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Juegos Olímpicos de Invierno

La hazaña de Vonn acaba en drama

El intento de la estadounidense de subir al podio olímpico con una de sus rodillas rotas se acabó en 13 segundos tras un enganchón en una puerta

Momento en el que Vonn se engancha en una de las puertas y se desequilibra durante el descenso. | AP

Momento en el que Vonn se engancha en una de las puertas y se desequilibra durante el descenso. | AP

sergio r.viñas

Madrid

En 13 segundos, ¡pam!, el anhelo de contemplar una hazaña histórica mutó en un profundo y colectivo silencio de preocupación. Fue estremecedor observar el cuerpo inmóvil de Lindsey Vonn sobre la nieve de Cortina d’Ampezzo, gritando desconsolada de dolor. No merecía la leyenda estadounidense semejante desenlace en estos Juegos Olímpicos, pero el esquí alpino tiene la crueldad tatuada en su identidad.

Vonn, ayer, durante el calentamiento. | AP

Vonn, ayer, durante el calentamiento. | AP

Pretendía Vonn un imposible al que solo ella podía borrar el prefijo. Con 41 años y una rodilla de titanio ya era asombroso su rendimiento sobre la nieve, todavía ganando, tras seis temporadas retirada. La realidad le colocó hace nueve días un desafío todavía mayor, pues en la última prueba de la Copa del Mundo previa a estos Juegos, se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla sana, la izquierda.

Las asistencias sacan a la esquiadora en un helicóptero. | AP

Las asistencias sacan a la esquiadora en un helicóptero. | AP

Vonn se negó a la renuncia, no había llegado hasta aquí para no cruzar la última puerta, aunque fuera coja. Confirmó su presencia en el descenso de este domingo, en su prueba predilecta, y demostró su capacidad de volver a alcanzar la gloria en el último de los entrenamientos oficiales, finalizando tercera a medio segundo de su compañera Breezy Johnson que ayer acabaría por conseguir la medalla de oro. No era un resultado extrapolable, pero sí una demostración de que podía presentar batalla. Era competitiva aunque seguramente no como en esta temporada en la que ya había sido capaz de ganar un par de pruebas de la Copa del Mundo. La ganadora más veterana de la historia de la competición.

Y ahí se lanzó Vonn, con el dorsal 13 en el pecho, hay quien pensará que eso era un mal fario. Por la radio le narraron que el recorrido estaba en perfectas condiciones, que apretara. Todo en sus manos. Mejor escrito, todo en su rodilla y en la capacidad que tuviera para soportar un dolor para el que, dice, no ha necesitado medicarse.

13 segundos después, sin embargo, el horror. En el primer salto del circuito su bastón se golpeó contra una de las puertas cuando acababa de despegar de la nieve. Su cuerpo se giró hacia atrás, perdiendo un equilibrio ya imposible de recuperar. Todo el peso de su cuerpo cayó sobre esa rodilla izquierda que se había destrozado hace poco más de una semana. ‘Game over’.

Todo el público que aguardaba su llegada en la tribuna de la meta cambió el júbilo por el estremecimiento, de inmediato por el silencio. De fondo, mientras acudían los equipos de rescate, se escuchaban los desgarrados gritos de dolor de Vonn, inmóvil sobre la nieve, la peor de las derrotas.

La última imagen que estos Juegos Olímpicos observaron de Vonn fue tumbada sobre una camilla surcando el cuelo de Cortina, evacuada por el helicóptero de rescate rumbo al hospital más cercano. La hazaña resultó ser un drama, que su compatriota Breezy Johnson ya vivió desde el sillón del líder de la clasificación. Acabó ganando el oro, por delante de la alemana Emma Aicher (plata) y la italiana Sofia Goggia (bronce). Un triunfo de la vigente campeona del mundo que no mitiga el dolor de la delegación estadounidense.

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