Atletismo
La sonrisa del guepardo: Ainhoa Repáraz supera dos años de lesiones
Ainhoa Repáraz «es como un guepardo», define su entrenador, Óscar Fernández. Tan veloz como especial, tan intensa como delicada, la joven miñorana ha acariciado el récord gallego en su primer 60 en casi tres años. Atrás quedan un calvario de lesiones y muchísimo trabajo. Ainhoa es un guepardo feliz.

Ainhoa Repáraz, en una visita a Nueva York.

Ainhoa Repáraz rara vez se pone nerviosa o lo exterioriza. Su entrenador, Óscar Fernández, la recuerda en los instantes previos del Campeonato de España, por ejemplo, bromeando con sus rivales. No debería inquietarla, por tanto, un 60 metros lisos en el Jud Logan Memorial, mitin que organiza Ken State. Un simple control en la universidad en la que estudia. A Óscar le confesará, sin embargo, que no ha podido dormir la noche anterior. «En los días previos me sentí bastante agobiada», confirma. La miñorana se sitúa sobre los tacos de salida en la serie previa y respira; un guepardo que se dispone a asaltar su presa.
–Se che acaban os comodíns –le había advertido Óscar.
Los dos apenas se separaron entre mayo y agosto, durante las vacaciones académicas de Ainhoa. Óscar había diseñado un programa específico e intensivo de recuperación. Cada jornada comenzaba casi de madrugada, con los pies descalzos sobre una Praia América aún vacía a esas horas. Una anciana, temprana paseante, los interrumpió en una ocasión.
–¡Veo correr a esta niña y es impresionante!
Impresiona Ainhoa. Ha deslumbrado desde niña, bajo la tutela de Óscar, coleccionando récords y medallas. En verano de 2023 la universidad de Ohio State la reclutó con una beca. De carrera eligió Negocios y Marketing.
Viernes, 23 de enero de 2026. Ainhoa completa su rutina y aguarda el disparo de salida en el gimnasio de Ken State. «El mismo día me levanté tranquila», matiza la viguesa, afincada desde pequeña en el Miñor; actualmente en Baiona. «El trabajo estaba hecho. Quedaba demostrarlo en pista».
Nunca pudo enseñar su talento en Ohio State. Llegó aquel otoño de 2023 arrastrando un esguince de tobillo desde la Liga Nacional en mayo. No se recuperó bien. Le limpiaron la articulación mediante una artroscopia. El sistema estadounidense ofrece medios pero exige resultados, sin ternura ni paciencia. El entrenador de Ohio –«dos de ‘camina o revienta’», define Óscar–, forzó demasiado a la gallega. Ainhoa sufrió en ese mismo pie una fractura por estrés. Le colocaron una placa.
Cambio de Universidad
Es posible que Ainhoa, mientras se tensa como un resorte, se acuerde de las semanas de 2025 que pasó sin apoyar la extremidad, sobre una silla motorizada. O que todavía no haya cicatrizado la angustia que sintió cuando en Ohio State, una potencia atlética, le comunicaron que rescindían la relación tras dos años de convalecencia. Buscó alternativas cerca; la más modesta Kent State University, a 220 kilómetros de su anterior residencia en Columbus.
Ainhoa regresó a Baiona a finales de la primavera sabiendo que su futuro académico está en riesgo. El influjo de aquellos resultados en España ya palidece. «É a a súa derradeira oportunidade», analiza Óscar respecto a lo que se espera de ella en esta mudanza. De ahí sus cuatro meses cogiendo y soltando arena con los dedos, esprintando y saltando, endureciendo cada músculo y afinando cada gesto. Reconoce: «Óscar siempre ha estado ahí, pasase lo que pasase, confiando en mí y apoyándome».
Concluido el verano, ha seguido progresando en Kent. «He madurado muchísimo y me siento mucho más preparada para el momento de la competición», diagnostica. «Han sido años muy duros, lejos de casa, pero también me han servido para conocerme mucho mejor a mí misma».
La recta es de tartán gris. A un lado, una pared azul. Al otro se apiñan decenas de espectadores. Entre ellos, quizás la canaria Yissis Cortijo, que ha facilitado la integración de Ainhoa. «Ayudó mucho competir en mi universidad, rodeada de mis compañeros de equipo y amigos animándome. Sabía que, aunque estuviera lejos de casa, no estaba sola, y que tenía a mucha gente apoyándome desde España a pesar de la distancia», confiesa.
Ainhoa arranca. Nunca será una extraordinaria especialista en 60. Su estatura, próxima al 1.80, la limita. Tarda más que las rivales bajas en alcanzar la verticalidad. Exhibe su mejor versión al aire libre, en los 100, cuando sus interminables piernas la impulsan hacia el horizonte y limitan la caída de velocidad en esos 30 últimos metros donde se deciden las victorias. Con todo, en los test veraniegos, Óscar ya se había asombrado por sus resultados en 30 metros lanzados: 3.14 segundos: «Unha animalada. Sabiamos que estaba ben».
«He aprendido que no todo es atletismo y que para rendir al máximo nivel en la pista es fundamental cuidar todo lo que hay fuera de ella: la salud mental y el llamado trabajo invisible, clave», reflexiona la joven, que el 31 de agosto cumplirá 21 años. «Desde que me he cambiado de universidad estoy mucho más contenta. Estoy profundamente agradecida a mi entrenador en Estados Unidos. Michael Schober me dio una oportunidad tras dos años difíciles y supo ver en mí algo que otras personas no vieron. Me ha dado confianza, apoyo y un hogar». También Óscar concluye que Schober comprende mejor a su pupila: «Ainhoa funciona con cargas de moita intensidade e moita recuperación.... Como un guepardo».
Un ligero desfase técnico
Ainhoa había bordeado la perfección técnica antes de su calvario. Su pierna derecha aún muestra ahora un ligero desfase. En este 60, además, no ejecuta adecuadamente la fase de transición. Disonancias naturales, que el tiempo remediará. Remonta, pese a todo, y detiene el cronómetro en 7.57. La décima mejor marca en la historia de Kent State. A una sola centésima del récord gallego que Ana Peleteiro ostenta desde 2014. «Nos 100 vai voar», pronostica Óscar. Hacia un cielo despejado.
«Afronto la temporada con muchísimas ganas. Me siento preparada y he estado trabajando mucho para volver al nivel al que quiero estar», comenta este guepardo sonriente, que ha fichado por el Celta para las competiciones españolas. «Esta ha sido solo la primera competición. Estoy muy feliz de volver a disfrutar de este deporte y convencida de que los resultados llegarán tarde o temprano. Como siempre dicen mis padres, todo esfuerzo tiene su recompensa y aún tengo mucha Ainhoa por mostrar».

