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Tiro con arco

Amor al amarillo: la pujanza del MeigArco

Un arquero se enfrenta al peor enemigo cada vez que se apresta al tiro: él mismo. Ese «pánico al amarillo» ha hecho flaquear a muchos. En el MeigArco, además, conviven con restricciones en las instalaciones. Pero perseveran con éxito.

Miembros del MeigArco.

Miembros del MeigArco. / Pablo Hernández Gamarra

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Nada pareciera obstaculizar la inminente trayectoria de la flecha. Solo el aire, sin viento en la sala cerrada, la separa de la diana mientras las palas del arco se curvan y la cuerda se tensa. Muchas son, sin embargo, las fuerzas propias y ajenas que se oponen a la precisión del disparo. Lo saben bien en MeigArco, que luce sus últimos galardones con mayor orgullo.

El primer reto consiste en imaginar que un club de tiro con arco es posible. Celso Enrique Expósito y los tres hermanos Casal, Eugenio, Óscar y José Ángel, a los que había instruido, llevaban tiempo fantaseando con esa posibilidad. El propietario del bajo donde se adiestraban les ponía reparos. Así que aquel día, en una de sus reuniones en la cafetería del zoo de A Madroa, se pusieron a probar combinaciones de palabras. Al MeigArco le acompañó el dibujo de una bruja cabalgando feliz sobre una flecha. Los símbolos de lo que inmediatamente fundaron.

Jesús de Arcos, miembro del club.

Jesús de Arcos, miembro del club. / Pablo Hernández Gamarra

Sucedió en 2004. En 2005 ya estaban compitiendo. Y ahí siguen los Casal, en la directiva y con Eugenio de presidente. La entidad se ha asentado en Redondela, con una comunidad de miembros que fluctúa entre los sesenta y los setenta. Una cifra notable considerando las carencias en infraestructura. Durante la temporada al aire libre practican en el campo de fútbol de Reboreda. Para la temporada de invierno –noviembre, diciembre, enero– y en las jornadas inclementes precisan techo. Una cuestión angustiosa.

De su primer domicilio los expulsaron el pasado otoño los responsables municipales para incrementar los horarios del patinaje. Se vieron abocados a quedarse en casa o empaparse bajo las borrascas. Presionaron y han obtenido el usufructo del pabellón del colegio de Reboreda, bien que en segmentos intempestivos: lunes a partir de las 21:30, miércoles desde las 18:30, sábados desde las 18:00 y si cuadra, a lo mejor los domingos.

Sin jornadas de captación

Con esto se van arreglando. «Siempre hemos intentado tener un perfil bajo como club», explica Melania Sanjorge; Mel, militar de profesión, es la directiva que ejerce de portavoz. «Lo que nos jorobó fue no poder realizar las jornadas de captación. Este deporte ha crecido mucho y más de 30 personas se habían quedado tras los últimos cursos». Al tiro con arco, describe como perfil, llegan sobre todo séniors y veteranos «por curiosidad» más que los niños, a los que puede aburrir inicialmente el trabajo técnico que se requiere.

El MeigArco abarca toda la panoplia: el arco con poleas y el olímpico, con estabilizadores y visor, incluidos en el programa de los Juegos; el tradicional de palas recurvadas, aunque en realidad de modernas fibras de carbono; el arco desnudo y el long bow inglés, recto y de madera. Cada uno, con sus matices en ejecución y tiempo.

Escudo del club.

Escudo del club. / MeigArco

«Es un deporte con un gran compañerismo, en el que sólo te picas contigo mismo. Nadie te pone presión. Eres tú con la diana». Y es precisamente esa intimidad la que se te puede envenenar. «Cuando nadie te conoce todo es estupendo. Cuando alcanzas cierto nivel, la mente quiere demostrar rápido lo que sabes hacer». Lo llaman target panic o miedo al amarillo –color del centro de la diana–. «Es como un tipo de ansiedad». Algunos sueltan la cuerda antes de alcanzar el anclaje idóneo. Otros, por el contrario, se agarrotan en él.

«Es una sensación muy frustrante», describe Mel por experiencia propia. Lo padece desde hace un lustro, tras haber alcanzado altas cotas de rendimiento, y aún sigue empeñada, mediante lecturas y charlas, en el proceso de superarlo. Óscar Casal, de los que más medallas han conquistado en el club, le ha advertido.

–Yo llevo con este demonio mucho tiempo.

«Más o menos lo va controlando. Todo el mundo pasa por eso. Hay que convivir con ello», se resigna Mel. Lo ha asimilado Mónica Ledo, reciente campeona de España en long bow sénior, que se pasó toda la temporada pasada sin competir. En esa misma modalidad ganó el bronce Eugenio Casal. Ramón Garrido acaba de ser campeón gallego.

Son varios más los que han poblado las vitrinas del MeigArco, puntero y familiar. «Pensé en abandonar muchas veces pero tengo gente que me quiere un montón y que me ha dicho que hay que seguir adelante pese a las adversidades», argumenta Mel, a quien el amor al amarillo compensa cualquier pánico. «Eres un tiraflechas o eres un arquero, repetimos siempre». En su club lo tienen claro: «Esto es una forma de vida».

Teo, Mauro y Ramón.

Teo, Mauro y Ramón. / Pablo Hernández Gamarra

Sonrisas de abuelo, padre e hijo

En los Iglesias se condensa la transversalidad del MeigArco. Ramón, Teo y Mauro; abuelo, padre e hijo, unidos por una misma pasión igual que por la genética. «El club es uno de nuestros centros de reunión, donde nos juntamos con amigos y compañeros. Una segunda familia», resume Teo.

Él, aun siendo el intermedio, inició la saga en 2005. «Me empeñé porque quería practicar la caza con arco. Pero una vez que empecé a tirar a diana ya cambió esa idea y me volví adicto al círculo de colores».

Como entonces carecía de carnet de conducir, su progenitor, Ramón, ejercía de chófer. «En vez de esperar aburrido, decidió realizar el cursillo de iniciaría él también». Aunque comenzaron con modalidades diferentes, ambos han acabado compartiendo el arco compuesto como su principal instrumento. Al comienzo, para ahorrarse desplazamientos. Ahora también «para ir juntos a los torneos y picarnos un poco en los entrenos», admite Teo.

Mauro ya asegura la prolongación de la estirpe. Hoy de 7 años, se unió con sólo 3. «Conoce el tiro con arco desde que nació. Compartir afición con tu padre y tu hijo es algo que recomiendo. Nos gusta competir y ganar, como a todos, pero se ha convertido en algo más».

El trío, que también se ejercita por su cuenta «para estar donde nos gusta, arriba», se alineó astralmente en el último Campeonato Gallego de sala: cada uno de ellos quedó segundo en su categoría. «Abuelo, padre e hijo nos marchamos con una sonrisa igual de grande».

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