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Fútbol

Anatomía de una deshonra

Flick sufrió en el Metropolitano la mayor bofetada desde que se sienta en un banquillo azulgrana nNunca le había ocurrido en el Bayern, ni con Alemania, ni siquiera con el Barça

Hansi Flick, el pasado jueves en el banquillo del Metropolitano. | EFE

Hansi Flick, el pasado jueves en el banquillo del Metropolitano. | EFE

marcos lópez

Barcelona

No hay peor derrota que no ser lo que siempre ha sido el Barça de Flick. Un equipo desatado en ataque, al que le cuesta defender con orden e inteligencia. Ni una cosa ni otra fue en Madrid, donde el técnico alemán recibió la mayor bofetada desde que se sienta en un banquillo como máximo responsable.

Nada similar le había ocurrido antes a Hansi. Ni con el Bayern, ni con la selección alemana, ni siquiera con el Barça, cuyo mayor tropiezo se remontaba, curiosamente, a cuando salió zarandeado del Sánchez Pizjuan. Nada resulta, comparable al descenso a los infiernos sufrido este jueves en el Metropolitano ante el Atlético más ofensivo construido nunca por Simeone.

Recibió su equipo «una lección», como admitió el propio Flick. Una lección de lo que no se debe hacer, donde todo lo planeado por el Cholo Simeone salió de maravilla aunque no contaba con el inestimable regalo de Joan Garcia en el 1-0 . En el 2-0 lo que era un saque de esquina a favor del Barça se convirtió en la antesala del tanto de Griezmann. Desnudo, seco y maniatado como quedó el técnico por las circunstancias. Primero, las bajas que desfiguraron el rostro de su equipo: Pedri y Raphinha siguen lesionados, mientras Rashford, con molestias, también se quedó en Barcelona.

Esas ausencias le dejaron sin recursos y, además, la apuesta por Marc Casadó tampoco funcionó. Poco más de media hora aguantó el plan de Hansi, obligado a sustituir al canterano. Puso a Lewandowski, ya con 3-0 en el marcador, para reorganizar al Barça con Olmo acompañando a De Jong y Fermín. Pero no tuvo su equipo la inteligencia táctica para detener la hemorragia. En el tiempo añadido y por el mismo territorio en el que se construyó el gol de Lookman apareció el conjunto del Cholo para redimir a Julián Álvarez.

El Barça, y Flick, vivieron una noche desastrosa. De incapacidad y respuesta en la primera mitad para contener lo que se le venía encima a impotencia y frustración en la segunda: solo un tiro a puerta azulgrana y fue de Fermín, repelido por las manos de Musso. Luego, la nada.

Tuvo el balón, pero sin sentido ni veneno, entregado a que Lamine Yamal encendiera la luz dentro de esa infinita oscuridad. Pero Simeone, intervencionista y acertado en la pizarra, le ahogó con Ruggeri, por el poderío físico de Marcos Llorente, mientras Griezmann, libre y feliz, se paseaba por el Metropolitano.

Cuando entró al partido, el Barça ya perdía por 4-0. Cuando quiso reconectarse no halló la solución y se marchó atormentado porque no fue lo que siempre era, fiable en sus virtudes y reconocible como acostumbra en los errores. Al menos, con Flick. «La peor noche fue contra el Inter , proclamó después el entre nador alemán, asumiendo que allí, en San Siro, ya no había opción para revivir. Ahora, sostiene Hansi, todo es posible.

Y en vez de pensar en remontar un 4-0, tal si fuera el Barça de Luis Enrique con el PSG de Unai Emery, que claudicó ante Sergi Roberto, eligió la vía más asequible en el plano mental para diseñar desde las ruinas de l Metropolitano el proceso psicológico de una posible noche histórica dentro de tres semanas en el partido del Camp Nou, ya con Pedri, Raphinha y Rashford en el campo: «Debemos ganar dos mitades por 2-0. ¡Volveremos!», pregonó el alemán, dolido con el VAR y el arbitraje. Pero asumiendo que «no había excusas» para esos 45 minutos en los que el Barcelona se deshonró a sí mismo.

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