Ainhora Repáraz, durante un antiguo entrenamiento. / JOSE LORES
Una red de Nigrán a Catar
«Horas e horas», repite Óscar sobre el proceso de recuperación al que Ainhoa se ha sometido. Ha edificado su resurrección sobre la fe y el esfuerzo propios. La ha acompañado su entrenador en esta orilla y se ha guiado por sus consejos cuando el océano los ha separado. Ha encontrado eficaces servicios en Columbus y oídos comprensivos en el traslado a Kent. E incluso más allá. La red que la ha guarecido, tejida con afectos y contactos, ha abarcado del hogar íntimo al lejano Catar.
En Nigrán, durante las largas jornadas veraniegas, si convenía por agenda o meteorología, Ainhoa y Óscar pudieron disponer a su antojo de las instalaciones del pabellón municipal e igual en Navidades. «Con el clima que tenemos en Galicia, organizar los entrenamientos no es fácil. Su apoyo es fundamental», agradece la joven al alcalde, Juan González, y su concejal de Deportes, Paco Ferreira. «Vólcanse con nós», ensalza el técnico.
«Imposible non acordarse do doutor Juan Manuel Alonso», añade Óscar. Se conocieron a través de Twitter, donde el vigués se ha convertido en reputado gurú del atletismo. Luego intercambiaron teléfonos. Alonso, médico en su momento de la Federación Española y de World Athletics, trabaja desde hace años en la prestigiosa Aspire Academy catarí. Desde allí ha supervisado el tratamiento de Ainhoa, revisando cada radiografía y ecografía que Óscar le remitía. «Non se sabe se é mellor profesional ou persoa».
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