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Balonmano / División de Honor

Ferrarín tapa, Bono crea

La central argentina completa en ataque el trabajo del 6.0 y de la portera bajo palos y lidera al Orbe Zendal | El Mecalia sólo estuvo por delante en el 1-0

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Alguna porriñesa respiraba aliviada entre las sonrisas. Alguna guardesa ocultaba los ojos húmedos entre las resignaciones. La melancolía era común. El Orbe Zendal Porriño se ha impuesto al Mecalia Guardés en el derbi. Sólo uno más entre estos duelistas eternos. A la vez, el último de una época extraordinaria, salvo capricho en los cruces de play off. Varios miembros de ambas plantillas ya han anunciado su marcha en verano. Entre todos y sobre todos, Ana Seabra e Isma Martínez, los demiurgos que han moldeado estas criaturas a su imagen y semejanza. La lusa se marcha por la reestructuración financiera. El morracense, por el desgaste propio. Isma ha ganado esta clausura y con una holgura inédita en el bando louriñés. Ambos legan memoria, como esos subcampeonatos de European Cup. De ambos se recordará la exigencia que han establecido como estándar.

Así que era un derbi rutinario, en su ubicación, y definitivo, en lo crespuscular. Los dos proyectos se han visto debilitados a medio vuelo. El Orbe Zendal no había ganado desde finales de enero, cuando Buforn y Santomé se mudaron al Targu Jiu rumano. Quedó incluso eliminado en octavos de Copa. El Mecalia, anunciada su inminente reconversión, había sacado más puntos pero insinuado iguales síntomas. Se ha quedado descolgado, por ejemplo, de la pelea por el campeonato regular, cuya vigencia ostenta. Aceptado por ambos clubes ese estado transitivo, ya que el futuro incierto afecta inevitablemente al presente en curso, se jugó pro Bono. Para el beneficio público y según la gramática dictada por la central argentina.

También Bono ya ha anunciado que su lustro en O Porriño se ha agotado. Pero apurará estas mieles. El partido se jugó al ritmo moroso de la central, en ese punto exacto entre el pasivo y la desesperación de la defensa. Ella aportó luz en un partido industrial, espeso, de protagonismo defensivo. Sabina y sobre todo Ferrarín se agigantaron bajo ambas porterías. La defensa visitante superó en blindaje a la local. Y a la claridad de Bono, sin la genial Cacheda enfrente (aunque sí en el banquillo), no la pudieron contrarrestar ni Sancha ni Serrano.

No ha incluido meandros este derbi. El Mecalia sólo aventajó al Orbe Zendal en el 1-0. Las de Isma se asentaron antes en el intercambio de fallos y pérdidas, aprovecharon una doble exclusión (un mal cambio es un pecado mortal) y controlaron desde entonces. Su entrenador se ha especializado en la utilización simultánea de sus tres pivotes, que ayer blindaron el 6.0. Las retrocedió aún más para obturar las circulaciones de África Sempere. Ferrarín tapó las escasas grietas que dejaban sus compañeras. Del 2-5, que duró seis minutos, se pasó al 5-10 o el 8-12 al descanso. A Seabra le penalizaron las porterías vacías que ensayó, por inferioridad o táctica.

El inicio de la segunda mitad consolidó la dinámica (9-18). El Orbe Zendal encontraba espacios en anchura, con Laguna infalible. El Mecalia se topaba con Ferrarín o con los postes si superaba la muralla porriñesa. Seabra agotó las bazas de su pizarra en un 5.1 tan abierto y presionante que se aproximó al 3.3. Pero no se alcanzó el frenesí que la apuesta precisaba. Esta vez A Sangriña no pudo obrar el milagro de otras ocasiones. Nunca se atisbó la posibilidad de vuelco. Siempre encontró Bono el lanzamiento o el pase que esterilizasen el esfuerzo de las anfitrionas. Ganó el Orbe Zendal, en suma, camino de la fase crucial de la temporada. Y al final, a la vez, de una época dorada.

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