeles oficiales. Irrumpe como precursora en la práctica y la enseñanza. Como promotora y como jueza. Explorando territorios y demoliendo prejuicios. Hoy sus pupilos ganan jornadas de la Copa Ibérica y medallas en los Mundiales. «Y aún queda mucho por hacer», se compromete.

Sintió Emma, en la infancia, vocaciones compartidas: «Siempre me gustó escribir y bailar». Ganaba concursos de redacción y después, en la calle, al son de un radiocasete, se sacaba unas pesetas imaginando cabriolas con sus hermanas y amigos. Apostó inicialmente por el periodismo, que su abuelo había ejercido bajo el pseudónimo de Derviche. «El baile no se consideraba en aquel momento una profesión», justifica. Estudió en la Complutense y en el Faro la contrataron después de las prácticas. También en esto figura como adelantada: la primera mujer en la sección de deportes, además de la corresponsalía en el Val Miñor.

«Me agoté», confiesa, compendiando sinsabores. «Hubo un momento en que tuve que elegir y elegí el baile. Yo era una cría de 23 añitos. Pero no he vuelto atrás». Con su novio de entonces, pareja sentimental y artística, había empezado a competir en Cataluña, la meca de la materia. Se convirtieron en los primeros profesionales gallegos de la historia en ascender de categoría. Mientras, en Vigo se había estrenado como profesora. Impartía lecciones para costearse los gastos.

«Fuimos pioneros. Había algo de danza deportiva en Santiago, en A Coruña o en Lugo... Muy poquito en Galicia», constata. «Comenzamos a organizar pruebas y a llevar a nuestros alumnos. En 2003 me retiré. Lo que me gustaba sobre todo era enseñar». Y a esa tarea sigue aplicándose, desde las Escolas Deportivas Municipais en las que tutela a más de sesenta alumnos –por 46 euros todo el año, con dos clases a la semana– y desde su propio club, Al Compás, que fundó en 2007.

Contra los prejuicios

Emma ha guerrado en todos los frentes por difundir la danza deportiva. «Ha sido bastante duro. Se consideraba como baile de salón». Aún recuerda la declaración literal de aquel parlamentario en el Pazo do Hórreo que rechazaba indignado la catalogación que se demandaba.

–Considerar un deporte unha cousa que se fai nas festas, que é bailar coa señora...

Ella nunca se dejó vencer por el abatimiento. Se sacó la titulación por la Federación Internacional y fue la primera juez gallega, siempre inevitable ese ordinal. Posteriormente se crearían las federaciones española y autonómica. «No sucedió hasta hace poco que ya el CSD nos considere técnicos deportivos, como a cualquier entrenador».

«Además del aspecto técnico de cada baile, la exigencia física es brutal», indica sobre su disciplina, que al estándar original ha añadido los bailes latinos (samba, chachachá, rumba, pasodoble, jive). «Yo he hecho deporte toda la vida. He jugado al balonmano. Y no hay nada más duro que un vals vienés compitiendo».

Emma, con una de las mejores parejas.

Emma, con una de las mejores parejas. / Cedida

Las reticencias masculinas han supuesto otro obstáculo. Emma ha tenido discípulos clasificados para un Mundial que preferían asistir de incógnito ante los suyos. «Hoy ya no hay ese estigma. Y si lo hay, les da igual. Afortunadamente hemos evolucionado desde el machirulismo. Pero el baile siempre ha sido más de mujeres que de hombres», admite. Lo que implicaba un problema aritmético en la conformación de las parejas. Descubrió la solución en 2011, durante un evento en Chile al que asistió como jueza.

–Tienes que juzgar «all ladies».

–¿Qué es eso?

«Yo estaba allí, con mi mente cuadriculada», admite. «Y salen grupos de chicas». Emma lo relató a la federación a su regreso. La modalidad de danza coreográfica se habilitaría un par de años después. «Todo empezó a ser más fácil, más interesante». En el extremo contrario, se ha puesto de moda el baile en solitario, abriéndose así a cualquier tipo de apetencia.

Colores al Compás, en el podio del Circuito Ibérico.

Colores al Compás, en el podio del Circuito Ibérico. / Cedida

Tiene Emma alumnos en competición entre 7 y 60 años, parejas entre las mejores del mundo y equipos como Colores al Compás, que llegó a ser el más nutrido del país con 22 componentes. «Por la universidad, por la vida», el grupo se ha reducido a nueve. Los que, con algún cambio en la formación, en 2025 conquistaron la medalla de bronce en el Mundial y hace un par de semanas ganaron la primera prueba del Circuito Ibérico. En cada número, de tres minutos y medio a tope, se evalúan musicalidad, sincronización, técnica y coreografía. A todos les estructura los pasos y les diseña los trajes. Realiza el montaje (a Aretha Franklin, en original o versiones, y a Estopa, en popurrí, los ha empleado en sus últimos éxitos) y cose la pedrería.

«La danza deportiva es todavía bastante desconocida», advierte, reiterándose en su misión apostólica, pero también satisfecha con lo ya recorrido. Ella, que dosifica a sus equipos las competiciones por «priorizar los estudios», si acaso, presume de que una de sus hechuras logró plaza en la universidad gracias a su condición de deportista de alto nivel (DGAN) o de que en recursos humanos de las empresas valoren sus currículos. El logro de aquella niña que bailaba en la calle.

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