Tenis
El vigués que ganó un set a Alcaraz
Martín Millos, en la actualidad entrenador asistente de la UIW en San Antonio, rememora el duelo que siendo cadete le enfrentó en Madrid con el actual número uno del mundo

Martín, al fondo de la pista restando. / Cedida
Cada vez que se sienta a ver un partido de Carlos Alcaraz la mente de Martín Millos regresa de forma involuntaria al mes de abril de 2017. En la tierra de Madrid, cuando el tenis y él aún no sabían qué clase de relación iban a establecer en el futuro, el jugador vigués se cruzó en la pista con el murciano para disputar un duelo intenso que después de dos horas cayó del lado de quien hoy es número uno del mundo. Lo normal es que aquel quedase como un partido más, como uno de tantos que permanecen almacenados en la memoria durante un breve periodo de tiempo ante de desaparecer para siempre. Pero la grandeza de Alcaraz cambia la perspectiva y aquel partido ya se ha quedado a vivir fresco en el recuerdo de Martín y de quienes circulan a su alrededor.
Martín Millos tiene hoy 24 años y desde hace siete vive instalado en Estados Unidos donde compatibiliza los estudios con el tenis, enfocado ahora en el entrenamiento. Ya empieza a quedar atrás el tiempo en el que consiguió ser subcampeón gallego del Máster absoluto. Fue por aquel entonces cuando se produjo su encuentro con Alcaraz en uno de los torneos de promoción que se organizaban previos al Mutua Open de Madrid. Al vigués no le había ido demasiado bien en dos citas anteriores y probó suerte en la capital. Tenía un buen ranking y serias opciones de progresar, pero en octavos de final se le apareció un murciano llamado Carlos Alcaraz Garfia: “Tenía solo catorce años en aquel momento. Nunca le había visto jugar, pero ya era campeón de España infantil y eso te da una idea de que vas a jugar contra alguien que tiene nivel. Recuerdo que otro jugador gallego que se había cruzado con él unos meses antes me avisó ‘ten cuidado que ese chaval juega mucho’. Y vaya si jugaba...”

Detalle del cuadro de emparejamientos con Alcaraz / Cedida
El partido
El partido resultó equilibrado. El primer parcial fue para Alcaraz por un 6-1; Millos se llevó el segundo por 6-7 y en el tercero y definitivo el murciano, que acabaría jugando y perdiendo la final del torneo, se hizo con la victoria por 6-2. Martín sonríe por el orgullo de aquel enfrentamiento y por ciertos detalles que tienen que ver con la percepción que del tenis y del juego se tienen desde dentro y desde fuera: “Cuando acabó el partido mi madre me dijo que lo tenía que haber ganado, que lo tuve en mi mano. Pero mi sensación dentro de la pista fue que era muy inferior a él…me sentí así. Era dos años más pequeño, una diferencia que a esas edades es muy grande, pero yo sentía que él tenía mucho más y estaba por encima, que tenía una marcha más pese a ser tan pequeño”. Martín va añadiendo más detalles a la historia: “Ahora se le ve mucho más extrovertido, pero entonces era callado, educado, correcto…jugaba muy bien. Uno nunca imagina en ese momento que puede llegar a convertirse en el mejor del mundo, pero es evidente que tenía condiciones especiales, hacía cosas impensables en alguien de su edad. Vamos, que luego no te resulta tan extraño que haya llegado a ese punto”. Porque Martín tiene claro que estamos ante quien será el gran dominador del circuito a nivel mundial: “Tiene más que el resto. Y además es tan bonito verle jugar, lo hace especial, diferente…A veces piensas que a determinado nivel es imposible mejorar, pero entonces llega Australia y te encuentras que es capaz de mejorar tanto el saque”

Martín, con la equipación de su equipo. / Cedida
Estudios en Kansas
Mientras Alcaraz escalaba hacia la cumbre, Martín Millos hizo un recorrido del que también se siente orgulloso. El tenis ya no fue el centro, sino el camino para muchas cosas que hoy han configurado su carácter y su vida. Con una beca se fue a estudiar Bioquímica al McPherson Collegue en Kansas donde los estudios y el tenis se fueron dando codazos para llenar las horas de su día. Jugó durante esos años con el equipo de la universidad y ganó tres títulos regionales en dobles. El máster que actualmente estudia le obligó a dar un doble salto: geográfico y también de rol en el mundo del tenis. Se trasladó a San Antonio y allí se convirtió también en el entrenador asistente del equipo femenino de la UIW que compite en la segunda categoría de la NCAA. Martín dice sentirse cómodo en su papel de entrenador (“más de lo que podía imaginar al principio”) hasta el punto de que no descarta que por ahí se le abra una interesante salida profesional: “Es pronto para tomar decisiones, pero ya iremos viéndolo”. Al vigués se le ha ido llenando la semana y a los entrenamientos con el equipo de la universidad ha añadido trabajo a otros jugadores a nivel particular. Entre ellos se encuentra una joven con la que no escatima elogios: Nadia Valdez. “Tiene dieciséis años y es un talentazo. Es pronto para decirlo, pero tiene condiciones para llegar muy lejos. Es un nombre a tener en cuenta para el futuro del tenis y pronto la veremos en torneos importantes”.

Uno de los momentos del entrenamiento en la Universidad de San Antonio / Cedida
Martín explica que en Estados Unidos el nivel del tenis universitario ha ido creciendo “desde que se le puede pagar a los jugadores y ahora mismo el nivel es bastante alto. Eso nos obliga a todos a mejorar en todos los aspectos”. En este sentido el vigués se plantea el futuro con tranquilidad: “Me gustaría trabajar unos años más en Estados Unidos y luego regresar a casa”. Ve recorrido en el tenis, pero aún no tiene decidido que ese vaya a ser el camino: “Lo pensaré”. Mientras, a su alrededor observa con curiosidad (y algo de disgusto) el crecimiento del “picketball” que hace furor en Estados Unidos: “Es alucinante. El otro día en una instalación de doce pistas solo estaba yo jugando. Al lado había diez de “picketball” y era una locura de gente”
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