Artes marciales
El asombroso viaje de Guntín
El vigués adiestra a más de un centenar de alumnos en la disciplina del jiu jitsu brasileño, que aprendió en Venezuela
Es el único cinturón negro gallego que ha ganado una medalla continental

José Lores

Acuden en decenas al local del Club de Remo Vigo, en la calle Eduardo Cabello. Hay policías nacionales y locales de Vigo, O Porriño y Pontevedra; también portuarios, cruzando la cercana verja. Responden al reclamo bomberos y el rescatador del helicóptero con base en Peinador. Otros estudian o bregan en fábricas, interrumpiendo sus rutinas. Y algún que otro médico, como de Povisa. Nada los define, en realidad, entre los 15 y los 67 años. Escasean las mujeres, ciertamente, y se ausentan los niños pequeños. Xosé María Guntín, alma de Arte Suave Vigo, ya planea ponerle remedio, seguramente en septiembre, con clases específicas. Es su magisterio el que cohesiona a esta grey variopinta. Guntín predica el jiu jitsu brasileño. El único cinturón negro gallego que ha conquistado una medalla europea.
Vigués de 48 años, de joven había practicado lucha o full contact sin especial rigor. Tampoco ninguna variante del jiu jitsu había causado furor en su entorno. Apenas Javier, un experto de aikido, había comenzado a difundirlo desde el Gimnasio Simón. Manuel Espiña, entonces cinturón azul, era otro de los pioneros. A Guntín, que los fines de semana ejercía de portero en una discoteca, le habló primeramente del asunto Gus Gainzarain, entonces rugbier y hoy figura de las pesas rusas.
–Es como el judo. Pruébalo.
La epifanía, sin embargo, le llegó en 2006, cuando se mudó por trabajo a Venezuela, donde ya había vivido brevemente en 1998. El jiu jitsu brasileño añade al golpeo en pie del estilo tradicional el trabajo en suelo con llaves, estrangulaciones y luxaciones. La familia Gracie, de origen escocés, desarrolló este sistema en Sudamérica a comienzos del siglo XX. Guntín se inició bajo la tutoría de Francisco Salvador en la academia Alliance, una de las más prestigiosas. Cuando Salvador abandonó el país, como tantos, Guntín siguió a un compañero, Eduardo Mulki, en la fundación de Arte Suave.
El regreso a casa
Con Mulki completó su formación y también se estrenó como profesor con los más pequeños. Luego, en sus veranos olívicos, conservaba el ritmo en el Progress Gym. Hasta que en 2018, junto a su mujer y su hija, decidió regresar definitivamente a Vigo. En la maleta había empacado también la ilusión de dedicarse plenamente a la enseñanza de su arte marcial. La Vieja Escuela y Centaurus le abrieron sus espacios. Y en diciembre de 2024 se instaló por su cuenta.

Xosé María Guntín. / FdV
Esqueje de la escuela de Mulki, quien acude anualmente desde Caracas a impartir clases maestras, Arte Suave Vigo opera desde entonces sobre el tatami que Guntín compró e instaló sobre la sala cedida por el club de remo. Setenta metros cuadrados que proyecta ensanchar para atender la ingente demanda. Los treinta alumnos que llegó a congregar en Centaurus ya superan el centenar. Ocupado mañana y tarde en su labor, Guntín está esculpiendo su propia promoción de ayudantes; Óscar, Pablo, Álex, «los más avanzados», que en breve le ayudarán a ampliar su oferta.
A sus puertas, por el momento, llegan miembros de fuerzas de seguridad que quieren profundizar en las técnicas de reducción a las que se asoman en los cursos oficiales. También cincuentones que pretenden perder peso –«alguno ha bajado 20 kilos en seis meses»– ejemplifica. Y jóvenes,entusiasmados con lo que han contemplado en las peleas de artes marciales mixtas. El jiu jitsu brasileño es una de las especialidades que aplica Ilia Topuria. Ya Royce Gracie, vástago de la saga original, lo popularizó en el primer evento de UFC (Ultra Fight Championship), en 1993, que conquistó doblegando a rivales que lo desbordaban en estatura y peso. «Desde ese momento empezó a crecer en Estados Unidos y a partir de ahí, como suele suceder, también aquí», entiende Guntín, que advierte, sobre cualquier enfoque particular: «La disciplina, el respeto y la perseverancia son pilares fundamentales».
Prometedores talentos
Aunque se imparte en varios gimnasios, la Arte Suave es la única academia específica en Vigo, tanto de la versión Gi (también BJJ, con kimono) como la No-Gi, también conocida como grappling. Mucho varía en táctica y agarres entre la tela y la piel desnuda. Al Campeonato de España de grappling acudirá dentro de poco Angello Jhafat Vásquez representando a la selección de Galicia. Es uno de los talentos moldeados por Guntín, que cuentan en sus filas con un campeón europeo, Pablo, y dos subcampeones, Renato y Lucas, si bien en cinturones coloridos. El único negro en un podio continental ha sido el que él mismo ceñía.
Sucedió hace escasos días, en el IBJJF European Jiu-Jitsu Championship, el torneo continental de la federación más importante del ramo, que se celebró en Lisboa. El vigués, que nunca había competido hasta que volvió de Venezuela, obtuvo el tercer puesto entre doce luchadores del máximo nivel en su categoría Master 4. Una hazaña considerando ese catálogo de averías que enumera sonriente: «Dos hernias, un pectoral roto, sin meniscos en una rodilla... Un desastre. Lo hago más que nada por los alumnos». Por ellos planea viajar al Mundial, que se organiza a partir del 3 de septiembre en Las Vegas, en una expedición conjunta con Mulki y chicos del Arte Suave de Caracas. «Representaremos allí a nuestra ciudad», se enorgullece, abierto a cualquier patrocinio.
Siguen llegando a esa local boucense; gruesos y entecos, tersos y lacios. «Todo tipo de personas», insiste Guntín. «Unos buscan ponerse en forma o una manera divertida de practicar deporte. Otros quieren aprender a defenderse. Y a muchos les gusta enfrentarse a nuevos retos». A todos los recibe Guntín desde su página web como desde su propia historia: «¡Te esperamos para comenzar tu viaje!».
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