Tenis en silla de ruedas
Tan lejos, tan cerca: Martín de la Puente, tras Australia
«Nada más salir estaba decepcionado conmigo mismo pero ahora estoy más contento, mucho. Satisfecho, no sé si llegaré a estarlo», comenta Martín de la Puente sobre su derrota en la final del Abierto de Australia

De la Puente, a la conclusión de la final. | Aarón Favila

Había llegado a Peinador desde Australia el domingo de noche y ayer, aprovechando el madrugón provocado por el jet-lag, ya se había embarcado en un viaje por carretera a Barcelona. Así oscila Martín de la Puente en este punto de su carrera, siempre entre lo distante y lo cercano. Un nómada que añora el hogar. Un aspirante que acaricia la gloria. Sin rendirse jamás ni hurtarle una confesión desnuda al espejo.
A 17.700 kilómetros, los que separan Melbourne de Vigo, Martín ha vuelto a flirtear con conquistar el primer Grand Slam individual de su carrera. Ya había disputado la final de Wimbledon en 2024. Lo derrotó el local Alfie Hewett (6-2, 6-3). En su segundo asalto, esta vez en el Abierto de Australia, el japonés Tokito Oda ha ejercido de verdugo (6-3, 2-6 y 2-6).
Son nombres que se repiten inevitablemente en la trayectoria del vigués, que en dobles sí ha ido colmando sus aspiraciones –bronce olímpico en París y títulos en Estados Unidos 2022 y Wimbledon 2025–. En realidad, el inglés y el nipón figuran en las pesadillas de cualquier jugador del circuito de tenis en silla. Hewett, número uno mundial, acumula a sus 28 años diez títulos de Grand Slam desde 2017 (2 Australia, 3 Roland Garros, 1 Wimbledon, 4 Estados Unidos); Oda, número 2, ha alcanzado los ocho con este reciente pero comprimidos desde 2023 (2 Australia, 3 Roland Garros, 2 Wimbledon, 1 Estados Unidos) y amenazando con la hegemonía desde sus escasos 19 años.
«Es bueno para el tenis en silla que haya dos chicos que jueguen tan bien», sostiene Martín de la Puente, un número tres de 26 años sin asomo de envidia o de ceguera ante la realidad del palmarés. «Son los que marcan el nivel a día de hoy. Eso provoca que los demás tengamos que mejorar para acercarnos. Te obliga a ver cómo puedes apretar».
No se les puede eludir, en consecuencia, cuando llegan las grandes citas. Al menos uno se interpondrá en el camino. En las canchas azules de Melbourne Park han sido los dos. De la Puente se cruzó con Hewett en semifinales. Se habían medido en 31 ocasiones, con solo dos victorias para el vigués; una sobre tierra y otra sobre pista dura. Sobre esta superficie ahora son dos. De la Puente se impuso por 6-4 y 6-4 en 87 minutos.
«Haberle ganado a Hewett personalmente para mí es importante. El head to head era casi imposible», admite. «Es lo bonito del deporte, de las estadísticas; ser capaz de mejorarlas, de plantarle cara a los favoritos. Y con eso me quedo. Hay que ser consecuente. Claro que me hubiese encantado ganar la final y sin perder un set. Pero los mejores del mundo también juegan. Y estoy listo para competir con ellos».
La gesta disparó su confianza en el duelo definitivo, ante un Oda que se había deshecho del argentino Gustavo Fernández por el otro lado del cuadro (6-1, 7-6). Aún se incrementó su esperanza cuando se llevó el primer set por 6-3. Pero Oda reaccionó con un doble 2-6 (el cara a cara queda 2-16). «De los ocho sets que hacen falta tenía siete», bromea De la Puente, que en las dos primeras rondas había vencido al neerlandés Spaargaren (7-5, 6-4) y al francés Houdet (6-3, 6-2). «Sientes que estás cerquita, que eres competitivo con los números 1 y 2 del mundo, que venían ganándome mucho últimamente. Y es bueno sentirse así. Hay que ser inteligente y sincero con uno mismo. Normalmente siempre me cuestan las semifinales. Se ha hecho un gran trabajo y hay que ponerlo en valor».
Esos escasos centímetros que han separado a De la Puente, con su bandeja, de Oda, con su copa, pudieran antojársele una distancia sideral. En ocasiones el infierno reside en lo que casi sucede. De la Puente, al contrario, no se mortifica. «Yo creo que ha sido una muy buena semana y un muy buen mes en Australia», evalúa. A mediados de enero quedó campeón de dobles en el Victorian Open, elevándose hasta el número 1 del escalafón en esa modalidad. «Pues claro que me da mucha rabia que haya terminado así. Pero hace tiempo que no estaba en una final de Grand Slam y la competí. El partido se escapó y soy capaz de aceptarlo. A veces no se trata sólo de ganar, sino de aprender y hacerte más fuerte. Nada más salir estaba decepcionado conmigo mismo pero ahora estoy más contento, mucho. Satisfecho, no sé si llegaré a estarlo».
Cambio de entrenador
La existencia, aunque sea a su pesar, con ese síndrome de Proteus que ha requerido innumerables intervenciones quirúrgicas, entre ellas la amputación de su pie izquierdo cuando tenía 8 años, lo ha preparado para pruebas más exigentes que cualquier reto deportivo. «En mi vida me ha tocado vivir una serie de infortunios que no se los deseo a nadie; vivir con una discapacidad, aceptarla, todo el proceso... Y el deporte va de eso, de aprender, de madurar», reflexiona. «Mentalmente el tenis es un deporte muy duro. He sabido jugar de manera inteligente».
Ha detectado, además, una progresión evidente en varios aspectos del juego: «Aunque ellos (Oda y Hewett) tienen muy buen servicio, he sido capaz de sacar ventaja con mi resto. Eso hace que afrontes los juegos con tu saque de manera mucho más tranquila. Es un cúmulo. Cuando eres capaz de proponer un nivel cercano al que proponen, ellos también dudan. Ya no es una monotonía. Se trata de quién está mejor ese día».
De la Puente, en este inicio de 2026, ha afrontado sus primeros eventos tras cambiar de entrenador. A Fernando San Martín, durante ocho años en Barcelona, le ha seguido Róber Rodríguez, con el que realizó la pretemporada en Vigo y que le ha acompañado en Australia. «Estoy muy agradecido a Róber y al Club de Campo. Hemos sabido darle la vuelta a esos miedos que conllevan las novedades, cuando sales de tu zona de confort. La experiencia de Róber me ha ayudado a sobrellevarlo, pensar más estratégicamente en la pista y regular las emociones».
Todavía cavila cómo compaginar estancias más prolongadas en casa con las ventajas de la Ciudad Condal: instalaciones del CAR de Sant Cugat, preparador físico, nutricionista, mejores conexiones aéreas... «Lo estoy barajando.Como en Vigo siento que no estoy en ningún sitio, pero tengo la vida bastante asentada en Barcelona. Tenemos que poner todo en la balanza y ver qué compensa más. No me quiero apresurar. Ya he tomado suficientes decisiones importantes estas Navidades. Veremos cómo va fluyendo todo».
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