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Tenis

Alcaraz reescribe la historia en Australia

El murciano vence a Djokovic y alza el único de los cuatro Grand Slams que le quedaba por ganar en su carrera, convirtiéndose, a sus 22 años, en el más joven de todos los tiempos en hacerlo

Alcaraz cae al suelo
tras el último punto.
|  Asanka Brendon

Alcaraz cae al suelo tras el último punto. | Asanka Brendon

A. Briva/A. Guasch

Barcelona

Ser el mejor de la historia ya no es una osadía para Carlos Alcaraz, que después de superar a Novak Djokovic en la gran final del Open de Australia (2-6, 6-2, 6-3 y 7-5), se convirtió en el tenista más joven de todos los tiempos (22 años y 272 días) en ganar los cuatro Grand Slams, superando el récord de Don Budge, que lo logró hace ya 88 años, cuando todavía ni se asomaba la Era Open.

Djokovic, decepcionado.
| Xinhua

Djokovic, decepcionado. | Xinhua

Fue el séptimo título de Grand Slam para Alcaraz antes de los 23 años, otro hito que nadie nunca había conseguido, poniendo su firma de campeón en el lugar soñado y en el que tantas veces se había quedado sin premio el tenis español. Pero para él está claro que no hay reto imposible y que su andadura en el tenis será difícil de superar.

Ni la majestuosidad de Djokovic, ni la ansiedad del reto, ni tampoco la presión del serbio en el inicio fueron capaces de desviar a Alcaraz de su camino triunfal en una final en la que tardó en carburar, pero en la que acabó frustrando el sueño del gran rey de Australia, que por vez primera en su carrera cedió una final en su undécima presencia en el partido por el título sobre la Rod Laver Arena.

Y solo podía ser Alcaraz el que volviera a dejar sin premio a un Djokovic al que su 25º Grand Slam se le resiste ahora de manera más dolorosa que nunca. El español tuvo por fin su venganza soñada de lo sucedido en la final de los Juegos Olímpicos con un título que ya anunció que buscaba desde hace mucho tiempo y por el que aseguró que sería capaz de cambiar todos los que quedan en este 2026.

Lo ansiaba y lo tiene. Y con él, la historia. Nadie nunca ha hecho lo que Alcaraz ha rubricado con la conquista de un Open de Australia que le encumbra ya entre los más grandes de la historia.

Y no fue fácil la conquista, porque Djokovic salió con la idea de vaciar su tanque de energía. Sorprendió el inicio del serbio a un Alcaraz que estuvo desbordado desde el primer punto. Se clavó en el centro de la pista Nole, que dominó con su derecha un primer parcial en el que Alcaraz demostró todo lo contrario.

Le costó tomar el punto al partido el español, que sin fiabilidad en el servicio fue un juguete para el serbio.

Media hora y asombro total ante una versión de Djokovic que requería una respuesta inminente de Alcaraz. Y pese a que tardó más de lo esperado en llegar, el bajón de Djokovic le abrió las puertas. Y el murciano lo aprovechó.

Un mal juego al servicio de Djokovic reabrió el partido entregando la ventaja del segundo set a Alcaraz, que vio la oportunidad de poner el encuentro a su ritmo. Con la presión ya fuera, el español empezó a crecer poco a poco hasta conseguir poner el control del partido de su lado.

Igualó el duelo devolviendo el 6-2 al serbio, que pese a que intentó igualar de nuevo en el inicio del tercero, entendió que había despertado a la bestia por completo.

Toda bola que Djokovic daba por ganadora en los primeros compases, la tenía que ganar dos y tres veces más, haciendo Alcaraz una tortura de ello para el serbio, que con menos piernas cada vez, sufrió en los intercambios. Fallos dolorosos y una versión cada vez más sólida de Alcaraz que le quitó todas las ilusiones.

Difícil resistencia del serbio

Dejadas mortales y golpes imposibles de lado a lado que dejaron tieso a un Djokovic, que solo pudo aguantar las primeras embestidas en un tercer set sin tampoco mucha historia. Cerró filas con el servicio y machacó turno a turno el saque del serbio, que volvió a demostrar que hay que matarlo muchas veces para derribarlo.

Aguantó un primer turno de servicio al límite y fue contrarrestando con cada vez más comodidad los turnos de saque ante un Alcaraz que esperaba. Sobrevivió al intento de Djokovic, que tuvo pelota de rotura en el noveno juego, y a las puertas del tie break dio la estocada final.

Resistió el último juego al resto hasta acabar por los suelos roto en llantos, consciente de la animalada que acababa de conseguir.

La bandera española volvió a ondear en lo más alto de Melbourne Park por tercera vez en la historia, solo Nadal lo había conseguido en 2009 y 2022, en una final que pese a ser más fría de lo esperado, quedará para siempre como la que encumbró a Alcaraz a conseguir uno de los récords más grandes de la historia del tenis.

A todavía más de tres meses de cumplir los 23 años, el murciano iguala con su séptima corona a nombres como los de Wilander, McEnroe o Newcombre, dejando a tiro los Agassi, Lendl o Connors.

