Atletismo
Subida ao Castro, la ascensión de los siglos
Ninguna carrera más viguesa que la Subida ao Castro, que se disputará este domingo si la meteorología lo permite. En sus 3.000 metros se concentra la historia de la ciudad.

Participantes encaran el tramo final en la edición inaugural. | FIRMA

Vigo, aunque haya crecido a lo ancho, recostándose sobre la ría y esparciéndose por los valles, se relata cuesta arriba, en 643 escalones. Desde la ribera de pesca y salazones hasta la fortaleza que contempló a los galeones hundirse. Desde el mar que surcaron los fenicios buscando estaño hasta el poblado castreño que se soñó hogar. Desde el puerto que lloró a sus emigrantes hasta las calles que los han acogido. Tantos dioses diferentes, tantos anhelos colmados o aún incumplidos, en apenas tres kilómetros y 150 metros de desnivel, que este domingo volverán a recorrerse. Veintitrés siglos, comprimidos en un puñado de zancadas y minutos. El alma de la ciudad se condensa en la Subida ao Castro.
La prueba se le ocurrió a Guillermo Janeiro aquel día de 2006 en que le leyó a Julian Hernández que esas nalgas esculpidas en el esfuerzo de subir caracterizan a los vigueses tanto como su voluntad. Ejercicio y metáfora.
–Venga, vamos a organizar una prueba que lo demuestre.
Lo pensó y lo dijo en voz alta. Su madre, Marta Alfageme, lo estaba escuchando. Fundadora de la agencia Errepetrés, empresaria hiperactiva, Alfageme secundó el proyecto con su energía habitual. «Ella fue la impulsora. Nos puso en el camino», rememora Guillermo. «Siempre nos apoyó. Si nos gustaba la bicicleta, pues organizábamos una carrera. Y así llegamos a realizar tres pruebas seguidas de la Copa del Mundo».
No pudo disfrutar demasiado de su última iniciativa. La I Subida ao Castro se celebró el 10 de diciembre de 2006. Marta fallecía de enfermedad cardíaca el 21 de mayo de 2007, un par de semanas después del evento ciclista en los montes de Coruxo. «Veo las fotos y ahí está», se emociona su hijo.
Guillermo ha protegido el legado, ahora a través de Single Track Outdoor Sports. «Creíamos que Vigo podía tener una carrera diferente a las de 5 km o 10 km que ya había entonces, aprovechando la orografía». Hoy, casi 20 años después, siente que la Subida ao Castro se ha consolidado en la agenda deportiva y social. «Es un orgullo haber hecho algo distinto y a la vez representativo de la ciudad».
La edición inaugural apostó por una trayecto directo, de 2.500 metros y 357 escalones. Lo afrontaron 150 corredores, suficientes ya para que se montase algún tapón en tramos como las escaleras de la Cruz Roja. Marcial Rodríguez, exciclista profesional, cruzó antes que nadie las puertas. Tardó 7 minutos y 35 segundos. Mariana da Noite Fernández Guardiola fue la primera mujer. «Me había enterado por Guillermo Janeiro, que es amigo mío. Me comentó el reto y me pareció divertido», recuerda Marcial. «Era una novedad en cuanto al perfil. El esfuerzo resultó difícil de gestionar por ser una distancia corta y con muchas escaleras y fuertes pendientes, lo que hace la prueba muy exigente».

Salida de la primera edición, con Marcial (primero por la derecha). / María Muiña
Marcial repetiría triunfo al año siguiente y aún competiría en otro. «La prueba ha ido mejorando y cada año la participación es mayor, consiguiendo ser una prueba referente en el calendario», valora. La multiplicación de inscripciones, hasta de 800, ha obligado a ampliar el itinerario inicial por las calles del ensanche. De esta forma se alarga el pelotón y se evitan aglomeraciones. La fecha, además, se movió del diciembre original a enero en 2017. Lo solicitó el concelleiro de Deportes, Manel Fernández, porque al circuito Run Run Vigo se le habían acumulado las citas en el último trimestre.
La Subida ao Castro inaugura así el año atlético, cambiante pero fiel a su esencia y afectada por las contingencias de su longevidad. En 2022 se efectuaron dos salidas para cumplir con las normas sanitarias en los retales de la pandemia, que había obligado a suspenderla en 2021. En 2025 se aplazó una semana por culpa de las inclemencias, que también amenazan la inminente. «No soy Martín Barreiro ni tengo capacidad de modificar la meteorología. Lo que venga, vendrá», se resigna Janeiro.

Participantes en la edición del año pasado. / JOSE LORES
La Subida ao Castro también ha ejercido como registro de las novedades que ha ido experimentando el urbanismo vigués. En 2022 la Subida empleó el bulevar de Gran Vía y doce meses después estrenó la reforma de la Porta do Sol. Se ha adaptado igualmente a las obras que han ido recuperando el esplendor del Casco Vello. «Estoy a favor de las rampas y ascensores», bromea Janeiro, agradecido a los consistorios que se han sucedido durante estos años: «A Lucía Molares (PP) le contamos esta batalla y le entusiasmó; nos dijo que adelante. Xabier Alonso (BNG) nos incitó a superarnos y mejorar, como con el cronometraje electrónico. Manel Fernández (PSOE) impuso una serie de infraestructuras que ayudan. Todos han colaborado con nosotros».
A partir de las 12:00
Trasversal en lo ideológico y vertical en lo físico, de piedra y ladrillo, de tierra y hierba, con las Cíes como tapiz de fondo, la Subida ao Castro volverá a congregar este domingo, a las 12:00, a cientos de vigueses dispuestos a repetir el viaje de las generaciones que los precedieron: «Siempre estoy esperándolos en la meta y tengo miedo de que me coman», describe Guillermo. «Llevo 20 años ahí. Al principio no me hablan. Me miran con mala cara. Se tiran sobre los parterres y pienso que quizá nos estemos pasando. Pero al cabo de cinco minutos recuperan la voz y la respiración. Todos dicen que les gusta». Es lo suyo.
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