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Ajedrez

Los niños que se asoman al infinito

«Estos niños son una maravilla», exclama Roberto Páramos. Habla de David Álvarez y Mateo Rey, campeón y tercer clasificado en el Gallego Sub 14, y en general de la nueva generación de talentos del Lucena vigués

Mateo Rey (izq.) y David Álvarez, en la sede de Xadrez Galego en Vigo.

Mateo Rey (izq.) y David Álvarez, en la sede de Xadrez Galego en Vigo. / JOSE LORES

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

«El ajedrez, como las matemáticas o la música, tiene que llamarte. Son mitad ciencias, mitad arte», define Roberto Páramos, fundador y director de Xadrez Galego. Dos de los alumnos y miembros del Lucena vigués, su club simbiótico, han sobresalido en el Campeonato Gallego Sub 14. David Álvarez y Mateo Rey pertenecen a una generación «muy talentosa», destinada a conquistar torneos y certificados. Razón e intuición los sustancian. Realidad analógica y digital. Tecnología y carne.

Todo se define primeramente en cifras, igual que el número de Shannon intenta aproximarse a la cantidad posible de partidas que un tablero contiene: 10 elevado a 120, más que átomos en el universo observable. De ese amago de infinito se enamoró Páramos bien joven. En 1987, a los 15, empezó a competir. Al año siguiente impartió sus primeras clases en un colegio. «Ya ha llovido», bromea.

Esa vida dedicada al ajedrez difícilmente se sintetiza, siquiera ceñida a cuando creó Xadrez Galego en 2001 para difundir su pasión: 16 libros escritos, 60 eventos desarrollados en 20 ayuntamientos, 25 monitores de media durante este cuarto de siglo, 250 entidades colaboradoras, 15 titulados, 120 jugadores en la escuela con el 70% menor de edad, 250 en el club... «Ayer dimos la invitación 1.400. Podemos decir que en la provincia hay 10.000 aficionados. Nosotros hemos fabricado 5.000», calcula.

Figuran, entre ellos, profesionales como Manuel Pena, gran maestro (GM), que reside en Dubai, o Álex López, maestro internacional (MI), radicado en Tailandia. «Que te sigan llamando, que vengan de vacaciones y te visiten, es muy reconfortante», valora.

Su apostolado decae, sin embargo. Pronto presentará una herramienta con IA dirigida a 20.000 organizadores. «Estoy satisfecho. Pero mi tiempo y mi energía se están yendo hacia el mundo virtual». A Concello y Diputación les ha propuesto un convenio; «que cojan este club o ayuden a consolidarlo otros 25 años».

De momento sigue ligado a la rutina de la entidad. «Me obligo a dar una clase al día. Es mi conexión con la academia». Cierto que sólo imparte los tres grados más complejos entre los diez en que se estructura el escalafón: «Se requiere paciencia en las clases básicas. Nunca fui bueno en ese campo. Los demás compañeros son mejores».

Una gran generación

A veces, no obstante, si le faltan oyentes superiores, atiende otras fases del proceso y vigila con atención, en cualquier caso, el progreso de los emergentes: Diego Ibáñez, subcampeón de España; Mateo Pérez Freijanes e Iván Martínez, «con un nivel muy similar»; Leo Fajinas, «que está siendo la revelación del año», o Manu Ríos, «que no ha ido al Campeonato Gallego y era de los favoritos».

A esa cita autonómica sub 14 en Padrón sí acudieron David Álvarez, de 12 años, y Mateo Rey, de 10. David, pentacampeón provincial, había quedado segundo en 2025. Esta vez se impuso, cediendo tres tablas. Fue el único que alcanzó 6,5 puntos. «Sabía que podía ser, pero también pudo haber sido otros años. Siempre puede haber sorpresas. Sí estaba nervioso», confiesa David. Entre los empates se incluye el de su partida con Mateo, que subió al tercer cajón, igualado a puntos con el santiagués Nicolás Fernández Sabajanes, el ganador en 2025. «Estuvo muy bien. Me salió como esperaba», celebra.

Roberto Páramos, con sus dos discípulos.

Roberto Páramos, con sus dos discípulos. / Jose Lores

El duelo fratricida «es desagradable para ellos, para el entrenador, para los padres... En el fondo nos estamos ayudando todos los días», admite Páramos, que a la vez se enorgullece: «Lucharon a muerte. El 99% hubiera hecho empate sin jugar, lo que me parece una conducta antideportiva. Aunque si sale de ellos, también lo apruebo. Se ven todas las semanas, durante años».

Mateo, según describe Páramos a nivel estilístico, es «más sólido. Su ídolo es Capablanca. Le gusta jugar partidas largas, igualadas, equilibradas, intentando ganar un peón y coronarlo. Es romántico en ese sentido, posicional se llama». David le resulta «más completo, híbrido, universal. Aunque este campeonato lo ganó contra las reglas. Empieza a saber, y es una característica de maestro, cuándo doblar peones, quedarse sin enroque, sacar la dama rápido o llevar un caballo al borde. Arriesga más, aunque le cuesta».

«Aquí hay mucha libertad»

«Estar juntos en el club nos ayuda a mejorar», reconoce Mateo. Los dos pequeños asisten a dos clases por semana. Añaden otra hora de entrenamiento personal en los días restantes. A Mateo, que también practica fútbol en el Moledo, le inculcó la afición ajedrecística su padre, que milita en el Vila de Bouzas. David, cuya hermana Marta también juega, no lo atribuye a una tradición. «Mi primer recuerdo es jugando online».

«Son dos chicos extraordinarios, con familias muy sensatas. La prioridad son los estudios y el futuro de sus hijos», aprecia Páramos. Ambiciona para sus pupilos el título vitalicio de maestro FIDE o GM sin obsesionarse. «Aquí hay mucha libertad. Es un método, un ambiente. No se obliga a nada». Anticipa que David y Mateo, como todos, se enfrentarán a las tentaciones y dudas de la adolescencia, a la universidad y las mudanzas, a la emancipación y el trabajo. «Esta es una carrera de fondo.Deben hacer lo que les apetezca».

«Llegar lo más lejos posible», fija David como su objetivo en el ajedrez, inclinado sobre el tablero. Las plataformas digitales miden cada partida según 25 parámetros. Cualquiera de ese asomo al infinito se inicia con la delicada mano de un niño moviendo una pieza. Mateo concluye: «Y divertirnos».

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