A ellos les intentará dar caza en Roland Garros, en un nuevo paso de un jugador del que ya nadie duda su capacidad para llegar a ser el mejor de todos los tiempos.

«Mi equipo ha sido fundamental»

Lejos de penalizar la salida de Ferrero, completa un torneo sublime bajo el mando de Samu López

Carlos Alcaraz no pudo ocultar su felicidad ayer tras levantar un título que llevaba mucho tiempo persiguiendo. El murciano aseguró que ganar el Abierto de Australia es un sueño hecho realidad y el resultado de años de trabajo, tanto en la pista como a nivel mental, después de una final durísima ante Novak Djokovic, al que definió como «una inspiración para todos los deportistas».Tras el partido, y preguntado por la posibilidad de aspirar a todos los grandes en una misma temporada, Alcaraz optó por la cautela. «Prefiero ir torneo a torneo», insistió, sin querer mirar demasiado lejos ni añadir presión extra.Quiso Alcaraz destacar el papel de su equipo, comandado por Samu López después de la salida el pasado mes de diciembre de su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, cuya ruptura se oficializó el pasado 17 de diciembre. «[Los miembros de mi equipo] han sido fundamentales. Me pidieron paciencia, fortaleza mental y aceptar tanto lo bueno como lo malo. Hemos visto una mejora clara en las últimas semanas y eso se ha notado en la pista», señaló. En ese grupo fue integrado como pieza capital su hermano Álvaro Alcaraz.«Muchas veces no eres consciente de lo que estás logrando porque el circuito no se detiene. He aprendido a disfrutar más, a valorar lo difícil que es ganar. Sé que con algunos títulos estoy haciendo historia y es un orgullo ver mi nombre ahí», continuó el nuevo campeón del Open de Australia, torneo que hasta la fecha se le había resistido.La victoria tuvo un significado especial por el contexto previo, con dudas sobre su estado de forma. «Era algo nuevo para mí, escuchar a tanta gente hablando y dudando. Este año llegué con más hambre, más ambición y muy fuerte de cabeza. Para mí significa muchísimo», confesó.Sobre Djokovic, que pasará a ser el número tres del mundo tras su final de ayer, Alcaraz solo tuvo palabras de admiración. «Lo que hace es increíble. Sigue cuidando su cuerpo y su mente para competir al máximo nivel. Jugó un tenis espectacular y está preparado para seguir ganando grandes torneos», destacó, antes de contar que ambos se felicitaron tras el partido en una muestra de respeto mutuo.

Una victoria con revancha

El supercampeón serbio elogia al español: «Histórico y legendario lo que has hecho»

El tenis es un deporte de precisión técnica y de puro esfuerzo físico, en el que se juega sobre los límites, en el que se exige enhebrar una aguja en un estado a veces de extenuación, y subir la piedra que se cae una y otra vez sin que la cabeza se resienta, y la cabeza juega en la élite tanto como un buen saque, un buen resto o una buena dejada, porque sin ella no hay piernas ni golpe nítido ni inspiración, y en esta disciplina tan brutal y tan emocional descolla Carlos Alcaraz, que en Australia se tatuó esa etiqueta tan manida y no siempre merecida de leyenda. Se la merecen de verdad unos pocos y en ese grupo se ha colado el tenista murciano. Lo logró ante leyendas patanegra como Rafa Nadal en las gradas de Melbourne y sobre todo ante Novak Djokovic, un gigante como ninguno, al otro lado de la red. A punto de cumplir 39 años, el serbio se calzó unas zapatillas con el número 24 grabado en verde sobre blanco. Buscaba prevalecer para cambiarlas por otras con el 25, el número de Grand Slams que le hubiera permitido superar a la australiana Margaret Court.La exhibición de la cifra quizá era un juego mental, intimidar antes de empezar. No afectó a Alcaraz y su mente de grafeno. «Histórico y legendario lo que has hecho», le dijo Djokovic de forma caballerosa en la ceremonia de entrega de trofeos. Son dos buenos amigos y se percibió.Djokovic confesó que se sorprendió a sí mismo al alcanzar la final. Alcaraz, más que sorprenderse, necesitaba el título. Lo explicitó en Eurosport con la copa en mano. Empezaba la temporada y empezaba una nueva era sin Juan Carlos Ferrero. La ruptura inesperada dejó perplejo al tenis español. Y el murciano dijo acordarse de los que dudaron de él, de que los que pensaban que sin Ferrero se arriesgaba a deslizarse por una pendiente, lubricada por la desidia y la distracción. «Me acuerdo de la gente que decía que no lo iba a conseguir, que pensaba que vendría y no pasaría de cuartos, que no jugaría un buen tenis… Sí, me acuerdo de esa gente y no de mi equipo, que es lo que tocaría. Es irónico», comentó con un revanchismo más suave y sincero que agrio. «Quería decirme a mí mismo de lo que soy capaz, de estar fuerte mentalmente, de tener ilusión y es en lo que me debería quedar, pero si se me pregunta eso, de quién me acuerdo, es lo que me sale ahora mismo».

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