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La vida es un examen

El Celta Femxa Zorka se juega este sábado en Navia las escasas opciones de incomodar el ascenso directo del lujoso Azul Marino. En fechas complicadas para una plantilla celeste que incluye a ocho jugadoras que compatibilizan deporte profesional y estudios; varias de ellas, en plena época de exámenes, con el desgaste que implica

Cantero se dirige al público en la presentación del equipo, con la plantilla y el cuerpo técnico al fondo.

Cantero se dirige al público en la presentación del equipo, con la plantilla y el cuerpo técnico al fondo. / Jose Lores

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Un partido es un examen en la metáfora común. Celta Femxa Zorka y Azul Marino Mallorca se examinan mutuamente este sábado (Navia, 19:00). La prueba más rigurosa: segundo (15 victorias, 1 derrota) contra primero (16 victorias). Sólo las celestes pueden obstaculizar la galopada balear hacia el ascenso directo. Afrontan esta ardua misión con la dificultad añadida de su particular naturaleza. Varias de las jugadoras que dirige Cristina Cantero atraviesan época de exámenes; los literales que describe la acepción: prueba que se hace de la idoneidad de una persona para comprobar o demostrar el aprovechamiento en los estudios.

El Azul Marino ha sido el primer equipo en la aún breve historia de la Liga Challenge en haber concluido la primera vuelta invicto. Así sigue al inicio de la segunda. Ya se había anticipado ese poderío. Un presupuesto que hubiera ubicado al club en la clase media en máxima categoría ha permitido configurar una plantilla incomparable en Liga Challenge. Alba Torrens, la jugadora más laureada del básquet español, acaba de incorporarse. El vestuario se sitúa en casi 28 años de edad media. Los casos en que se compagina deporte y estudios escasean. Apenas un par.

Uxía, Sara Vidal (antes de su lesión de cruzado), Naiara y Paula, canteranas del Celta en el primer equipo.

Uxía, Sara Vidal (antes de su lesión de cruzado), Naiara y Paula, canteranas del Celta en el primer equipo. / Jose Lores

El perfil del Celta se le opone. Iris Vennema (21) y Marina Gea (24) han reforzado un grupo que apenas bordea los 23 años de edad media. Dos fichajes que a la vez representan las dos realidades que conviven en el vestuario. La neerlandesa Vennema está plenamente centrada en el baloncesto. Gea, que durante la temporada 22-23 jugaba en Vigo y cursaba Medicina en Granada, a distancia y en viajes exprimiendo su agenda, ha regresado dos años y medio después ya licenciada. Pero aún en formación. Está realizando un máster en Medicina del Deporte.

No es la única celeste con vocación de galeno. Su ejemplo impulsa a Carlota Menéndez, que ha alcanzado cuarto de Medicina; en su caso, por la facultad de Córdoba. Sara Vidal (Derecho), Martina Vizmanos (Administración y Dirección de Empresas), Deva Bermejo y Uxía Rodríguez (ambas, Magisterio) también son universitarias. Paula Salinas lo será. Está preparando la ABAU. Diana Cabrera responde a otra etapa vital. A sus 32 años, y aunque con margen, se asoma a su futura transición. Está realizando un ciclo formativo de grado superior de Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear. Y eso sin contar a bachilleres menores de edad como Naiara Martínez. Sólo Jessica Kelliher y Andrea Boquete, además de Vennema, pueden disponer de todo su tiempo.

«En líneas generale la liga puede ser de un perfil de plantilla parecido al nuestro», analiza el director deportivo celeste, Carlos Colinas. El Azul Marino constituye la excepción. Sin embargo, el Celta sí es de los que combinan esa realidad híbrida con «un comportamiento a nivel de equipo profesional, en horas de entrenamiento y tal. De los 16 equipos somos cinco, seis o siete a full».

La situación académica «no necesariamente» es un factor que se trata cuando Colinas negocia la contratación de una jugadora. Matiza: «Si hay alguna situación especial, como alguien que esté matriculado presencialmente y debe acudir a examinarse, se da una cierta flexibilidad. Pero ellas ya saben que funcionamos como régimen de un equipo profesional».

El cuerpo técnico, en una semana sin compromiso intermedio, programa tres entrenamientos colectivos matutinos y dos vespertinos. Son los destinados a preparar los sistemas colectivos y a radiografiar al siguiente rival. Habrá otras sesiones más individualizadas o específicas. El horario de mañana puede resultar el más indigesto para las estudiantes que no disfrutan de un formato online. «Las jugadoras con clase presencial no van a clase o han conseguido ajustar las asignaturas de forma que no les perjudique», explica Cristina Cantero, que va realizado pequeñas modificaciones en su programación para facilitar la compatibilidad de obligaciones. Ayer, por ejemplo, trasladó el entrenamiento a la tarde por Uxía, que afrontaba un examen. Mañana repetirá por Vizmanos. «Voy jugando con estas cosas», resume la entrenadora. «Vamos ajustando con la mayor normalidad».

Sueño y cansancio

Cantero observa esta dinámica con espíritu positivo: «Tenemos jugadoras inquietas, con ganas de evolucionar. Son bastante responsables. Todo el mundo va buscando sus ratos para estudiar. Es la convivencia». Pero admite que en «la época de exámenes se nota un poco más. Están preocupadas por sus estudios y a la vez tienen una profesión. No es fácil. Sobre todo nos inquieta que no duerman igual, que no descansen. Ya no controlas las cargas. Vas un poco más a ciegas aunque hablas con ellas y el preparador físico (Sergio Jaurena) está muy encima».

Colinas y Cantero coinciden en señalar el caso de Carlota Menéndez como «el más complicado» por la complejidad de Medicina y la lejanía de la Universidad de Córdoba. «Estoy en una punta del país viviendo y mi universidad la tengo en otra», conviene la joven. «Pero estoy reconocida como deportista de alto rendimiento en la universidad. Eso me ayuda, siempre intento que respaldado con un certificado del club, a que me cambien tanto prácticas como exámenes. Tengo una asignatura este año por la que debo bajar mucho a prácticas. La profesora me ha ayudado bastante a cambiarme de grupos según me conviniese. Con las clases teóricas no hay obligatoriedad de ir. No te ayuda. Con los apuntes el temario resulta a veces un poco complicado. Pero puedo seguir con mi carrera en baloncesto».

Carlota Menéndez.

Carlota Menéndez. / Marta G. Brea

«Es una carrera con mucha exigencia y se hace difícil a veces poder organizarte para estudiar todas las horas que son necesarias, que son bastantes», reconoce Carlota. «Los lunes, por ejemplo, entrenamos de 9:30 a 12:30, luego tenemos fisio, comemos y solemos tener tiro. Lo más duro es cuando llegas a casa supercansada de entrenar...».

–Venga, ahora ponte a estudiar un rato –se arenga a sí misma en esas ocasiones.

«Es complicado pero si te sabes organizar y eres una persona disciplinada lo puedes llevar todo adelante», concluye la madrileña criada en Jaén. Al fin y al cabo, la vida misma es un examen.

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