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Fútbol

La penúltima chilena

Dieciocho años, una mayoría de edad, separan los dos goles que el excéltico Gastón Cellerino escoge como mejores en su infinita carrera. Ambos, de chilena. El segundo lo anotó el pasado domingo como jugador del Gran Peña, donde se siente tan cómodo que ya ha empezado a considerar seguir jugando hasta sobrepasar los 40

Gastón Cellerino (el más alto, en el centro) felicita a su compañero Fran en un partido anterior.

Gastón Cellerino (el más alto, en el centro) felicita a su compañero Fran en un partido anterior. / ALBA VILLAR

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

El centro llueve desde la banda derecha. El ariete fija su vista en el balón, camina hacia atrás y salta de espaldas a portería, contorsionándose en el aire. Su impresionante chilena acaba en las mallas. Pareciendo una sola acción, han resultado mellizas. En una el extremo bombea más su pase. En la otra apura más la banda. El disparo entra cruzado por la izquierda del portero o más perpendicular por su derecha. Cambia el número de pasos y la ubicación, aunque siempre sobre la frontal. En la primera, incluso el árbitro aplaude. En la segunda, los compañeros agitan las manos o se las llevan a la cabeza. Repite identidad el goleador, aunque la piel se le haya llenado de arrugas y cicatrices. Gastón Cellerino, marcándole al Palestina con la casaca del Rangers, en el Estadio Fiscal de Talco, el que se consideró como mejor gol de 2008 en la liga de Chile. Gastón Cellerino, marcándole al Barco con la casaca del Gran Peña, en Barreiro, un tanto que difícilmente se olvidará en la Tercera RFEF gallega. El asombro, multiplicado por los 18 años que los separan.

Gastón Andrés Javier Cellerino Grasso (Viedma, Río Negro, Argentina, 27-6-1986) ha superado la extensión de su nombre en su carrera, que inició en las inferiores de Boca. Ha jugado para Patagonés, San Martín, Rangers, Atenas, Livorno, Celta, Racing, La Calera, Wanderers, Cosmos, Bolívar, Felda, Pasto, Linense, Temuco, Ligorna, Rápido de Bouzas, UD Ourense y ahora Gran Peña. Ha trotado por Argentina, Perú, Uruguay, Italia, Chile, España, Estados Unidos, Bolivia y Colombia. Siempre argentino, con pasaporte italiano, pero ya vigués desde aquellos seis meses de 2010 en que se vistió de celeste, a préstamo, y conoció el amor, en propiedad.

Cellerino, en fin, ha primado durante las últimas campañas la proximidad al hogar. Una prioridad que Martín Blanco, el entrenador del Gran Peña, aprovechó cuando el delantero concluyó su etapa en la UD Ourense en el pasado ejercicio, dejando ascenso y loas a su estela. El campo grampeñista de entrenamiento se ubica a cinco minutos de su casa familiar en Peinador. «Me enteré de que no renovaba. Lo tenía en el radar. Hablamos a principio de verano», relata Blanco. «Es un jugador importante. Podían surgirle cosas más profesionales que la nuestra, pero estuvimos pendientes. Y cuando apareció la oportunidad, la cogimos con los brazos abiertos».

Todavía con hambre

Cellerino le advirtió que se trataba, posiblemente, de su clausura futbolística. En su actitud, sin embargo, pudiera parecer su estreno «Está como uno más, interactuando con el resto. Genera muy buen ambiente en el grupo», elogia Blanco. «Y es muy competitivo. Tiene hambre todavía. Quiere ganar en todas las tareas. No le gusta perder».

El argentino, anfitrión incluso en los asados de hermanamiento, ejerce además como sabio de la tribu junto a Antón de Vicente en una plantilla tierna y adolescente. «Los dos hablan mucho con los jóvenes y ellos les piden consejo. Se cuidan y son muy exigentes, consigo mismos y con el resto. No están jugando por jugar».

«En el Gran Peña me recibieron muy bien. Son chicos muy sanos, que tienen ganas de progresar en el fútbol. Antón y yo pasamos por lo que ellos pasan. Te haces amigo e intentas ayudar, sin agobiar, a beneficio de ellos», valora Cellerino sobre sus compañeros. «Eso te contagia. El fútbol es lo que me mueve. Me gusta entrenarme. Me gusta jugar y ser partícipe de los torneos. En esta Liga me siento muy cómodo».

El Gran Peña, que ha encadenado dos victorias y dos empates, atraviesa un momento dulce dentro de una trayectoria «regular», define Blanco. Con 33 puntos, se ha situado a uno del play off de ascenso y con 13 sobre un hipotético descenso por arrastre. El técnico calcula en 40 puntos la permanencia. «La salvación está cerquita», admite. «Todos tenemos la ilusión de meternos en la fase».

En el papel de Borja Iglesias

Cellerino está siendo clave en trayectoria, aspiración y juego, con un papel similar en el esquema de Blanco al que Borja Iglesias desempeña en el de Claudio. También el rionegrino, como el santigués, «es peculiar por su estilo. Alrededor de él pasan muchas cosas. Incluso cuando no mete goles nos da mucho. Cuando estás apretado y no tienes una salida clara o un jugador libre, juegas con él; te la aguanta, te provoca una falta, te hace una prolongación a la espalda, deja libre de cara, atrae a muchos rivales… Y cerca del área cualquier centro es peligroso».

Lo fue, desde luego, el pasado domingo. Marcos llegó apurado a la línea de fondo y giró el tobillo. Cellerino hizo el resto. Supuso el 2-2 en el minuto 47, en una remontada desde el 0-2 que después se completaría (4-2). «Me sorprende porque es un auténtico golazo y no es fácil que salga así en los partidos, pero se lo veo hacer bastantes veces en los entrenamientos», revela Blanco. «Es una jugada que se le da bien. La tiene interiorizada».

Cellerino, ante el Betis, durante su etapa céltica.

Cellerino, ante el Betis, durante su etapa céltica. / RICARDO GROBAS

Esa facilidad se prueba en aquel precedente con el Rangers. «Siempre que el balón me va perfecto ahí, lo hago». Aquel gol fue desde más lejos. Este, retrocediendo más pasos. Aunque recuerda otra media chilena a Racing, en Copa Libertadores, conviene sus predilecciones: «Me quedo con estos dos. No podría elegir uno, la verdad. Aquel fue con 21 años y éste, con 39. Son sensaciones diferentes».

Cellerino y Blanco no han vuelto a conversar sobre el futuro desde aquella charla estival. «Estamos centrados en todo lo que viene. Tendrá que decidirlo él cuando acabe la temporada», justifica el técnico, si bien anticipa: «Lo cierto es que en vez de ir a menos, va a más». Y el ariete, que siempre se prometió que se retiraría el día en que no anotase al menos seis goles –lleva tres–, confiesa que ha empezado a reconsiderar sus planes: «En casa quieren que juegue hasta los 40. Yo intento disfrutar de estos momentos. Sé que lo extrañaré mucho cuando se acabe. Lo más probable es que siga». Un amigo le ha augurado:

–Tendrás cincuenta años y andarás tirando chilenas.

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